El sentido de lo sagrado y el día de muertos: lo que la tradición sabe

El sentido de lo sagrado y el día de muertos: lo que la tradición sabe

Algunos pensadores llaman a nuestra época la era del desencantamiento del mundo. Y en la cual se nubla el sentido de lo sagrado. Un evento puede dar cuenta de ello: cuando llegan los ingleses a colonizar Norteamérica, se establece un diálogo entre el Jefe Seattle y los colonizadores (que querían ser honestos). Estos últimos decían a aquellos que ‘no querían robarles su tierra y ríos, sino comprárselos’. Y la respuesta fue la sorpresa de la incomprensión: ¿‘cómo se puede poseer la tierra y los ríos, si la tierra no puede ser nuestra, sino al contrario: nosotros somos de la tierra; y la tierra es algo que no se puede poseer’? La diferencia en cómo unos y otros veían el paisaje es muy distinto. Los ingleses ven en la naturaleza, cosas-disponibles; y el pueblo Seattle percibe la expresión de poderes sagrados que producen la vida. Para unos la realidad es una cosa, para otros esa realidad es un poder. Esto último es justo la visión de lo sagrado. Y la modernidad ilustrada obnubila y destruye su percepción. El ecocidio capitalista es la máxima expresión de muerte de lo sagrado. El mundo no sólo es un cúmulo de cosas, sino de cosas con valor mensurable: mercancías.

Todas las religiones tienen una determinada forma de aprehender lo sagrado. Y entre esas formas está de manera prioritaria el fenómeno de la muerte. Se percibe que ese poder que constituye la realidad le da cierta continuidad a lo que somos. La muerte se percibe como una mutación, no como un final. Una transformación dentro del poder que es la fuente de lo real. Así, los griegos hablan del alma, los egipcios de 9 almas en una, los judíos de resurrección, y todos hablan de un viaje o itinerario en ese proceso de mutación. En Mesoamérica se narra el viaje al Mictlán y los recónditos caminos del inframundo. Narraciones simbólicas apoyadas en la imaginación: el sym-bolón es la unión de las personas con lo sagrado. Y esa unión es un re-ligare: un tejer simbólico con el poder que funda lo real. Eso es la esencia misma de las religiones: la unión con lo sagrado a través de experiencias con éste. La experiencia de lo sagrado se traduce en símbolos y ritos. Pero el hombre moderno que percibe la realidad como mera cosa, se inhibe a esas experiencias.

Cuando tenemos un difunto frente a nosotros, no lo experimentamos como mera cosa, si así fuera, se podía tirar en el basurero de la esquina como el resto de las cosas. Por el contrario, se ve en el cuerpo un motivo de reverencia que funciona como un puente con lo sagrado. La muerte siempre nos conecta con ese mundo que relumbra y resuena en este. No se ve, porque no es una cosa, pero se escucha como un eco. Las tradiciones y los ritos ayudan a no desconectarse de esa experiencia. La muerte es una manera de percibir el resplandor y el velo de algo que está del otro lado y funda la vida. Así percibimos la muerte: como un puente al misterio. Y a las tradiciones como formas (oblicuas) del saber.

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