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miércoles, 27 octubre, 2021

Unidad, ¡Cuántos crímenes se hacen en tu nombre!

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Duele decirse que de una reunión de cinco personas de izquierda, saldrán tres partidos distintos.

Es verdad, siempre ha sido un reto para la izquierda en México mantenerse unida en torno a sus coincidencias, y dejar en segundo plano las diferencias.

Sólo los liderazgos fuertes como en su momento fueron Cuauhtémoc Cárdenas y posteriormente Andrés Manuel López Obrador han podido sobrepasar esas diferencias, y convertirse en algutinadores entre quienes piensan distinto.

La fuerza de Cuauhtémoc Cárdenas fue suficiente para mantener más o menos aglutinado al Partido de la Revolución Democrática y para hacerse de la candidatura presidencial en tres ocasiones hasta que ya no hubo más. Su vacío fue llenado entonces por Andrés Manuel López Obrador quien resistió dos candidaturas presidenciales bajo siglas del PRD hasta que ese partido se alió con el PRI y con el PAN en el Pacto por México.

En rechazo de esa prostitución de ideales por el corto-placismo miope, López Obrador encabezó el éxodo de ese partido y eligió un camino que en aquel entonces parecía casi imposible: formar un nuevo partido político.

Con el proyecto de Nación por delante, y López Obrador como el ejecutante, el partido obtuvo registro y permaneció en sus primeros años en unidad a pesar de los matices ideológicos y la pluralidad de las ideas.

Con un liderazgo tan fuerte y claro, el reto era institucionalizar dicha unidad más allá de la humanidad de su dirigente, lo cual parecía estar saldado con la creación de unos estatutos que rechazaban los grupos al interior del partido, y que democratizaba las grandes decisiones poniéndolas en mano de órganos colegiados.

Morena pareció resistir en medio de la complejidad del proceso en 2018, pues la unidad se mantuvo pese a la llegada de figuras que con anterioridad habían sido contrarias a Andrés Manuel y su fuerza política.

La unidad resistió esas integraciones, incluso cuando se incrustaron en el Gobierno Federal y el Congreso de la Unión.

Pero tarde que temprano el destino alcanzó al partido de izquierda que llegó más lejos que cualquiera de sus antecesores en México y comenzó a fragmentarse.

Los estatutos, el gran dique que daría cauce a la energía y combatividad de los militantes para mantener la unidad fue sobrepasado con aval de los tribunales, y ante la intransigencia, solo quedó la apuesta a la buena fe.

Se borraron las certezas, porque contrario a lo que marca la ley se obligó a Morena a cambiar dirigencia iniciado ya el proceso electoral, con un método no contemplado en el estatuto, y regulado por un organismo, el INE, sin facultades para ello. (Ver https://aristeguinoticias.com/0409/aristegui-en-vivo/videocolumnas-y-opinion/omnia-ordenar-a-morena-elegir-liderazgos-por-encuesta-del-ine-es-una-intromision-sin-precedentes-video/ )

Además de ello se eliminaba un candado estatutario, el de ser consejero Nacional, para ser presidente del Comité Ejecutivo, requisito que dejaba fuera a quien resultó electo.

Con tanta irregularidad en el quién, en el cuándo y en el cómo, no podían abrigarse muchas esperanzas de buen resultado. Si a eso agregamos el servilismo de parte de los coordinados con el coordinador como muestra de que el caciquismo también en lo legislativo es posible, queda una tormenta perfecta que pese a eso requirió más de un intento para obtener el resultado deseado.

Pero se logró, y se soltó el chivo en la cristalería que ha dejado como resultado huevazos, abucheos, inconformidades y rompimientos significativos en todos los estados

Lo peor es que esto apenas comienza, el Comité Ejecutivo Nacional aún no puede dejar en firme la designación de 15 candidaturas a gobernador y ya tiene encima la de 300 legisladores de mayoría en la que se inscribieron 3 mil 563 personas, es decir un promedio de 12 candidatos por distrito, más la insaculación entre 8916 apuntados a las diputaciones plurinominales, muchos de los cuales aprovecharon que esta vez no requerirían siquiera de molestar a su abuelita para lograr los votos suficientes en asamblea, sino que les bastará la suerte de una mano ¿O dedo? Santo que les garantice la llegada a San Lázaro, aunque no militen en Morena o peor aún, lo hagan en otra fuerza política.

Ante todo esto se pide unidad, que huele a pax mafiosa con la promesa inconfesable de que habrá botín para todos, al menos para todos los que se porten bien.

De aceptarse esto por las bases sería el suicidio. Bien sabido es que el que paga para llegar, llega para pagar.

Ningún proyecto honesto y congruente es posible, si en su nacimiento sacrifica el corazón y la razón. ■

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