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domingo, 14 agosto, 2022
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Stivaleit Guerrero: la literatura nómada

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Por: BEATRIZ PÉREZ PEREDA •

La Gualdra 533 /  Entrevistas / Literatura

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Stivaleit Guerrero se define nómada por vocación, de igual forma la escritora transita de un género a otro, de la poesía al cuento breve, del cuento realista al fantástico y hasta el ensayo. Esa errancia, no solo geográfica sino de intereses e ideas, hace que Stivaleit pueda escribir sobre Lupita, una muchacha que vive el acoso y la precariedad que la industria del petróleo ha dejado en las ciudades del sur, pero también una fábula taxidermista en Noruega. La escritora nos dice que sus ideas son caóticas y barrocas, con un cierto dejo de culpa, sin embargo, yo creo son solo algunas de sus mayores virtudes creativas. 

Beatriz Pérez Pereda: Tu primer libro publicado Taxisa, Libros del Marqués 2021 (parte de este libro obtuvo una mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014), tuvo un proceso infrecuente en la literatura mexicana donde las prisas a veces lo definen todo. Cuéntanos del proceso y reescritura de este libro tuyo…

Stivaleit Guerrero: Realmente la edición y publicación de Taxisa fueron muy rápidos, en un par de meses después de haberlo mandado a la editorial ya estaba listo para salir al público. Lo que tardó en realidad fue la creación y espera en el cajón. Lo escribí en Ciudad del Carmen cuando trabajaba allá [duré un año en esta ciudad] y cuando regresé a Querétaro, así como estaba el libro, medio arreglado según yo, lo mandé al Premio. Este premio está ligado a la editorial Tierra Adentro y se supone que íbamos a tratar de publicarlo, pero cambiaron al entonces director y ya no se hizo nada. El libro estuvo guardado y cuando por fin decidí publicarlo, comencé a hacer modificaciones. El libro original de hecho no tenía ni título. El título vino después con el cuento de Taxisa, que no estaba incluido en el original.

BPP: Mientras leía tu libro Taxisa, me parecía que es un libro donde puede palparse tu infancia en el sureste del país, los vicios y virtudes del trópico, las situaciones que el petróleo ha originado, etc. Cómo ha sido para ti escribir sobre esto, sobre todo a la distancia, después de años de ya no vivir ahí. 

SG: He vivido en Tabasco, Veracruz, Campeche, Querétaro, Estados Unidos y Ciudad de México. Mi infancia fue muy feliz y escribo seguido al respecto, entonces la recuerdo con melancolía a veces y se nota en algunos cuentos, sobre todo los que toman lugar en Tabasco. Pero lo bonito es que cada ciudad la asocio con historias, entonces nunca se me terminan. A la distancia, el recordar es un ejercicio útil para mi proceso de escritura, pero no me limita porque es inspiración, no es una guía. Es decir que si no recuerdo detalles de una situación que pasó realmente, termino inventando y listo. 

BPP: Pero no todo es el sur, justo el cuento que da título al libro es uno de los más interesantes de esta colección, cuéntanos un poco sobre el momento de escritura de este cuento. 

SG: Cuando llegué a la Ciudad de México entré a muchos talleres literarios, he pasado por un montón de escuelas: SOGEM, La Casa del Lago, el Instituto Villaurrutia, el Claustro de Sor Juana y la Escuela de Escritores Mexicanos. Allí he conocido mucha gente interesante que comparte la pasión de la literatura. De hecho, conocí a mis mejores amigos en la SOGEM [Luis Alonso, Carlos Hammurabi y Lester Fast] y con ellos he escrito textos que después han sido publicados. Lo que hacemos [o hacíamos, porque desde la pandemia ya no lo hemos hecho] es crear “retos” que nos obliguen a escribir, dar retroalimentación y comparar escritos. El cuento de Taxisa, por ejemplo, surgió de un reto que tenía como premisa elegir alguna ilustración de internet y utilizarla para una historia. Yo elegí una serie de fotografías de la revista National Geographic donde aparecían animales disecados.

BPP: Te he escuchado decir que una de tus principales influencias literarias es Fernando del Paso, ¿qué encuentras en la escritura de del Paso que hace eco en ti?

SG: Es curioso porque Fernando escribe de una manera mega rebuscada y pesada, pero siempre tiene sentido. Yo escribo lo más conciso que puedo, lo más ligero que me es posible porque quiero que cualquiera pueda leer mis escritos, sin embargo, lo que sucede en mi cabeza se parece más a su estilo que al mío. Mis ideas son caóticas y barrocas, ya después las aterrizo con esfuerzo, pero creo que eso es lo que me gusta de él, que parece que me estoy leyendo yo antes de filtrarme. Además, no sé si es porque el señor fue dibujante, pero también me sucede mucho que cuando lo leo me imagino formas y colores en lo que escribe, a veces sin decirlo directamente. Es una maravilla imaginaria. 

BPP: Ahora está próximo a publicarse tu nuevo libro, ¿nos compartes un poco de este proyecto?, cuáles fueron las motivaciones para tu segundo libro de cuentos. 

SG: Este nuevo libro se llama Epicentro y es un libro de cuentos fantásticos. Nació porque en algún momento tomé dos cursos de literatura fantástica casi seguidos: uno de la Universidad de Michigan [en línea] y otro con la escritora Susana Pagano en Querétaro [presencial] y naturalmente las historias me fueron saliendo de la pluma mientras hacía las tareas de los cursos y mientras leía cuentos del tema. Esto fue en el 2014. Desde entonces le he metido mucha mano al libro. Estoy muy contenta con el resultado y con Libros del Marqués que me han apoyado muchísimo en el proceso. No quiero adelantar mucho respecto al libro pero de los tres que llevo, es el que más me gusta; lo siento más maduro, se nota ya claramente mi estilo literario. 

 

SEMBLANZA

Stivaleit Guerrero [nómada, poeta y narradora], 1990, Tabasco, México. Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014; Primer Lugar del Concurso de Ensayo Ágora 2012 y Segundo Lugar en Poesía del XXVI Concurso de Creación literaria 2012, ambos del Tecnológico de Monterrey. Ha tomado cursos de literatura en la Escuela de Escritores de la SOGEM, la Casa del Lago de Juan José Arreola, el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, el Claustro de Sor Juana, la Universidad de Michigan y la Escuela de Escritores de México. Ha colaborado con revistas literarias digitales e impresas como Lee+ [Revista de la editorial Gandhi], Bitácora de Vuelos y Tierra Adentro. Ha sido incluida en la Antología de Poesía Española Y lo demás es silencio II de Chiado editorial, misma editorial donde en 2016 publicó su primer libro de poesía titulado My Jam. En 2019 publicó su primer libro de cuentos breves Taxisa, en Libros del Marqués. A inicios del 2022 fue incluida en la Antología del profesor Julián Castruita Morán, de La Casa del Lago: Con la inmortalidad del tiempo. Actualmente radica en la Ciudad de México. Puedes seguirla en sus redes:

www.instagram.com/stiguerrero/ 

www.facebook.com/StiGuerreroEscritora

 

 

TAXISA

[fragmento]

¡Señora Gertrudis!
Limpió mal este cuarto:
¡sáqueme estas ideas de aquí!
Pessoa

—Dos semanas me tomó convencer al director —dijo Helge, en su fragmentado inglés— y tú, como si no tuvieras otra cosa que hacer, vienes a divertirte con ellos.

—Si es arte para ti, también lo es para mí —respondió Martín—, ¿y qué no es el arte sino una manera de divertirse? ¿O al menos, de distracción? Nadie recurriría a ello si no fuera porque proporciona un sentido de satisfacción.

Los animales escuchaban atentos. Había una tortuga reposando sobre su propia espalda, a la puerta del toilette; un oso parado en el cuarto principal, con las garras a la altura de sus orejas, y había un ciervo, con todo y cuerno roto, conmemorando su belleza frente al espejo de la sala.

Helge preparaba su cámara fotográfica. Había decidido por impulso plasmar la muerte con medio formato. A Martín le parecía que el trípode era un taxidermo también, pero al revés: tomaba vida sólo cuando retrataba la muerte. Era parte de un ecosistema que no podría sobrevivir sin él, sin sus tres patas. Martín entonces alababa en su interior el trabajo de su amigo noruego. Helge siempre había sido más habilidoso, prestaba atención a los detalles. Que cómo habían ido a parar al mismo cuarto, simplemente altas probabilidades de desdicha. Le tocaba con frecuencia darse cuenta de que la balanza siempre se inclina hacia la adversidad.

Pero amaba a su amigo, no con romanticismo, sino con admiración, con recelo y con impaciencia. Tenía ganas de ser él hasta en ese momento. Martín quería tener las manos de Helge para acariciar el pelo del oso muerto. Deseaba compartir, al menos, los ojos de Helge para admirar el pico del pájaro calvo, como Helge lo hacía. Porque a él mismo no le parecía arte. Veía la escena y quería sentir, tenía necesidad de escuchar algo proveniente de esa belleza muerta, palabras parecidas a las que Helge escuchaba. Pensaba, incluso, que quizá era cosa de nacionalismo. Sentía que traicionaba a su patria admirando la esplendidez de otro país. Cuando abandonó México, un semestre atrás, quiso sentir melancolía por lo que dejaba, pero tampoco sucedió. Eso sí, sentía un fuerte deber de permanecer reacio a las injusticias del país.

Por eso se iba, no por una beca negada, sino por el deseo de regresar —dos años después, al término del programa— y demostrar que no necesitaba del dinero sucio del gobierno para progresar. Economía estudiaba. Más en específico, se quemaba las pestañas por la maestría en factores socioeconómicos e influencia de la agricultura en la cooperativa y control social, o como en Noruega solían llamarle cariñosamente hvordan det påvirker planter og dyr i mennesket.

—¿Crees que los performances sean arte? Yo no lo creo.

—¿Por qué no? —preguntó Helge.

En ese momento no lo sabía, pero se encontraba tomando las primeras muestras del trabajo que le daría un lugar en la revista más famosa del mundo natural.

—La mayoría son bazofias. Si el artista no siente el gozo de lo que hace. Por ejemplo, aquella mujer que se sentó frente a miles de desconocidos durante horas para mirarlos a los ojos. Yo no podría sentir más que incomodidad. Ella misma terminó llorando con el último espectador. ¿Crees que se le pueda llamar así al participante? Era parte del acto, pero también cumplía con un papel externo. A mi parecer ella sola era el acto en sí. Y terminó llorando de infelicidad.

El orangután borneo parecía anhelar los árboles frescos del patio. Había tomado, o le habían asignado, una muy cómoda posición. En verdad parecía ascendente del humano. Sus ojos brillaban, a diferencia de los otros animales. Al igual que los humanos, congelado del otro lado del mundo real, esperaba su turno para despertar. 

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