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lunes, 8 agosto, 2022
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Para Guillermo Moreno el fotoperiodismo fue la plataforma en la que expuso su visión del mundo

■ El fotógrafo falleció este martes a causa de un accidente vial

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

En el perfil de todo buen fotoperiodista, la característica principal es el gusto por el oficio, primero, y el compromiso social y ético, después. No es un trabajo fácil, pero si existe el gusto se convierte, como dijera Cartier-Bresson, en un “duro placer”. Y tal parece que así lo vivió siempre Guillermo Moreno Valtierra, Memo, para quien el fotoperiodismo fue la plataforma en la que exponer su visión del mundo como lo demostró hasta sus últimos días en la empresa para donde laboraba, pero también en sus proyectos personales y redes sociales, como Documental 23.
Integrante de una dinastía de fotógrafos, en la que también está su hermano Ernesto y sus hermanas Karina y Diana, Memo, como usualmente se le conocía, fue construyendo su carrera y dejando huella en buena parte de los medios locales, entre ellos Página 24, La Jornada Zacatecas e Imagen, por mencionar algunos, aunque también exploró y practicó la fotografía institucional trabajando para dependencias de Gobierno Federal, pero la inquietud, se sabe, siempre le llamó a la calle.
Armado con dos cuerpos canon, trashumando sobre una moto con dirección a donde la nota le llamara, Memo se convirtió en testigo cotidiano del dolor, el llanto, la sangre y todo lo que conforma la condición humana. Sus fotografías de la nota roja son duras, pero buscan contener la humanidad del momento. Aunque tampoco dejó de capturar, cuando podía, los atisbos de lo que pudiera considerarse el lado bello de la vida: el merodeo de un caballo a semicontraluz, la luna llena coronada por un par de nubes cuasi pictóricas, unos labios rojos, y hasta un hombre montado en su bicicleta saboreando el frío trago de una caguama.

Memo fue construyendo
su carrera y dejando huella
en buena parte de los
medios locales, entre ellos
Página 24, La Jornada
Zacatecas e Imagen

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Memo hizo del ejercicio fotográfico un estilo de vida, y si bien era raro verlo sin sus cámaras, también se convirtieron en sus compañeros inseparables los libros: le interesaba el pensamiento religioso, la filosofía existencial y la poesía, y lo mejor es que puso el conocimiento adquirido en las páginas de estos al servicio de la fotografía periodística, ora como un pie de foto, ora como otra forma de tratar de entender la vida, el mundo.
La vida de un fotoperiodista está llena de adrenalina y los minutos duran menos segundos que los de la gente normal. Ayer, el reloj de Memo se paró porque el día inició con la triste noticia de su prematura muerte a causa de un accidente vial cuando se dirigía a su trabajo. Cuando un fotógrafo muere se va con él una forma diferente de ver las cosas y a Memo aún le faltan muchas por mostrar.
En redes sociales, compañeros del gremio lamentaron la triste noticia, compartiendo retratos de él, en algunos sonriendo, en otros sereno leyendo, y en los más, trabajando, siempre con la cámara cubriéndole el rostro. Incluso, el gobernador David Monreal Ávila, quien tantas veces quedó inmortalizado en el ojo de Valtierra, le reconoció: “Memo era un joven talentoso, fotógrafo con un ojo excepcional, un lector empedernido que siempre estaba cultivándose y nunca detuvo su aspiración de superarse. Además de haber sido mi colaborador durante mucho tiempo, puedo decir que forjamos una relación de amistad que me permitió conocerlo y ahora me hará extrañarlo”, escribió.
Desde La Jornada Zacatecas, medio que fue su casa durante algunas temporadas, nos sumamos al dolor que embarga a la familia Valtierra Ruvalcaba en este difícil trance. La cámara se apaga, pero la mirada permanece.

 

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