La UAZ sin pensamiento crítico ni participación: el dominio burocrático

La UAZ sin pensamiento crítico ni participación: el dominio burocrático

Observamos que la Máxima Casa de Estudios de la entidad tiene nula movilización y ausencia de tejidos organizativos que hace que los temas de interés común no generen organización independiente, como son la corrupción y sus asuntos colaterales, como la transparencia, rendición de cuentas; pero tampoco en el cumplimiento de los derechos laborales o las necesarias reformas a su cuerpo normativo. No hay ciudadanía universitaria. Veámoslo con calma.

Poco después de creada la Universidad como tal, los años que van de 1968 al 71, la institución inicia un camino que va del viejo positivismo dominante en el siglo 19 al pensamiento crítico. Lo cual genera que desde el primer lustro de los años 70’s los universitarios crean una ética del compromiso con los sectores populares y la crítica a las diversas formas de dominación social. En esos años se conformó una vida interna dominada por las llamadas “corrientes políticas”. Las ‘corrientes’ conformaban conglomerados de organizaciones docentes, estudiantiles y de trabajadores diferenciadas por formas ideológicas. Eran tiempos de álgidos debates teóricos en los pasillos y los órganos de gobierno colegiados. Se podían escuchar disertaciones sobre ‘El Capital’ de Marx en las sesiones de Consejo Universitario con brillantez y llenos de emociones orientadas por el imaginario de la revolución social.

Después del 1988, las corrientes decayeron y dieron origen a los “grupos políticos”. Y no eran corrientes político-ideológicas, sino grupos de control de ciertas escuelas o los sindicatos. Lo importante en ese periodo era la pugna por las direcciones de las escuelas y de los sindicatos con el fin de reproducir el poder de grupos de interés internos. Esto mantenía la vida política activa en la totalidad de la universidad, ya que los grupos tenían miembros en gran parte de las escuelas. Los grupos se adueñaron de espacios de conducción de las facultades y, finalmente dieron origen al actual esquema de control político: la burocracia vacía de ideología y con lógicas jerárquicas. La ética del compromiso de los universitarios que mencionamos arriba ya no es ni sombra, ni recuerdo. Perdida de la memoria colectiva. Los grupos que existen son reuniones de controles burocráticos.

La vida colectiva es casi inexistente y la deliberación con ella. Por ejemplo, hay sesiones del Consejo Universitario que tienen cero intervenciones deliberativas: se llega a la sesión, levantan la papeleta de un voto ya pactado y se acabó la reunión. La negación de la democracia. No hay vida democrática real: se obedece a los directivos que a su vez están plegados a una jerarquía centralizada. Los universitarios se han ido a sus cuevas personales a la adoración del individuo en búsqueda de protección. Cuando la UAZ era espacio emancipatorio los estudiantes debatían, leían y se organizaban. Ahora no hay organización estudiantil. Algunos grupos existen, pero la mayoría van por cuotas en la nueva arca de la alianza: la parasitocracia universitaria.

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