Regreso a clase: primer paso ya dado

Regreso a clase: primer paso ya dado

No es gratuito que la Unicef esté impulsando el regreso a las clases presenciales. A esta organización le preocupa las oportunidades perdidas y la brecha en el desarrollo que se provoca en los infantes por causa del estado de aislamiento. El diagnóstico de los efectos de mantener a los niños lejos de su escuela es dramático: se pierden no sólo conocimientos, sino capacidades cognitivas; y ocurre de forma desigual. La enfermedad social que provoca el aislamiento puede tener efectos más perniciosos que los provocados por el propio bicho. Los niveles de peligro en los niños, dicen los expertos, es muy bajo. Aunque no sabemos nada de los efectos secundarios de aquellos que resulten contagiados. Se temía que los pequeños fueran vectores del virus y subieran las infecciones en los adultos, pero con los niveles de vacunación ese riesgo ya ha sido atajado.

Las decisiones deben ser producto de un proceso racional. Y la racionalidad nos dice que tenemos a la mayoría de la población adulta vacunada, hay hábitos adquiridos del cuidado de sí y bajo riesgo letal en menores. Por un lado. Y por otro, tenemos brutales efectos sobre los niños de familias pobres, sobre la salud mental de toda una generación y la pérdida de desarrollo humano del país producto de esta situación anormal. Así las cosas, es racional la decisión de regresar a las aulas. Se entiende que las emociones intervienen en la percepción del problema que afecta la voluntad de miles de mexicanos, especialmente de la emoción del miedo. Este último genera el instinto de continuar ocultos en casa. El miedo es una emoción positiva cuando nos lleva al cuidado, pero puede convertirse en un enemigo íntimo cuando es desbordado y no escucha las razones.

Ya se dio el primer paso. Eso es esencial para lograr el regreso a cierta normalidad. Cuando salimos de casa después de una inundación, vamos despacio, paso a paso y calculando no caer. El agua y la obscuridad generan incertidumbre, por ello los primeros pasos son pequeños y calculadores. Así actuamos ante necesidades de adentrarnos en terrenos con incertidumbre. Es igual en este caso: se abren las escuelas con pocos alumnos, pocas horas de clase y cuidando los protocolos. Conforme se vea que no hay aumento de contagios, y que la escuela no se ha convertido en un foco de transmisión, los salones estarán más llenos y las clases serán más completas. El virus tardará mucho en irse. Tal vez nunca se vaya. Y sin embargo, la vida debe continuar. Uno de los focos de atención donde ocurre la vida es en las escuelas. Hoy se dio un paso muy importante en el regreso de clase, y veremos que saldrán poco a poco múltiples necesidades en las escuelas. Sin quitar la responsabilidad de las autoridades, los padres de familia deberán organizarse para hacer factible la vida sana al interior de las escuelas. La escuela es una comunidad y por ello deberá crear las condiciones para que la vida corra por sus pasillos y el espíritu de nuestros niños vuele en las aulas.

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