‘Noche de fuego’, de Tatiana Huezo

‘Noche de fuego’, de Tatiana Huezo

La Gualdra 496 / Cine

Ana (Ana Cristina Ordóñez), de 8 años, vive junto a su madre Rita (Mayra Batalla) en un pequeño poblado en la Sierra de Guerrero. Un lugar donde la mayoría de los hombres han viajado a Estados Unidos en busca de un mejor sustento para sus familias. El resto de los habitantes de ese lugar trabajan en la extracción de opio de la amapola, que posteriormente será manufacturado como heroína para también ser enviado al país vecino. 

Las personas tratan de seguir con sus vidas de la manera más digna posible, al mismo tiempo que son conscientes de la violencia que impera en la región. Todos saben que tanto el narco como los soldados (en ese lugar no hay distinción) se llevan a las mujeres, las secuestran de sus hogares y nunca nadie las vuelve a ver. 

Por esta razón, Ana, junto a sus amigas, tienen el cabello corto como si fueran varones. Ellas consideran que así tal vez puedan disminuir las probabilidades de ser raptadas. Esto seguirá así durante algunos años, hasta que Ana, ya entrada en la adolescencia (Mayra Membreño) se hará cada vez más consciente de la dolorosa realidad en la que se encuentra. A pesar de esto, tratará de crecer y de tener las experiencias normales propias de cualquier adolescente en compañía de sus amigas.

En sus trabajos previos como documentalista, Tatiana Huezo ha explorado con profundo humanismo las heridas de un pasado dañado por la violencia, y que no han sido capaces de sanar en el presente. Esto se deja ver en El lugar más pequeño (2012), su estupenda ópera prima, pero se vuelve todavía más claro en Tempestad (2016), extraordinario documental que captura las devastadoras imágenes de un país carcomido por la violencia, el temor y la impotencia. 

Con Noche de fuego (2021), su primera película de ficción (adaptada de la novela Prayers for the stolen, de Jennifer Clement), la realizadora examina estas mismas problemáticas, que dentro de la sociedad mexicana se han vuelto cada vez más cotidianas. Esto lo hace desde la mirada de la infancia y su posterior crecimiento emocional. 

Fiel a su estilo personal, la directora enfatiza en la dolorosa poesía de cada imagen, en los planos de detalles mínimos y cotidianos, así como en el inmersivo diseño sonoro que está presente en cada secuencia. Con ritmo constante y seguro, se va hilvanando la estructura de un relato donde cada escena, por sencilla que parezca, está llena de significado. 

Además, Huezo representa el estado emocional de sus protagonistas en cada espacio donde se encuentran y en los elementos de la naturaleza. Esto se muestra a lo largo de la historia, y como lo indica su título, llega a un punto climático en el incendiario tercer acto de la cinta. 

En este punto, la película encuentra una clara relación con La paloma y el lobo (2019) y Sin señas particulares (2020), dos de las mejores películas mexicanas de los últimos tiempos, y en donde también se utiliza el elemento del fuego para representar la impotencia de sus protagonistas, así como el deseo de incinerar su tormentoso presente. 

Noche de fuego se trata pues, de un doloroso retrato de la indefensión que experimentan muchas personas en México, día con día. Con todo, es una película donde la esperanza no se extingue y cuyo principal pilar es la sororidad entre sus protagonistas, incluso ante la ausencia de los seres amados. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_496

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