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miércoles, 17 agosto, 2022
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La torsión bélica… ¿camino sin salida? (primera parte)

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Por: RICARDO BERMEO •

El conocimiento de lo que sucede en la Guerra que Rusia realiza en contra de Ucrania debería servirnos para cobrar conciencia de la situación mundial contemporánea, asumiendo que ni los Estados, o las élites económicas, financieras, políticas, globales -las élites que monopolizan la toma de decisiones que determinan el rumbo del mundo actual (y los más o menos amplios sectores que les secundan)-, en realidad están contribuyendo activamente a precipitarnos de cabeza en un entorno cada vez más inhabitable, cuyos contornos -como en el cuento del elefante y los ciegos- nos resistimos -como humanidad- a reconocer, mientras tanto, y con desesperante lentitud, vamos advirtiendo la gravedad de los crecientes riesgos y las formas en que esos riesgos terminarán por desatarse acumulando bronca sobre bronca. Es cierto… “los sueños de la razón -unidimensional- están produciendo monstruos”.

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Entre las líneas de fuerza de la historia en curso, tiene una enorme relevancia comprender en profundidad las causas y las posibles consecuencias de la invasión de Rusia a Ucrania, y lo que está en juego, a través de sus múltiples y prolongados efectos, incluso suponiendo una posible tregua, y algún tipo de acuerdo (improbable): la reestructuración del orden mundial (incluyendo a México), con todas sus enormes implicaciones. Esto exige un esfuerzo de reflexión compartida, teniendo presentes los datos y la información debidamente contrastada en torno a este conflicto, que acelera los cambios que gravitaban en el horizonte histórico a escala global, marcando el presente y lo que resta por venir, muchos de los Siglo XXI.

Un primer aspecto señalado reiteradamente es el de a quién atribuir responsabilidades por haber generado esta guerra, sin duda es, en primer término, el gobierno de Rusia, el responsable directo de haber invadido a Ucrania, violando el derecho internacional, y desatando una guerra cuyas consecuencias han producido decenas de miles de muertes, desplazamientos masivos, destrucción, lo que conduce a la condena de dicha acción bélica; pero asociado a ese reconocimiento, se encuentran los datos y la información, que demuestran cómo la OTAN, y como primera potencia los Estados Unidos, han avanzado territorialmente hacia el este, desde la caída de la URSS, con el objetivo de cercar militarmente de forma progresiva a Rusia, haciendo caso omiso de todas las advertencias y de las líneas rojas una y otra vez marcadas por el establismhent ruso. Por lo tanto, es evidente, que existen entonces, responsabilidades diferenciadas pero compartidas, en cuanto a las causas que han provocado esta guerra, los antecedentes antes apuntados, y el comportamiento seguido por los actores beligerantes, desde mucho antes del 24 de febrero, en que comenzó la invasión, hasta la fecha, así lo indican. Y es ya un lugar común, señalar que se trata de una guerra proxy, en la que Ucrania es el teatro bélico, donde en realidad, el bloque atlantista, y el otro polo encabezado por Rusia y seguido por China, estarían dirimiendo la disputa por la hegemonía mundial. Esta torsión bélica tiene y tendrá, en los siguientes meses/ años, repercusiones que sacudirán hasta sus cimientos el mundo actual.

Otro aspecto donde puede verse la irracional lógica de la guerra en curso es el tema de las repercusiones que este conflicto produce en la alimentación, al agravar de una manera atroz la problemática del hambre en el mundo.

De acuerdo con Rafael Poch, el Programa Alimentario de la ONU (WFP, por sus siglas en inglés), ha estimado que, con esta guerra, se pasaría de 276 millones de personas que padecen hambre, a 323 millones, un aumento de 47 millones más de personas víctimas de hambre, golpeando a los países, a donde va la exportación de los cereales de Ucrania y de Rusia, entre muchos otros, los de África Subsahariana… Egipto, Túnez, Líbano, Siria, Argelia, Marruecos, Somalía, Etiopía, Sudán, etc.

Según este mismo autor, la propaganda bélica es el bloqueo ruso a los puertos ucranianos, lo que estaría provocando la crisis, y aquí, entre otros aspectos, es importante señalar que, primero, Rusia exporta mucho más cereales -trigo, harinas- que Ucrania, (el 20% contra el 8.5%, respectivamente); segundo, las sanciones en contra de Rusia tienen repercusiones mucho mayores que el bloqueo ruso a la exportación de Ucrania. A lo que habría que agregar el problema de los fertilizantes, el 20% es producido por Rusia y Bielorusia, afectadas por las sanciones, lo que lleva a una escalada de precios que repercute en la producción de alimentos… por eso es “inexacto” sostener que Rusia, por medio de la guerra, estaría usando… “el hambre y el grano como recurso de poder”.

Continuaremos en la segunda parte apuntando rápidamente otras -múltiples- “consecuencias perversas” aceleradas por la torsión bélica global: las repercusiones económicas, la producción de armas, y el aumento del tráfico de la mismas en el mercado negro, la militarización y las tendencias autoritarias, el impacto sobre los programas sociales, acelerando el desmantelamiento del Estado de Bienestar, el impacto negativo sobre la lucha para controlar el cambio climático, incluyendo el peligro de una escalada nuclear, todo lo cual debería llevarnos a situar el tema de la construcción de la paz a escala mundial, y la oposición a la escalada bélica, como objetivo urgente y prioritario donde podrían converger los movimientos y luchas sociales y políticas más diversas, articulados por la urgencia y transversalidad que se derivan inmediatamente de un análisis lúcido -por breve que sea- de la situación mundial contemporánea.

 

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