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martes, 6 diciembre, 2022
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Harold Bloom: la crítica literaria como salvaguarda de la humanidad en la intemperie

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Por: SIGIFREDO ESQUIVEL MARÍN •

La Gualdra 548 / Filosofía

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Asistimos a una época de banalización de todas las cosas, personas y experiencias. Todo vale lo mismo, lo que significa nada vale y nada importa en realidad, empero el mercado termina por imponer sus criterios y cánones, así que en esta época de uniformidad gris, las excepciones y singularidades tienden a diluirse en un multiculturalismo light, ascéptico e incoloro.

En nombre de un falso igualitarismo se cortan cabezas, particularmente la idea de “genio creador” resulta subversiva y políticamente incorrecta. La corrección política dicta, con su micro-fascismo suave, que nada ni nadie puede estar por encima de la medianía estandarizada, por eso sorprende y asusta un crítico literario que hable de la necesidad de regresar a “la idea de genio creador” y que considere que el futuro de la humanidad reside en El futuro de la imaginación creadora (Barcelona, Anagrama, 2002).

Recién fallecido, el norteamericano Harold Bloom ha realizado una poderosa relectura estético-metafísica de la tradición literaria occidental. Sus afirmaciones autoritarias polémicas, pueden ser exasperantes, pero siempre están justificadas por una trayectoria vital coherente entregada a la lectura apasionada y a la conservación de los grandes libros de la humanidad, desde luego que hay ausencias y sesgos notables, en algunos casos apenas justificables o tolerables, pero se trata de un hombre que hizo del amor a los libros su vida, su obra, su legado.

Su búsqueda vital e intelectual está motivada por la voluntad de creación e invención humana: ¿Dónde se encuentra la sabiduría? (Buenos Aires, Taurus, 2005) es el título de una obra suya fundamental, que también se podría leer como el proyecto de trazar una cartografía y brújula individual-colectiva para atesorar el arconte del saber humano de todos los tiempos bajo tres criterios improrrogables: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría, por desgracia estos criterios de belleza, verdad y discernimiento cada vez resultan más escasos y lejanos en nuestros días.

Su perspectiva sobre ese otro gran erudito de la mística judía Gershom Scholem da cuenta tanto del amigo de Walter Benjamin como del profesor norteamericano: “el trabajo de toda una vida entregada a la recuperación y salvaguarda de la sabiduría antigua”. El canon Occidental. La escuela y los libros de todas las épocas (Barcelona, Anagrama, 2004) suscita tanto odios como elogios. Una obra que nos invita a repensar las ideas de canon y de autor clásico, en una época relativista, anti-canónica marcada por la desaparición del autor y la autoridad, donde el clacisismo es denunciado como elitismo, violencia epistémica e imposición. Enfatiza: “Un signo de originalidad capaz de otorgar el estatuto canónico a una obra literaria es esa extrañeza que nunca acabamos de asimilar, o que se convierte en algo tan asumido que permanecemos ciegos a sus características. Dante es el mayor representante de la primera posibilidad, y Shakespeare un fenomenal ejemplo de la segunda” (p. 14). Las metáforas e imágenes de las obras maestras definen y redefinen la historia de la humanidad en su conjunto. Las obras originales poderosas se convierten en canónicas porque nos enseñan a experimentar, o por lo menos atisbar, el mundo y el ser humano de otra forma. Los grandes maestros de la creación son auténticos revolucionarios, crean arte y literatura ex nihilo.

El catedrático incendiario de Yale nos habla de la literatura con una pasión al rojo vivo siempre encendida y excedida. Su genio está poseído por el entusiamo creador. Pensar el arte y la literatura desde el canon es asumir la fragilidad, caducidad y finitud del ser humano y sus creaciones. Es tomar partido por una selección siempre arbitraria, sesgada, contingente, pero que busca dar un salto a la dimensión transhistórica y vislumbrar la eternidad de la creación originaria.

El canon literario no es únicamente un florilegio de obras con méritos estéticos sino el despliegue de la condición humana misma encarnada como obra artística. De ahí su consideración de William Shakespeare como epicentro del canon humano creador quien –según el crítico– reinventa y singulariza la condición humana moderna desde una individualidad irreductible en vez de tipos y arquetipos universales. Su lectura sobre Shakespeare (Barcelona, Anagrama, 2019) resulta sencillamente deslumbrante y nos muestra a un escritor inglés vigente para entender la condición humana de todos los tiempos, particularmente de los tiempos actuales caóticos. De ahí su recomendación de que: “Tenemos que ejercitarnos y leer a Shakespeare tan tenazmente como podamos, sabiendo a la vez que sus obras nos leerán más enérgicamente aún. Nos leen definitivamente” (p. 18).

La angustia de las influencias (Caracas, Monte Ávila, 1973) devela la anatomía de las relaciones intertextuales que atraviesan las grandes obras. Nos ayuda a entender y atender la genealogía de la creación y recreación de las obras maestras de todos los tiempos. Su exégesis del pensamiento gnóstico y religioso nos muestran a un creyente lúcido capaz de entender la tradición ancestral desde un presente desacralizado abierto al porvenir. Sus obras periodísticas aportan reflexiones que trascienden la opinión dominante, movilizan a pensarnos.

Resultan memorables las controversias con sus colegas e interlocutores de Yale como el gran Paul de Man y las polémicas con el mismo padre de la deconstrucción Jacques Derrida que en 1979 se publican bajo el título Deconstruction and criticism (Continuum, London-New York); el debate que recogen sus memorias es realmente rico, se lee con delicioso placer. Se trata de un texto seminal programático y paradigmático que anticipa las discusiones críticas de la contemporaneidad.

Las opiniones de Bloom podrán parecer totalitarias, pero en realidad son declaraciones de principios de un pensador auténtico que hizo de la tradición literaria y estética la salvaguarda de una condición humana al borde del naufragio. Su evangelio laico consiste en la recuperación de una paideia estética como arconte humano sacro. Harold Bloom es un gran crítico literario que ha hecho de la crítica literaria un auténtico ejercicio intelectual de recreación del sentido de lo humano frente a la debacle del mundo y del hombre.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/gualdra_548

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