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miércoles, 29 junio, 2022
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ENR, a cien años de su creación

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

El desarrollo de una conciencia de clase campesino proletaria que se hereda de generación en generación, un espíritu de servicio con la comunidad a la que se llega a trabajar, compromiso social con la educación y con los padres de sus alumnos; esa es la impronta que han dejado y perpetuado las Escuelas Normales Rurales (ENR) los profesores que en ellas se forman.

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Este 22 de mayo se cumplió el centenario de la fundación de estas instituciones señeras del sistema educativo mexicano. Fue Tacámbaro, en los tempranos tiempos de la culminación de la gesta del movimiento armado del 10-17, donde se estableció la primera Normal Rural que registra nuestra historia. No contó con el sistema de internado y afrontó problemas económicos, por lo que la Normal de Tacámbaro no duraría mucho. Pocos años después se trasladó a su actual sede sucesoria, Tiripetio.

Con las innovaciones y cambios propios de la evolución inevitables de la modernidad y el progreso, las ENR siguen, con todo y los problemas y carencias que no son pocas y que siempre han tenido desde su surgimiento; siguen en pie. Sobreviven con su espíritu de lucha, resistiendo y dando la pelea en la defensa por su sobrevivencia.

Las normales rurales nacieron bajo tres premisas o ejes rectores. Con un campo abandonado, una educación popular y publica sumamente precaria y un analfabetismo ampliamente extendido; surgieron para 1) dar atención al despegue de un sistema educativo que hiciera posible el cumplimiento de los principios constitucionales plasmados en el artículo 3°, 2) contribuir al extensionismo y la productividad en el campo y 3) con la síntesis de lo anterior, ser un factor más para el desarrollo nacional. Con personajes como Vasconcelos, Moisés Sáenz, Narciso Bassols, y los educadores Ramírez y Nájera; amén del invaluable apoyo y sostén de Lázaro Cárdenas que tenían una conciencia preclara y la convicción de apostar por la educación como un arma para la transformación del país, después de Tacámbaro, con diferentes denominaciones se crearon otras 34 Normales. Primero fueron las Centrales Agrícolas, luego vendrían las Escuelas regionales Campesinas, hasta quedar finalmente como Normales Rurales. Los tres nombres indican que el componente esencial de su alumnado serían hijos de campesinos que al acudir a estudiar a dichas instituciones se les inculcaría como visión y misión: regresar a sus comunidades de origen para mediante su trabajo, entrega y compromiso con se constituyeran en factor que coadyubara al bienestar de su población: educando a los niños, asesorando a los padres en la fundación de los ejidos  y técnicas agrícolas y educarlos con el alfabeto y políticamente en los principios e ideología de lo que luego se conocería como  nacionalismo revolucionario.

En un principio, cuando se fundaron, allí donde se creaba una lo primero que enfrentaban eran los prejuicios de una población católica y en algunos casos fanatizadas por las arengas de los curas que veían al maestro como su enemigo y el temor de que sus egresados les minaran el negocio quitándoles clientela mediante la apertura de escuelas públicas gratuitas. También fueron víctimas de la incomprensión de los pobladores, así mismo no escaparon a la represión de los gobiernos quienes veían a sus estudiantes apropiarse de una ideología radical que al inculcarla entre la población servía como vehículo de agitación de las conciencias y un factor de desestabilización y perturbación de la paz interna. Esto se agudizó sobre todo después del gobierno de Lázaro Cárdenas. No faltaron los caciques con sus guardias blancas que con la creación, restitución o ampliación de ejidos organizados y guiados por profesores rurales veían amenazados sus intereses y el que afectaran, perdieran o les expropiaran sus tierras.

Después de estar involucradas en el movimiento popular estudiantil del 68 (las ENR lo mismo que Chapingo tuvieron delegados en el CNH), como una represalia, Gustavo Díaz Ordaz desapareció 14 NR, sobreviviendo sólo 15. En la actualidad hay 17.

En el microcosmos de las ENR reflejado en la rutina de la vida cotidiana han estado presentes la disciplina, el estudio, la práctica del deporte y las actividades artísticas y la combatividad de los estudiantes por lograr su subsistencia como instituciones formadoras. Sus luchas las realizan vía el método de la movilización-gestión (presión) para la satisfacción y mejora de los servicios asistenciales y los recursos pedagógicos. No es propiamente un mundo idílico ni el reino de utopía en el que viven los normalistas rurales, pero quienes allí estudian conviven en un ambiente en donde el compañerismo, la camaradería, no exenta del relajo (incluido el bullying), la superación y la emulación son las divisas que los rigen.

Históricamente desde su creación, estas instituciones y sus alumnos han cargado el estigma de los gobiernos y de quienes no las quieren de ser focos de agitación, escuelas de guerrilleros y hasta nidos de comunistas. Ello debido a la formación que en algunos casos y periodos ha llegado al adoctrinamiento con una extraña mezcla ideológica en el que se conjugan rudimentos de un marxismo elemental con las ideas progresistas fruto de la Revolución Mexicana plasmadas en el discurso del nacionalismo revolucionario.

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