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viernes, 12 julio, 2024
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Inundaron al pueblo con sus mentiras y ahora se asustan con la verdad I

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Por: Arturo Romo Gutiérrez •

Inundaron al pueblo con sus mentiras y ahora se asustan con la verdad: “entre más mientas, mejor te va”, aconsejaron sus intelectuales orgánicos; contrataron encuestas a modo; lanzaron a la contienda a candidatos irresponsables que ofrecían el toro y el moro, a sabiendas que no tendrían obligación de cumplir: extremaron la guerra sucia: “AMLO narco presidente” “Claudia narco candidata”; infundieron el miedo: “MORENA te robará tu casa y tu departamento, Claudia te arrastrará al comunismo”: y conminaron a la correcta elección: democracia o dictadura, Xóchitl es la libertad, Claudia el autoritarismo.

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El tres de junio los enfrentó a su realidad: el pueblo, consciente de que en los comicios se jugaba el destino de la patria, salió a votar por oleadas: el 60 por ciento de los votos fueron para Claudia, 2 a 1 sobre la candidata de las derechas.

A pesar de la evidencia irrefutable, los reaccionarios mintieron otra vez: “ganamos seis de las ocho gubernaturas y también la presidencia de la República”. Como La gente no les creyó, se vieron obligados a reconocer su derrota; horas más tarde, cambiaron de parecer, amenazaron con impugnar: impugnaron, reclamaron voto por voto. Morena y Claudia accedieron: el cómputo final arrojó miles y miles de votos más para la ganadora. Ahora pretenden ganar con el árbitro lo que no pudieron obtener en la cancha. 

Esta tragicomedia, que recuerda la de los Siete contra Tebas del eleusita Esquilo, mostró a los reaccionarios como son: cínicos, hipócritas, mentirosos y cobardes. Simulan ignorar que el pueblo de México hace años despertó del letargo en que lo tenían aprisionado las sirenas neoliberales y en los tiempos actuales enfrenta sin recato ni temor a las élites nacionales y extranjeras monopolizadoras del dinero y hasta hace poco del poder político.  

En cierta ocasión, un reconocido filósofo y líder de la revolución social, hizo mención a una de las leyes típicas del imperialismo, fase superior del sistema capitalista: “A mayor concentración económica, corresponde una mayor concentración política”.

Se descifró, desde entonces, el origen de la oligarquía, forma de gobierno, “corrupta” como afirmó Aristóteles, en la cual el supremo poder se encuentra en las manos de los ricos, una minoría, que lo ejercen para asegurar sus privilegios particulares en perjuicio de los más.

Pues bien, he aquí la magnitud de la hazaña realizada por Andrés Manuel López Obrador, que el pueblo valoró: la desarticulación del núcleo minoritario que se sentía “dueño de México”, porque detentaba el poder económico y, como consecuencia, también el poder político, a grado tal que los presidentes de la República en el cargo durante período neoliberal no eran sino administradores por cuenta ajena del México, S.A., según la certera frase acuñada por Vicente Lombardo Toledano.

Queda para la maltrecha oposición, una lección inevitable: jamás será el camino para ganar las elecciones descender al nivel de la calumnia, hilvanar una retacería de ofrecimientos contradictorios entre sí, o recurrir al ridículo aliancismo entre partidos que, si en un tiempo fueron enemigos, hoy no muestran diferencia alguna y ni siquiera un modesto matiz programático o ideológico entre ellos porque en el fondo son lo mismo, o mucho peor.

Es penoso y hasta objeto de una sincera compasión, observar al PRD -organización política que en sus orígenes enarboló con dignidad las limpias banderas de la izquierda- levantar la mano de quien no fue sino un instrumento desechable de intereses mezquinos, antipopulares y antinacionales.

Lástima por el país que necesita de una oposición seria y responsable, propositiva y no oportunista, toda vez que, como decía don Jesús Reyes Heroles, “si la oposición resiste, también gobierna”.

La lección atañe, asimismo, al bloque vencedor, a cuyo amparo florecieron abusos que es indispensable referir y combatir porque desdibujan todo lo que el proceso de la Cuarta Transformación pretende culminar: un país de hombres y mujeres libres que aspiran a vivir bajo el cobijo de una patria plenamente libre de corrupción e impunidad, de nocivos residuos caciquiles activos en ciertas regiones del país y de una todavía sobreviviente caterva de grupos e individuos simuladores, trepadores y ambiciosos vulgares que se mueven entre sus filas. 

En toda lucha necesariamente larga, difícil y apasionada, que pretende lograr cambios a fondo de una realidad injusta, se van definiendo tanto las lealtades sinceras como los acomodamientos oportunistas. Por lo tanto, al líder y a su pueblo corresponde la delicada pero inevitable tarea: fortalecer a las primeras y franquearle los caminos de la responsabilidad, identificar, neutralizar y sobre todo expulsar de su seno a los segundos. 

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