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viernes, 27 mayo, 2022
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Diarios color sangre

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Por: MILO MONTIEL ROMO •

Quizá si hoy los diarios fueran impresos en rojo sangre podríamos entender el miedo con que en México se hace el periodismo. Quizá si la muerte se pudiera reflejarse en cada nota publicada, transmitida, entenderíamos el miedo de quien usa una grabadora como herramienta.

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Quien nunca ha estado frente al teclado con información comprometedora, con datos duros que evidencien un delito, con el corazón latiendo a todo vapor mientras el abecedario expectante a quien está frente al teclado, dudoso, pensando cuidadosamente cada palabra.

Y es que con la noticia desarmada entre la libreta y la grabadora y con una idea en la cabeza de cómo se armará cada párrafo, cada frase. El texto está terminado en la cabeza del periodista. Título, entrada. Las respuestas que exige el curso de periodismo están contestadas.

Quién, Cómo, Cuándo, Dónde, Por qué

Todo, menos la seguridad de que la nota no le costará la vida. Menos la seguridad de quien se sienta afectado no decidirá que su familia se enfrente al dolor de su desaparición o su muerte, lo cual hará, pues la impunidad es la regla en este país.

Esto no es una exageración. En México, De 2000 a la fecha Artículo 19 ha documentado 148 asesinatos de periodistas en México, en posible relación con su labor. Del total, 136 son hombres y 12 son mujeres.

De estos, 47 se registraron durante el mandato anterior del presidente Enrique Peña Nieto y 28 en el actual de Andrés Manuel López Obrador.

El gobierno de Javier Duarte, que comenzó en diciembre de 2010 y finalizó el 30 de noviembre de 2016 en Veracruz, ha sido el más letal para los comunicadores: 18 periodistas asesinadas/os (incluyendo al fotoperiodista Rubén Espinosa). Dicho estado tiene el mayor registro de asesinatos de periodistas, con 31. El caso más reciente es el de la periodista Lourdes Maldonado, asesinada el 23 de enero en Tijuana, Baja California.

El asesinato de periodistas y comunicadores sociales es la forma más violenta de vulnerar el derecho a la libertad de expresión, ya que no solamente anula el derecho a la vida de la víctima, sino que afecta el derecho a la integridad psíquica y moral de su familia y priva a la sociedad de una fuente de opinión e información.

El periodismo en México es caminar, preguntar, redactar, planear, investigar y andar con cuidado. Se busca la verdad, pero la verdad en sus manos es peligro, es fuego que puede incendiar algo de lo que no tendrá control y que hará que lo más valioso esté en peligro. La vida.

Cada trabajador de la palabra está solo, con su gremio, con su cámara y su computadora, solo frente al teclado y frente a quien se cree con el derecho de amenazar y destruir la vida de quien lo rodea, mientras el Estado mira silencioso, con el mecanismo de protección para periodistas, el cual pocas veces ha evitado la muerte o el ataque a algún trabajador de medios de comunicación.

Se está solo, frente a la noticia, con la obligación de informar. Solo frente a la decisión de jugarse la vida y publicar o callar, en un silencio cómplice que no cumplirá con los sueños de las clases de periodismo, pero garantizará que el temor se aleje de la ventana.

La cifra de quien apostó por la verdad, en México sigue creciendo, no importa de cual color sea el gobierno. Mientras, los teclados vuelan tratando de exigir justicia en un país donde la justicia no es para el profesional del periodismo.

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