Imagina estar de pie sobre una hoja de papel tamaño carta, con apenas espacio para moverte. En condiciones similares se crían las gallinas destinadas a la producción de huevos, lo que restringe su movilidad y puede afectar su bienestar, explicó Javiera Calderón Amor, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y experta en comportamiento y bienestar de animales productivos.
Una investigación liderada por Calderón Amor encontró que estas condiciones de crianza pueden inducir en las aves comportamientos compatibles con la anhedonia –la pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables– y estados afectivos negativos, dos manifestaciones asociadas con la depresión en humanos.
“No es un diagnóstico de depresión clínica, es imposible hacerlo en un animal. Pero sí se asoció con cambios conductuales compatibles con anhedonia y estados afectivos negativos”, precisó la especialista.
En el sistema tradicional de producción de huevos se utilizan jaulas en batería, donde pueden alojarse de cuatro a 15 gallinas, con un espacio de apenas 430 a 450 centímetros cuadrados por animal. Se trata de “un ambiente tremendamente reducido y muy estéril, porque no tiene absolutamente nada más que comida y agua”, resaltó Calderón Amor.
Para estudiar las consecuencias de estas condiciones, el equipo evaluó a 60 gallinas ponedoras. La mitad permaneció en un ambiente libre, con perchas, nidos y sustrato para explorar, mientras que la otra mitad fue trasladada a jaulas en batería.
Los científicos evaluaron dos indicadores conductuales. El primero, la anhedonia, que en humanos se manifiesta como la pérdida de interés o placer por actividades antes gratificantes, y el segundo, un estado afectivo negativo, evaluado mediante la atención que las aves prestaban a los estímulos amenazantes.
Dos semanas después del traslado, los investigadores observaron que las gallinas alojadas en las jaulas disminuyeron progresivamente el consumo de maíz dulce, un alimento que les gustaba mucho. En cambio, las que siguieron en un ambiente libre mantuvieron su interés.
“A pesar de que tenían el alimento que les encantaba, y que lo venían comiendo desde antes del traslado, una vez en las jaulas dejaron de consumirlo. Eso nos dice conductualmente que algo está pasando y que se asemeja un poco a este síntoma de anhedonia”, explicó la investigadora.
Para evaluar el estado afectivo negativo, el equipo expuso a las aves a dos estímulos: una comida deliciosa y un perro agresivo. El objetivo era observar hacia cuál dirigían más su atención. “Lo que encontramos ahí es que las gallinas tendieron a ponerle mayor atención al estímulo negativo”, indicó.
Otro hallazgo en este estudio, presentado en el Foro Huevos Libres de Jaula, realizado por la organización internacional Sinergia Animal de Bogotá, fue que al combinar estos dos indicadores en un índice, los científicos encontraron los resultados más desfavorables en las gallinas alojadas en jaulas.
El equipo también analizó muestras de sangre tomadas a los 80 días. En las gallinas alojadas en jaulas se identificó una disminución del factor de necrosis tumoral alfa, un marcador relacionado con la respuesta inflamatoria. Calderón Amor vinculó este resultado con el estrés crónico e inmunodepresión.
Para la investigadora uno de los aportes de este estudio es la necesidad de dejar de ver a las gallinas solamente como unidades de producción. “Son individuos capaces de experimentar emociones complejas, con personalidades diferentes y esas experiencias importan.
“No podemos seguir evaluando los sistemas de producción únicamente por cuántos huevos produce el animal o cuánto cuesta ese huevo. También tenemos que preguntarnos ¿qué significa vivir en esos sistemas para los animales?”, informó.
Las restricciones al uso de jaulas de baterías para gallinas ponedoras se ha extendido en distintas partes del mundo, en los pasados años. En la Unión Europea, éstas están prohibidas desde 2012, mientras en Estados Unidos varios estados han establecido restricciones a su uso o han limitado la venta de huevos procedentes de gallinas enjauladas.
Para Calderón Amor, el siguiente paso es enfocarse en medir qué tan mal lo pasan o qué tanto sufren los animales y estudiar cómo transformar los sistemas de producción para favorecer su bienestar.
El objetivo, explicó, “es avanzar hacia sistemas más amigables que permitan a las gallinas tener una vida mejor y experimentar emociones positivas”.



