El centralismo y la eternización de las viejas élites partidarias

El centralismo y la eternización de las viejas élites partidarias

El fantasma del centralismo recorre toda la vida política e institucional del país. Los programas federales que daban margen de operación y decisiones importantes en el estado, ahora se recentralizaron al grado que todo se decide en el centro. Los programas destinados a los municipios, sobre todo los dedicados a la seguridad, están completamente centralizados con camisas de fuerza llamadas reglas de operación. En este contexto, los institutos políticos están actuando bajo la misma lógica.

El centralismo en elecciones que tienen como objetivo la designación de las autoridades locales es completamente antidemocrático. Las elecciones intermedias, que deben elegir gobernador, congreso local y ayuntamientos, mueven los intereses de los militantes locales. La imposición de candidatos a gobernador genera en cascada la imposición de los puestos que llegan al orden municipal. ¿Y qué perfil tienen las fuerzas políticas beneficiarias de esto proceso? Pues son aquellas que tienen presencia y coordinación nacional, lo cual de entrada excluye a toda la militancia emergente que viene ingresando a la participación política; en otras palabras: se excluye a la renovación política. Los grupos que tienen coordinación nacional pertenece a élites que tienen muchos años en la clase política y han sido parte de las burocracias partidarias durante muchos años. Es decir, la imposición de candidaturas desde el centro afianza la fuerza de los cacicazgos de cada estado.

Este fenómeno está presente en todos los partidos y coaliciones. En el PRI-PAN-PRD, las dirigencias nacionales están decidiendo los candidatos de la coalición por encima de los militantes locales. En Morena pasa algo peor, porque en su caso no se estableció una mesa de negociación, sino se disfrazó de procesos democráticos de encuestas. Esto es, la simulación en el caso de Morena hace su caso más grave. Establece una convocatoria que obliga a calificar las candidaturas, exhibir los métodos de selección de muestra, los instrumentos de encuesta junto con el fraseo de las preguntas, el proceso de levantamiento de la información, y los criterios de interpretación. Pero nada de eso ocurrió. Desplegaron ‘encuestas’ que nadie vio y sacaron resultados de acuerdo a las preferencias políticas de la dirigencia nacional cuyo método está prácticamente prendiéndole fuego a la pradera, poniendo en riesgo la legitimidad de los elegidos e incrementando la posibilidad de una fractura en la 4T cuyos efectos son de pronóstico reservado.

Este centralismo vertical y tramposo terminará con la incipiente vida interna y con las expectativas de formar un partido con vida orgánica que diera educación política a sus nuevos cuadros, generara gobiernos centrados en programas progresistas, fuera una bandera y vehículo de participación ciudadana. Como podemos observar, las dirigencias nacionales de todos los partidos están demostrando con creces que no se aprendió nada de lo ocurrido en el 2018 y siguen con las mismas prácticas de siempre.

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