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domingo, 22 mayo, 2022
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El Cambio Climático entre la fe y el engaño (segunda de dos partes)

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Por: ATANACIO CAMPOS MIRAMONTES •

No omitimos señalar que en el extenso artículo de Andrey Parshev no se abordan cuestiones ineludibles como la preocupante deforestación que causa no sólo la erosión de los suelos y sequías, sino también la reducción de la biomasa en la Tierra. Tampoco aborda el consumismo desenfrenado, condición inherente a un sistema capitalista que sólo puede existir en permanente expansión, y que en las últimas décadas se apoya en una industria de productos desechables con un alto impacto en los niveles de contaminación de los continentes y los océanos. Al respecto, y dicho sea de paso, es indispensable y urgente recuperar las condiciones mínimas de biodiversidad de nuestro territorio y, con ello, la viabilidad de la población que lo habita, siendo necesario asegurar que un programa como Sembrando Vida del gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador tenga una permanencia transexenal.

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A continuación la segunda parte de la traducción resumida del artículo Con carbón y sin carbón.

Las falsificaciones climáticas son una herramienta de la geopolítica y las grandes empresas. La bacanal climática arranca desde la Conferencia de Kioto, en la que se adoptó el «Protocolo de Kioto». El representante de Rusia, K.Ya. Kondratiev, destacado geofísico y miembro de la Academia de Ciencias de la URSS, se negó a firmar dicho protocolo (un caso raro en este tipo de eventos diplomáticos). La razón de su negativa fue simple: la teoría del cambio climático causado por el hombre no es científica. No anticientífica, sino acientífica: no se puede probar ni refutar. Desafortunadamente, no fue la primera teoría no científica aceptada ampliamente.

En los años ochenta el problema de los «agujeros de ozono» inquietaba a la gente. Según eso la atmósfera superior, conformada por una capa de ozono, nos protege de la parte peligrosa del espectro de la radiación solar (ultravioleta), y está bajo amenaza. Luego se planteó la hipótesis de que el gas ozono en la atmósfera es destruido, a través de una compleja cadena de reacciones, por los freones de las latas de aerosol. Los freones contienen halógenos (cloro y flúor), que suben a las capas superiores de la atmósfera y comienzan ese proceso de destrucción. El autor de la hipótesis recibió el Premio Nobel, siendo la primera vez que el premio se otorgó por una hipótesis no probada. (Una hipótesis se diferencia de una teoría en que no está probada; es literalmente una «conjetura»).

Además, la hipótesis tenía puntos débiles: por ejemplo, una gran cantidad de estos mismos halógenos se liberan del agua de mar, este es un proceso natural. Sin embargo, el ozono en la atmósfera sigue existiendo.

Existe la suposición de que, en general, el problema es exagerado. El ozono se forma constantemente cuando el oxígeno común es bombardeado con luz solar, pero es inestable y, después de un tiempo, se autodestruye y se convierte en oxígeno común. Y si no hay luz solar durante mucho tiempo, el ozono desaparece. Entonces, los agujeros de ozono se arreglan… en las regiones polares durante las noches, cuando el sol no brilla allí. Es decir, la disminución anual de la cantidad de ozono que existe es un proceso natural.

Hoy en día el pánico por el ozono ha disminuido. No parece que hubiera ningún peligro grave y, en general, la versión más popular es que toda esta «estafa del ozono» se inspiró en algunas preocupaciones químicas que perseguían su propio beneficio. Supuestamente, se desarrollaron formulaciones tecnológicamente más avanzadas para latas de aerosol y, para obligar a los competidores a salir del mercado, financiaron esta narrativa del agujero en la capa de ozono. No me corresponde confirmar o refutar esta versión, pero el resultado práctico fue el reemplazo parcial de freones en latas de aerosol con otros gases: dióxido de carbono y metano. E, irónicamente, son estos gases los que ahora se declaran nocivos, provocando el «efecto invernadero» y, en consecuencia, el calentamiento global. Al mismo tiempo, los iones de cloro y flúor en la atmósfera terrestre no disminuyeron.

Y es muy posible que la era actual con discursos de moda sobre el “calentamiento global” y la “economía verde” también esté marcada por la difusión de ideas falsas. Además de no ser científica, la teoría del «calentamiento global» también es muy sospechosa en otra dimensión no climatológica. Volviendo a los «agujeros en la capa de ozono»: dado que alguien obtuvo ganancias reales con esta historia medio olvidada y también tomó medidas enérgicas contra los competidores, surgió de inmediato la suposición de que todo este pánico por el ozono era un proyecto comercial ordinario. Entonces, cabe la pregunta ¿para quién es rentable la hipótesis del «calentamiento global»?

Desafortunadamente, en el mundo actual, se ha vuelto un fenómeno corriente: la ciencia «subvencionada» y los medios «independientes» hacen posible desarrollar y difundir cualquier tipo de idea “científica” que puede traer ciertos beneficios a las partes interesadas. Si en los albores del “calentamiento global” las principales sospechas eran el deseo de los países desarrollados de frenar el desarrollo industrial de los países del tercer mundo, ahora también ha surgido una hipótesis “financiera”: estamos hablando de un “impuesto al carbono”, un pago por países y entidades económicas por emisiones de dióxido de carbono que excedan ciertas cuotas.

Los que están creciendo económicamente pagan (el crecimiento económico es imposible sin un aumento en el consumo de energía), y los países desarrollados ahora están creciendo no tan rápido como las “nuevas” economías. Obviamente, si alguien paga, entonces alguien recibe este pago. Y basta con firmar la Convención de la ONU reconociendo la teoría del «calentamiento global» para obligarse posteriormente a firmar otros documentos con obligaciones financieras.

Occidente ahora está preocupado por el crecimiento económico de China y la India. Este crecimiento es peligroso no sólo por las consecuencias geopolíticas: habiendo logrado un mejor nivel de vida para sus ciudadanos, obliga a redistribuir los recursos materiales del mundo. Esto ya está sucediendo ahora, cuando los países asiáticos están comprando todo el gas licuado, y Europa occidental tiene dificultades para pagar un sobreprecio.

Se considera indecente mencionarlo, pero el nivel de vida no está determinado sólo por el nivel de ingresos (cifra que se puede cambiar fácilmente con un simple ajuste en el tipo de cambio), sino por el promedio de consumo per cápita de los recursos naturales: un ciudadano norteamericano o europeo occidental consume decenas de veces más recursos materiales (petróleo, aluminio, hierro) que un ciudadano del Tercer Mundo.

Los rusos consumimos bastante combustible, en comparación con los países occidentales. Pero en términos de la mayoría de los demás recursos, estamos más cerca de los países en desarrollo: por ejemplo, consumimos 10 veces menos aluminio que los alemanes.

Obviamente para los norteamericanos una distribución justa de los recursos significaría una caída significativa en su nivel de vida. Por eso ha ganado tanta popularidad la idea de que los países del tercer mundo deberían pagar por su crecimiento industrial a los países del primer mundo (incluso Greta Thunberg expresó esta idea).

Palabras y hechos. Una cosa está clara: un científico serio nunca afirmará que «esto sucedió debido a esto y aquello» si tal afirmación no puede verificarse mediante un experimento. Aquí hay una línea entre lo científico y lo no científico: es posible y necesario inventar hipótesis, pero sólo adquiere el estatus de teoría después de una verificación independiente. Bastante de lo que ahora se llenan los medios de comunicación no alcanza siquiera para una hipótesis lógica.

Hace poco se llevó a cabo otra reunión del G20 que, al parecer, ya tenía una agenda marcada por los países occidentales. Esta reunión se convirtió gradualmente en una especie de «cumbre climática», celebrada en Glasgow, Escocia. El propósito de estas cumbres es marcar la agenda. Pero ¿cómo puedes quejarte del calentamiento global en este momento, cuando Europa está horrorizada por el problema del suministro de combustible para el invierno? Los europeos son conscientes de que incluso en un cálido invierno en Europa hace frío, y se requiere calefacción; y las tonterías sobre los «aires acondicionados que consumen mucha energía» no le interesan a nadie. En todas partes se almacena combustible para el invierno, no para el verano. La situación en Europa para el invierno de 2021-2022: los precios del gas se han multiplicado hasta niveles récord antes impensable (más que en otros mercados regionales, por ejemplo, en EEUU), debido a la reducción de existencias después del frío invierno del año pasado, suministros limitados de Rusia, así como al nivel excepcionalmente bajo de generación eólica e hidroeléctrica. Los suministros de GNL también fueron muy limitados debido a la creciente demanda en Asia. Y en ese contexto, el Presidente Biden, en un mismo día, primero reprocha a China y Rusia que no se comprometen con el problema de la reducción de las emisiones de carbono, y enseguida declara que si la OPEP y Rusia no aumentan la producción de petróleo, entonces Estados Unidos los castigará. ¡Eso en un mismo día!

El carbono es vida. No hay necesidad de ser demasiado escéptico acerca de las teorías sobre el cambio climático: el clima definitivamente puede cambiar, y el calentamiento y enfriamiento global sin duda ocurrirá, y debemos prepararnos para esto. Pero lo que causa escepticismo es algún tipo de influencia de la actividad humana. Ahora bien ¿Tiene Rusia algún interés propio en esta cuestión? Definitivamente. En primer lugar, es por lo menos extraño que el país más frío del mundo luche contra el calentamiento. Todos los que aserraron leña para el invierno en su hogar entienden esto en un nivel intuitivo. Y la temporada de calefacción en Rusia es de cientos de millones de toneladas de combustible al año, y esto impacta el costo total de nuestra industria, reduciendo su competitividad.

Después de todo, ¿qué es el dióxido de carbono? Es el pan para las plantas, ellas se alimentan de carbono, lo que significa que también es pan para nosotros, literalmente. Cuanto más dióxido de carbono, mayor es la productividad tanto de la agricultura como de la silvicultura (y esto, por cierto, ha sido probado experimentalmente por científicos rusos y chinos). Y cuanto más altas sean las temperaturas medias anuales, más larga será la temporada de crecimiento (la fotosíntesis funciona a temperaturas superiores a +5 °C). Al  mismo tiempo se evapora más agua de mar en el Atlántico, el agua que nos llueve, porque casi todas las nubes de lluvia nos llegan de allí, del Oeste. Y las sequías son el principal problema de la agricultura en el sur de Rusia, y de ninguna manera el calor.

Hace mucho tiempo la atmósfera de la Tierra consistía principalmente en dióxido de carbono, como lo es ahora en Venus y Marte. Pero la vida apareció en la Tierra, y durante cientos de millones de años la vida se «comió» casi todo el dióxido de carbono, convirtiéndolo en forma de carbón o piedra caliza, que se compone de pequeñas conchas. Y ahora la vida en la Tierra parece más escasa que cuando había más de este «alimento para las plantas». Y, en el futuro, las reservas de petróleo, gas y carbón se agotarán o será demasiado costoso extraerlas. Entonces la fuente de energía renovable más asequible será la biomasa de las plantas verdes, en todas sus formas. Y para tener mucha biomasa, no estaría de más subir un poco el contenido de dióxido de carbono, para darle alimento a las plantas.

¿Quizás el propósito de la existencia de la humanidad es liberar las reservas enterradas de carbono debajo de la tierra, para que la vida en nuestro planeta vuelva a florecer, como hace muchos millones de años? Esta idea fue expresada por el científico y escritor Kirill Eskov, y no me parece irrazonable.

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