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lunes, 22 julio, 2024
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Apuntes sobre modelaje y desarrollo

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Por: RICARDO BERMEO •

A manera de excurso del tema sobre las nuevas administraciones municipales. Ampliaré lo antes anotado, señalando que los “modelos de desarrollo” no son, como en el modelaje de las ciencias duras, herramientas que, ya calibradas, puedan ser aplicadas, ateniéndose a su elevada predictibilidad. Utilizarlas con esa idea, en el campo socialhistórico, implica olvidar, que, no hay una teoría paradigmática, sino una pluralidad teórico-metodológica (-y, ontológica-), que aumenta los niveles de complejidad, especialmente cuando los problemas empeoran y los sistemas empiezan a dejar de funcionar, datos a la vista, con la crisis multidimensional.

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Las dificultades asociadas al modelaje del “desarrollo”, están marcadas por la irrupción de lo indeterminado, lo no previsible, lo que desordena al conjunto social ya instituido, y también, a lo definido -desde una teoría X-, como el “tipo ideal” de sociedad a alcanzar. Apuntan hacia la necesidad de nuevas concepciones, que sin osificarse, en planes y métricas, generen un conocimiento dinámico. También, se trata de reconocer que no existe un modelado único, y qué, cuando así lo asumimos, podemos terminar por encontrarnos con “un elefante dentro de la habitación”. Especialmente en los tiempos que corren. De ahí la importancia de explicitar los supuestos implícitos, y experimentar con diversos esquemas y modelos, articulando sus aplicaciones a un aprendizaje emergente, estratégico, y continuo.
Podemos explorarlo con un ejemplo. Desde la perspectiva de las teorías del desarrollo, se sostuvo –inicialmente- que el capitalismo llevaba al desarrollo de los distintos países, sin faltar la visión, de que cerraría incluso la brecha entre países ricos y pobres. Pero la realidad termina invariablemente enfrentando a los distintos paradigmas teóricos con dificultades inmensas.

Ante las evidencias de que, en algunos países -en mayor o menor medida- se conseguía alcanzar cierto desarrollo, mientras en otros países, ese objetivo no se lograba, surge una teoría (uno de cuyos autores es Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, exdirector del FMI, convertido ahora en uno de los críticos más reconocidos del rumbo actual de la economía mundial). El planeamiento de Stiglitz, y otros autores, coloca, en el corazón de los problemas vinculados al porqué es -o no- posible cierto desarrollo, un factor crucial: el ejercicio del poder y el modo en que éste se estructura.

Desde esta perspectiva, habría “una trampa del atraso” constituida por “fallas de coordinación sistémica”, quizás, como las que surgieron como resultado de la liberalización de la circulación de capitales a nivel mundial, bajo la tutela de Wall Street y la Organización Internacional del Comercio, mediante la eliminación sistemática de las reglas que antes lo impedían, para terminar inundando “el mercado de productos bancarios tóxicos, que extendieron la especulación y la ruina a todo el mundo” (J. Fontana: 2013)

Es importante, entonces, considerar las luchas por el poder diferencial entre las diversas elites, las ya constituidas y las emergentes, (incluyendo las complejas –graves- imbricaciones entre legalidad y paralegalidad, a una escala global – de larga data-).

Este factor, el ejercicio del poder, llega a bloquear el desarrollo, “deformándolo”, por ejemplo al privilegiar la acelerada concentración de la riqueza en una cada vez más reducida fracción de la población. En Holanda, el acaudalado monarca, ha resumido el “espíritu de la época” hoy hegemónico (aunque la oposición social sea mayoritaria), al leer… “El Estado del bienestar de la segunda mitad del siglo 20, ya no es sostenible”.

Es fundamental, para esta teoría, la transformación de esos “arreglos de poder” entre las elites, obligadas a abandonar sus privilegios desmedidos, tras verse afectadas por movimientos de cambio sistémico, o, a diseñar el “imperio del caos”. Es entonces esencial, desde una perspectiva democrática efectiva, incidir en varias escalas, lo suficientemente amplias, para no terminar aplicando, las intervenciones a nivel micro, sin lograr cambios efectivos, y por ello, condenándose a repetir un camino totalmente contrario al bienestar (“buen vivir”) de 99 por ciento.

Surgen -de nuevo- las interrogantes: ¿Existe una articulación entre lo “macro” y lo “micro”? ¿De qué otras maneras resolver la cuestión urgente de las escalas? ¿Cómo globalizar lo local y como relocalizar lo global? Por ejemplo, ante el problema de la violencia generalizada vinculado a lo apuntado arriba, de qué forma trabajar la prevención social de la violencia y del delito, desde la Paz con justicia y dignidad, para lograr generar nuevas formas de organización social, y nuevos arreglos de poder, transformando efectivamente el funcionamiento del tejido asociativo, sin que por ello dejen de tener importancia (al contrario) las intervenciones puntuales, vinculándolas incluso a un plano antropológico más profundo (“la raíz del hombre es el hombre mismo” aunque cambiando el sentido marxista). Todo lo cual introduce la temporalidad… ¿Cuáles pueden ser los modos progresivos de construir lo común, que pueden conducirnos, por la vía de las acciones reflexivas hacia desembocaduras eficaces, que permitan “hacernos cargo” de Zacatecas en el amor del tiempo? ■

*Archivo:PEIDA-UAZ.

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