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jueves, 1 diciembre, 2022
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Darle vuelta a la tortilla

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Por: EDUARDO CAMPECH MIRANDA* •

La Gualdra 271 / Promoción de la lectura

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Mucho se ha dicho y escrito, yo mismo lo he hecho, acerca de la existencia de actores que por sus mismos roles sociales o laborales deberían leer. Me refiero en concreto a mediadores de lectura, bibliotecarios, maestros, por mencionar sólo algunos; y que, desafortunadamente, no lo hacen. Repiten frases apologistas de la lectura, lugares comunes, fórmulas de mercadotecnia. En una colaboración anterior, “La lectura como cápsulas”, ahondé un poco en este aspecto. Ahora propongo que demos vuelta a la tortilla y en lugar de hacer un lugar común el decir “tal o cual sector no lee”, pensemos cuáles son las causas de ello.

Algunas de éstas pueden ser, en primera instancia, experiencias poco gratificantes derivadas del acto lector. Con ello me refiero a las clásicas interrogaciones, tipo policía ministerial, que se practican en algunas escuelas, pero donde la razón y única creación está en el autor y su texto; además de la costumbre de dejar que el lector resuelva solo los desafíos que representa la lectura. Por otro lado está el estigma que se adquiere automáticamente cuando se comete al errar una respuesta, al leer en voz alta deficientemente, a no dar la respuesta que el maestro tiene en mente.

Aunado a lo anterior, la concepción de la lectura como un mero proceso de decodificación, dado por el paradigma teórico que colocaba en el centro del proceso lector al texto, deja fuera las evocaciones, reminiscencias, relaciones, inferencias, recreaciones, anhelos, proyectos que pueda generar el lector al enfrentarse al texto. Reitero: volviendo a colocar al texto como único elemento de creación. Si a ello agregamos el uso (y abuso) de las preguntas cerradas para evaluar la comprensión lectora, entonces lejos de ser una actividad atractiva, la lectura se convierte en una frustración. Todo ello puede explicar la nula lectura de un gran sector magisterial.

Lo paradójico es que pese a ser producto de métodos tan eficaces para vacunar contra la lectura, se sigan reproduciendo en las aulas. Es aquí donde deseo poner el dedo. Los mediadores, bibliotecarios, maestros, etc., deben buscar en esas experiencias no gratas qué sucedió para que no se siga repitiendo el esquema, pero también para entender al que no lee y ellos desean que lo haga (pidiendo ayuda divina para que salgan inmunes en el ejercicio lector). Entender su experiencia lectora (cualquiera que ésta sea), ayudará a entender la del otro, dejando fuera las descalificaciones fáciles.

Se me ocurre pensar en programas y actividades de formación de lectores donde las primeras sesiones rescaten las experiencias y referentes de cada asistente, no sus lecturas, no sus libros favoritos, sí sus canciones, películas, series, telenovelas, y vincularlas con los libros. Mostrar que la lectura está más cerca de nosotros de lo que parece, y dar la oportunidad de nuevos acercamientos a la palabra escrita, pero –primordialmente- a su derecho de leer.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-271

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