El relegar los objetivos de crecimiento económico y empleo, le costará al gobierno las elecciones en el 2021 y 2024

El relegar los objetivos de crecimiento económico y empleo, le costará al gobierno las elecciones en el 2021 y 2024

La política económica neoliberal predominante de austeridad fiscal y las altas tasas de interés, llevarán al gobierno a perder la mayoría en la Cámara de Diputados.

Ante la contracción de la actividad económica, aumento del desempleo y subempleo y deterioro de los ingresos de empresas y familias – derivado de la política económica actual – ocasionará que parte de la población que votó por el cambio en 2018, no vaya a votar, o votará en contra de los partidos de la coalición del gobierno.

Muchos ya no están para seguir soportando los costos de la austeridad fiscal, reflejada en mayor pobreza y falta de oportunidades de empleo e inversión.

De no cambiar la política monetaria y fiscal restrictivas, la crisis continuará. La caída de ventas, de los ingresos de la mayoría de las empresas, alto desempleo y subempleo, con los consecuentes menores ingresos de las familias, llevará a un voto en contra de los partidos de la coalición del gobierno, por no estar respondiendo a los propósitos nacionales.

El problema es que ningún partido político está por mayor gasto público, ni cuestionan la actuación del banco central. Los que nos vienen gobernando desde los años ochenta, han instrumentado el superávit primario (donde el gobierno gasta menos de lo que recauda, excluyendo el pago de la deuda), alcanzado a través de recortes presupuestales y disminuir el tamaño del Estado en la economía, que nos han llevado al menor crecimiento, a mayor desempleo, subempleo y miseria.

La abstención y el voto en contra de los partidos de la coalición es para que el gobierno entienda que tiene que cambiar su política económica para atender las demandas de empleo y crecimiento. Si el gobierno no entiende el voto de castigo y continúa con la misma política económica a favor del sector financiero, sus partidos políticos dejarán de ser opción en las elecciones del 2024. Ello, porque la política predominante dejará el sexenio en un contexto de grave crisis económica, más de la que ya enfrentamos. La creciente cartera vencida, desestabilizará al sector bancario, lo que provocará salida de capitales y crisis en el mercado de capitales y de divisas.

Para evitar tal situación, el gobierno tiene que cambiar su política económica. Tiene que trabajar con expansión del gasto público y debe modificar los objetivos del banco central para que éste compatibilice baja inflación, con crecimiento económico y alto empleo, y que le compre deuda directa al gobierno a baja tasa de interés, para que éste gaste lo necesario para crear empleo, para apoyar al sector productivo, el desarrollo tecnológico y científico, como al sector salud y la educación.

De hecho, en noviembre de 2018, el Grupo Parlamentario del PT presentó una iniciativa de Ley encaminada a cambiar los objetivos del banco central y Morena la frenó. Es necesario que en la próxima Legislatura haya la conciencia y mayoría necesaria para que se legisle al respecto, y responda el Congreso a los retos y desafíos que el país enfrenta y no siga subordinándose a las directrices de los organismos financieros, ni a las Calificadoras internacionales, a las cuales se supedita la Secretaría de Hacienda.

¿Que partido propondrá trabajar con mayor gasto público para impulsar al sector agrícola e industrial, así como el empleo, la salud y la educación, y que el banco central le financie al gobierno el mayor gasto, tal como está aconteciendo en muchos países del mundo? El problema es que los que han sido gobierno, desde los años 80’s a la fecha, han defendido la austeridad fiscal y la baja inflación como único objetivo de la Secretaría de Hacienda y del banco central, respectivamente, a costa de relegar el crecimiento y el empleo.

Al seguir dicha política económica, continuará la destrucción de capacidad productiva, el desempleo y subempleo y la caída de la actividad económica.

Hay que romper con los dogmas religiosos neoliberales predominantes de austeridad fiscal y autonomía del banco central que nos han impuesto los organismos financieros internacionales y que todos los partidos políticos han aceptado para ser opción de gobierno, a costa de marginar un Proyecto de Nación. La crisis actual está llevando a muchos países – entre ellos a EUA – a romper con tales dogmas neoliberales y en cambio aquí se mantienen.

La llamada “izquierda” en el gobierno y en el Congreso, se ha sumado a las posiciones neoliberales para llegar al gobierno, y de ahí que, al instrumentar políticas a favor del sector financiero, y de las empresas transnacionales (con el libre comercio), se explica el porqué se han agudizado los problemas económicos y de pobreza en el país. Ellos no son izquierda, ni representan la alternativa por la que muchas generaciones hemos luchando por décadas. ■

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