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viernes, 20 mayo, 2022
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El pecado de ser políticamente incorrecto

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

A veces pareciera que este país perdona todo, menos lo políticamente incorrecto.

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Ser mujeriego, hacer uso de servicios de trata, legislar o presidir un país estando alcoholizado, acusaciones de matar periodistas, fraudes electorales, medidas resarcitorias, investigaciones por corrupción, reparto de despensas en época electoral, desvío de herramientas legislativas, audios que comprueben concertaciones de ética cuestionable, “chapulinazos”, incongruencia… Casi cualquier cosa tiene perdón de Dios, de los ciudadanos y de los periodistas en este país.

La excepción a todo ello es decir algo “políticamente incorrecto”; y sí, decirlo, porque no hacerlo. Por ejemplo, el antro que niega la entrada a quien viste de tal o cual manera, despedir una mujer por estar embarazada, contratar sólo gente de piel clara o priorizarla para puestos ejecutivos, etcétera, todo esto puede hacerse con total impunidad mientras no se declare. Mientras no se confiese en público el racismo o discriminación aunque éstos se ejerzan.

Así, tiene cabida en las acciones de nuestros políticos el menosprecio por los migrantes, el considerarlos como ciudadanos de segunda que sólo merecen visitas sociales eventuales, -sólo las suficientes para que se sientan apapachados y sigan enviando remesas que permitan construir obras públicas e inyectar divisas a la paupérrima economía del estado- se vale abandonar a sus familias, negarles derechos porque son como “hijos ausentes”, negarles oportunidades laborales o seguridad cuando visitan su patria.

Pero eso sí, no hablar mal de ellos.

La diputada Iris Aguirre Borrego, de Encuentro Social no cometió ninguno de estos pecados “perdonables”, no tiene, como algunos de sus pares, acusaciones por desvío de millones de pesos, no ha sido inhabilitada por cargos anteriores, ni se le conoce por meter a familiares a puestos de gobierno, o por ayudar a que ganen licitaciones.

Sin embargo, en dos meses como diputada lleva ya dos escándalos más sonados, que muchos de los que han sufrido sus colegas cuando se les acusa de algo más grave.

La primera vez que Iris Aguirre fue tema de conversación en redes sociales de forma destacada se debió a que subió con gorra y playera deportiva a tribuna, cuando buscaba posicionar que se eliminara el fuero para servidores públicos, y portaba en su vestimenta de aquel día escrito #FF que significa “Fuera el Fuero”.

El segundo escándalo, y que la llevó a ser noticia internacional, fueron sus desafortunadísimas declaraciones en las que justificaba la política xenófoba de Donald Trump diciendo que ésta se debía a que “los mexicanos se quieren pasar de listos” en supermercados, y no respetaban la ley cuando vivían en Estados Unidos.

Las generalizaciones irresponsables y absurdas que profesó la diputada se convirtieron rápidamente en nota y uno de los temas más hablados gracias en alguna medida a que había un vídeo que diera cuenta de esos dislates.

Pronto llegó el escarnio, los reproches, los memes y hasta las exigencias de que renunciara, las cuales muy probablemente se hubieran apagado en unos días por la llegada de otras noticias. De hecho, se apagarán, aunque más lentamente gracias al oxígeno innecesario que ella y su propio partido le dieron al tema al convocar a una rueda de prensa con fallidos resultados, si es que se trataba de limpiar la imagen de la legisladora.

Luego de esto, ella, y esperemos también alguna que otra figura pública de declaraciones descuidadas, tendrán más mesura en sus comentarios, y probablemente estudien más los temas antes de atreverse a abrir la boca, después de todo, en esas posiciones sus palabras no se pueden considerar simples opiniones personales.

En una de esas, Aguirre Borrego podría elaborar alguna propuesta concreta en respaldo a los migrantes y sus familias que tenga un efecto real y los apoye a enfrentar el gobierno de Donald Trump.  Quizá lo haga alguno de sus compañeros, ansioso por demostrar que son diferentes a su colega. Cuando menos podemos esperar que remarquen su discurso pro-migrante aunque quede en eso, en discurso.

Los ciudadanos y las redes sociales encontrarán, si no es que lo han hecho ya, otro tema del cual hacer burlas y crítica, hasta que caiga otra declaración o acción impertinente de ella o de alguien más.

El periodismo encontrará también otros temas y asuntos que tratar, ojalá sean de algo con un efecto más concreto que una patética declaración que suda ignorancia y ponga en ello el mismo o mayor esmero que se tuvo con este. Ojalá también se tenga el ímpetu inquisidor que se tuvo con esta legisladora. ■

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