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viernes, 20 mayo, 2022
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The card counter, de Paul Schrader

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Por: ADOLFO NÚÑEZ J. •

La Gualdra 515 / Cine

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En el cine de Paul Schrader, ya sea como guionista o director, es común ver a hombres que se encuentran aislados, sumidos en una profunda soledad. También es normal que estos personajes sean mostrados escribiendo sus pensamientos más íntimos en las páginas de un diario. Estas reflexiones, a su vez, son integradas dentro de ciertas secuencias por medio de la voz en off y a menudo son una representación del estado emocional y mental de sus protagonistas.

Películas como Taxi driver (1976), Light sleeper (1992) o First reformed (2018), han funcionado, entre otras cosas, como un vehículo perfecto para que Schrader elabore en su hondo descontento (bastante comprensible) con la sociedad actual, más en concreto con sus instituciones. Se trata pues de un cine que, además de ser muy personal, también cuenta una fuerte carga política. The card counter (2021), su más reciente cinta, no es la excepción a la regla.

La película sigue la historia de William “Tell” Tillich (Oscar Isaac) un jugador de cartas y ex militar que ronda por diferentes casinos ganando sumas pequeñas y pasando desapercibido. Años atrás, Tell fue condenado por crímenes de guerra y durante su tiempo en prisión aprendió a contar cartas. Dicha habilidad la utiliza de manera moderada en cada lugar de apuestas al que asiste, sin llamar demasiado la atención.

La ilusión de estabilidad de Tell termina cuando, en una conferencia sobre armamentos y sistemas de seguridad, se reencuentra con el mayor John Gordo (Willem Dafoe). Él es el responsable de que Tell haya sido encarcelado por muchos años. Aunado a esto, el ex militar conoce a Cirk (Tye Sheridan), un joven cuyo padre también fue enviado a prisión por la misma razón, pero que a diferencia de Tell, no pudo lidiar con el trauma de la experiencia y se suicidó. Cirk tiene toda la intención de secuestrar, torturar y asesinar a Gordo, para así vengar la muerte de su padre.

Por tal razón, el protagonista decide aliarse con Linda (Tiffany Haddish), una especie de mánager en el mundo de las apuestas, para que lo represente. Esto con el objetivo de reunir el dinero suficiente para convencer a Cirk de alejarse de ese mundo de violencia del que tanto quiere formar parte.

Fiel a su sello particular, el director apuesta, una vez más, por un estilo cinematográfico que él mismo denomina como “trascendental”, compuesto de tomas fijas y extensas que enfatizan en las reflexiones internas del protagonista. Estas a su vez, contrastan con secuencias inquietantes del pasado tormentoso de Tell, filmadas de manera caótica con el lente fish eye, y que terminan por deformar la realidad dentro del relato.

En contraposición con la obra previa de Schrader, en esta ocasión el cineasta se aproxima a la figura del redentor solitario de una manera distinta. El personaje interpretado por Isaac no busca una satisfacción personal, aún cuando sus decisiones son motivadas por un intenso sentimiento de culpa. Su objetivo es librar a sus cercanos del abismo tan deshumanizador al que los arroja el sistema. 

De tal manera, la cinta de Schrader se centra en los ideales de reconstruir una vida, como un halo de luz esperanzador dentro del rincón más oscuro y solitario. Una vez más, el realizador profundiza en dilemas relacionados con la espiritualidad, donde al final la posibilidad de una resolución o trascendencia no se encuentra únicamente en un plano religioso, sino dentro de las mismas relaciones humanas.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-515

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