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jueves, 26 mayo, 2022
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El extraño enemigo de la inseguridad y la intelectualidad perorata

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Opositores sostienen como única realidad la cifra de muertos para argumentar la existencia de un clima de inseguridad que todos reconocemos. Para ellos, incluyendo a algunos académicos que no se guían por procedimientos lógicos o método de investigación, repiten unos y otros lo mismo, como lo haría quien no ha cursado primaria.

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Reclaman: lo único que hace falta es que el gobierno “haga su chamba”, “para eso les pagamos”. Si no, “que renuncien”. Cierto, algunos funcionarios, políticos, hasta nuestro Gobernador, dan mucho de qué hablar con opiniones miopes y carencias de iniciativas porque, la verdad de las cosas, no saben por dónde empezar.

Uno de esos académicos opositores, a pregunta expresa de cuál es su propuesta concreta, se atrevió a sostener que él no es el gobierno, que no tiene por qué dar solución, “para eso se les paga”.

Antes, había manifestado que “ha cumplido al educar bien a sus hijos”. Y no tiene porque “irle a decirle al vecino que eduque bien a los suyos”. Más aún, descalificó que ni él, ni Yo, podemos hablar de soluciones porque “no somos expertos en seguridad” (sic.).

¿Curioso, no? Resulta que no podemos proponer nada porque no somos “expertos”, pero sí podemos “argumentar” en contra de lo que se hace aunque no lo seamos.

Entonces: ¿Quiénes son los expertos? ¿Felipe Calderón y García Luna? Me queda claro que los hay por tema. Pero, también faltan muchos en algunas áreas de la investigación y el conocimiento; porque no todo es cosa de criminalística, ni siquiera de criminología, probablemente de éstos últimos ni siquiera tenemos uno en Zacatecas.

Si partimos de calificarlos por las opiniones que vierten públicamente (por ejemplo, en las redes sociales) nos daremos cuentan que algunos académicos no son útiles a la transformación de las adversidades. Cruda realidad. Son académicos por su vinculación a centros de la academia y sólo por eso. Están lejos de ser intelectuales. Son académicos por una relación laboral, pero eso no produce automáticamente una relación científica y un compromiso social.

En mis colaboraciones, he presentado varios aspectos que embonan dentro del concepto de inseguridad. Pero, debo advertir que ésta no es simple sumatoria de todos esos aspectos, niveles, contextos y momentos (aunque comprender eso, de por sí, ya es un logro que no tienen los opositores), sino el engranaje que construye un cuerpo estructurado de todos ellos, en el que todos juegan un papel que alimenta al resto y todos se interinfluyen recíprocamente.

Por eso, la inseguridad SOCIAL es un todo estructurado. Es un concepto que engloba lo económico, social, político, administrativo, gobernabilidad, cultura, e ideología que cobra vida propia, más allá de cada uno de sus componentes. La dolorosa apariencia, manifiesta con muertos, no da cuenta de la maquinaria invisible y sus profundas relaciones internas.

Combatirla es crear condiciones objetivas y subjetivas para desmontar toda la fábrica. Para hacerlo, se ocupa no sólo entender el fenómeno sino el concepto completo, tener una gran imaginación creativa de iniciativas multidisciplinarias, interinstitucionales, de la sociedad, del gobierno, transversales y multifacéticas.

¿Quién se avienta ese paquete? La respuesta es que, para esto, no hay “mesías” a quien exigirle. Tampoco funciona “encomendarse a Dios”. Los primeros (lo exigen los opositores) trasladan la responsabilidad a un ser celestial que no tenemos; los segundos reconocen no poseer poderes celestiales y también evaden su responsabilidad. Hasta dicen que no hay, en el mundo, chamán o brujo a quien encomendarle esa tarea.

Parte de ese todo estructurado lo es también la ideología que arropa, encubre, ocultar, justificar y reclamar “soluciones” sin comprometerse a aportar la parte que le es posible. Paradójicamente: me afecta directa, indirecta, material o inmaterialmente, pero sólo es problema porque existe, su exterminio “no es mi asunto”.

En esto no hay solución duradera por parcialidad de temas (legal, administrativo, policiaco, combate a la pobreza, integración familiar, cultura, principios, valores, ética, política, combate a la corrupción, fin a la impunidad, readaptación delincuencial, tratamiento a infractores, etc.) se ocupa una gran cruzada social, en la que también los intelectuales y académicos tienen la tarea de abandonar la ideología encubridora, partir de la superficialidad y adentrarse a la investigación del fenómeno penetrando a su naturaleza y mostrando su estructura con fines transformadores.

Nuestro presidente dice (negándose a cumplir el papel de “mesías” que le imputan) que la transformación será obra de todos y que inicia por un cambio profundo de la conciencia colectiva. Y si esa conciencia no se da, entonces el cambio no será verdadero y sucumbirá.

En este tema, como en muchos otros, debiéramos tomar en serio nuestro himno nacional que versa: “…Mas si osare un extraño enemigo, Profanar con su planta tu suelo, Piensa ¡oh Patria querida! que el cielo, Un soldado en cada hijo te dio…”.

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