El Encontronazo De Dos Mundos: Historia, Comprensión Y Fatalidad

El Encontronazo De Dos Mundos: Historia, Comprensión Y Fatalidad

Ante la historia, lo mejor que debemos hacer es comprender. Eso ayuda a manejarse en temas especialmente dolorosos. Es lo que hizo Hannah Arendt en el intento de exterminio judío por parte del nacional-socialismo alemán: la comprensión la llevó a entender el origen del totalitarismo, y con ello, a superar éticamente la sombra antisemita, y afianzar la memoria no sólo en eventos aislados, sino en las formas sociales específicas que lo generaron. La comprensión hace que la historia se convierta en memoria, y esta última vive en nuestros actos, no en recuerdos abstractos. Y para comprender se necesita la serenidad de observar los eventos históricos sin las estridencias ideológicas actuales, que provocan ejercicios anacrónicos que califican a personajes, pero no comprenden los eventos.

El siglo XVI es denso en acontecimientos y especialmente significativo: es la entrada de otra época, la modernidad. Terminaban 10 siglos de una época que los humanistas del renacimiento llamaron ‘media’. Y era el amanecer de otra época donde el hombre pasaba al centro de todo y se convertía en sujeto. A Hernán Cortés no se le entiende sin esta encrucijada: es un personaje que actúa entre el caballero medieval y el político renacentista. Lo cual hizo que lanzara las armas contra pueblos que no entendía y veía presos de un demonio manifestado en la serpiente y la sangre ritual; y el negociador que logró tejer una alianza indígena contra los Mexicas que fue determinante para hacer triunfar la conquista. Lo que logró la derrota del imperio Mexica no fue el poder de las armas españolas, sino el tejido político de la alianza con los pueblos indígenas enemigos de estos. Por ejemplo, en la conquista del norte, venían a lo que fue la Nueva Galicia 30 mil hombres al mando del virrey Antonio de Mendoza, y de estos, sólo mil eran españoles, el resto eran Tlaxcaltecas, Tarascos y otros. ¿Podían mil castellanos derrotar a la federación que se pertrechó en el Mixtón? ¡Nunca! El secreto del triunfo español se debe más a las habilidades políticas de Cortés que a las destrezas militares de sus hombres.

La visión de muchas personas sobre el mundo prehispánico está errada porque parten de un supuesto falso: piensan que era un mundo homogéneo. Y no. Las diferencias y divisiones eran enormes. Eso no quita dejar de ver la crueldad de la conquista, igual a la lógica opresiva de todos los imperios coloniales. Pero también permite reconocer leyendas negras que nublan la comprensión. En la Nueva España hubo mestizaje y en la conquista del imperio británico hubo exterminio (jamás se mezclaron). La inmensa mayoría de los indígenas muertos acá fue a causa de virus y bacterias, no por las armas. Hubo destrucción y también rescate: la empresa lingüística y cultural de los frailes de Tlatelolco, encabezados por Sahagún, es simplemente grandiosa. En el extremo norte de América, los ingleses retiraban, cazaban y depositaban en reservaciones a los pueblos indios. Aquí sobreviven en nosotros: somos la memoria corporal de esa mezcla, los mestizos nos convertimos en nación. La nación mexicana. Y en esa mezcla, nos ponemos del lado indio porque fue el oprimido, lo que éticamente está bien. Sin embargo, en términos rigurosos, nuestra mentalidad se conformó con la herencia cultural hispánica. Y eso no es una elección, es un hecho. El encuentro violento de estos dos horizontes culturales nos conformó, y gran parte de las paradojas de lo que somos se lo debemos al trágico encuentro de dos mundos. Somos una identidad dividida.

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