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El Cuate Castro a través de su lente ha captado la historia de una ciudad

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Por: RAFAEL DE SANTIAGO •

■ Las imágenes en mi mente son lo único que me voy a llevar; aquí en la tierra todo es prestado, dice

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Parte de la historia de la ciudad de Zacatecas, como sus personajes, gobernadores, habitantes y el cambio en edificios y calles del Centro Histórico, fueron retratadas por Francisco El Cuate Castro, fotógrafo zacatecano.

Francisco Castro del Río ha dedicado más de 60 años a captar momentos importantes en una sociedad, pues a través de su cámara preservó a miles de familias zacatecanas, además de gobernadores y celebridades, y fue el fotógrafo de las reinas y princesas de la Feria de Zacatecas y varios municipios.

Nació en una vecindad en el centro de Zacatecas, su historia dentro de la fotografía inició a los 7 años, cuando su madre, por falta de recursos económicos para darles alimento y vestido, lo envió junto con su hermano al Internado Trinidad García de la Cadena, Hijos del Ejército, en el municipio de Guadalupe.

En este lugar recibían comida, vestido y estudio, y una maestra a quien recuerda por el nombre de Carmelita, durante la hora del recreo enseñaba a los alumnos a revelar fotografías, con base en sobres de fijador y revelador.

De ahí nació la ilusión de captar imágenes y al concluir su educación primaria, a los 12 años, regresó a Zacatecas.

Relata que su primera cámara la compró su madre en la calle Aguascalientes, en la llamada línea de fuego, donde se establecían los llamados “fierreros”.

El Cuate recuerda que “era una camarita de cartón, ella hizo el sacrificio sabiendo que me gustaba la fotografía, recuerdo que nos costó 8 pesos. Vivíamos en una vecindad a un lado de la Alameda, ahí construí mi cuarto oscuro de cartón y me encerraba a hacer mis fotos”.

A esa edad conoció a una persona de la Ciudad de México que se dedicaba a la fotografía, y ahí empezó en este negocio para subsistir.

Retrataba parejas y familias en las calles, en ese tiempo hacía mil fotos por día, iniciaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 4 de la tarde.

A las personas se les entregaba un ticket, con el cual revisaban los negativos en una farmacia, las fotos se vendían por pares en una cartera a un peso con 50 centavos.

Siguió con el fotógrafo, con quien viajó a Durango, Aguascalientes, Ciudad de México, Colima, Nuevo León, Querétaro, Chihuahua, entre otros, llegando a tomar hasta 50 mil fotos en un mes.

En la fiesta de San Marcos (en Aguascalientes) tomaba hasta 5 mil fotos por día, y al no contar con flash, utilizaba dos lámparas llamas R2, que se sincronizaban al momento del disparo.

Regresó a Zacatecas, donde comenzó a trabajar por su propia cuenta retratando eventos en iglesias. En ese tiempo no tenía motocicleta y laboraba en Santo Domingo, Catedral y la Iglesia de Jesús, en Mexicapan.

Al ser de los pocos fotógrafos en la capital, fue llamado para trabajar en el periódico El Heraldo, y fue el primero con este oficio en plasmar una de sus imágenes en el diario.

Posteriormente trabajó en los diarios El Momento y en El Sol de Zacatecas, donde llegó a tomar fotografía y a reportear eventos de Gobierno del Estado, nota policiaca y sociales; trabajó en medios de comunicación durante 20 años.

Captó momentos históricos como la colocación de la primera piedra de la Monumental Plaza de Toros y de la Central Camionera, así como el incendio en Palacio de Gobierno.

También tomó gráficas de las obras de rehabilitación y colocación de loza en las calles de la capital, las cuales eran empedradas, y su cámara fue testigo de los cambios en la ciudad.

El Cuate Castro fue el fotógrafo de las reinas y princesas de la Feria de Zacatecas, así como de varios municipios, quienes se retraban en su estudio.

Esta profesión, enfatiza, le dio la oportunidad de llegar a ser fotógrafo personal de Pedro Infante, durante una gira del cantante y actor, a la cual fue invitado por un empresario que conoció cuando trabajo en Televicentro, fotografiando a personalidades de la farándula.

Narra que el actor, conocido como el Ídolo de Guamúchil, era un hombre sencillo y apasionado por el canto.

Sin embargo, lamenta, su archivo fotográfico se perdió después de separarse de su primera esposa. “Yo tenía una caja grande de madera donde tenía mi archivo fotográfico, pero lo perdí cuando me divorcié de mi primera señora, y no me dejó sacar ni mi ropa, me fui nomás con la que traía puesta y vas pa’ fuera”.

Dice orgulloso que con su vieja camarita, de la época de la Segunda Guerra Mundial, llegó a tomar más de un millón de fotos.

Y presume que ninguna cámara digital capta imágenes a la misma velocidad que su cámara, y que ningún laboratorio fotográfico actualmente llega a imprimar cientos de fotos en tan solo 3 minutos, como lo hacía con un método antiguo en una espiral de plata alemana.

Sin embargo, la tecnología vino a terminar las sesiones que se hacían en los estudios fotográficos, pues antes era una tradición que familias enteras acudieran a tomarse una foto, así como matrimonios y quinceañeras; aunque ahora se buscan museos o lugares en el exterior.

Francisco Castro dejó el legado de la fotografía a cuatro hijas y 10 sobrinos que se dedican a esta profesión, a quienes dice, “dejo la semillita”.

Todavía sale desde temprana hora a trabajar en su motocicleta, continúa captando eventos sociales en iglesias y fiestas, pues es conocido por innumerables zacatecanos.

“Aún me apasiona la fotografía, es un gusto que amanezca para salir a trabajar. La cámara me ha dado cosas materiales, pero son más las satisfacciones. Las imágenes en mi mente son lo único que me voy a llevar, porque todo aquí en la tierra es prestado”, asevera uno de los primeros fotógrafos de Zacatecas.

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