Las mega-estatuas y la cáustica irracionalidad en los gobiernos

Las mega-estatuas y la cáustica irracionalidad en los gobiernos

En los actos de gobierno deber haber un mínimo de racionalidad para conservar la legitimidad en el mismo. Uno de los rasgos de la racionalidad es la claridad de fines y acciones socialmente justificadas. ¿Cuál es la finalidad de la construcción de una estatua gigante de una figura religiosa en un acto de gobierno? El fin es ampliamente cuestionable porque se trata de una religión específica. Y el laicismo consiste en que el Estado no se compromete con ninguna religión particular para poder dar lugar a la convivencia de todas las religiones posibles o las creencias no-religiosas. Esto es, el laicismo es la apuesta por la pluralidad. Aun cuando la religión católica es la mayoritaria en nuestro país, eso no quita el derecho de las minorías a ser parte del Estado.

Además, la finalidad de esa acción tiene otro tipo de objeciones, como la hipótesis de que se trata de una estrategia de manipulación ideológica por parte de un grupo de políticos para hacerse de popularidad o de la simpatía de los feligreses y usarlos en las próximas elecciones. Lo cual hace de esa finalidad algo completamente inmoral. Uno de los objetivos que aducen del proyecto es atraer turismo religioso. Estamos en la mayor crisis histórica de la industria turística, que durará por varios años, ¿es el mejor momento para invertir en empresas turísticas? ¡En lo absoluto! Existen cientos de prioridades antes que eso. Con 20 millones de pesos, se pueden financiar hasta 160 iniciativas de emprendimiento en microempresas. Y el empleo sí es una prioridad ampliamente justificada. Así, la finalidad de esa obra carece de justificación política, moral y técnica.

La siguiente pregunta es, si se trata de un proyecto para el desarrollo de Tabasco, ¿cómo van a recuperar la inversión y cuál es la expectativa de obtención de ganancias? No han publicado el proyecto al respecto. La racionalidad en la administración pública implica la deliberación en base a razones y la cuantificación de los medios. Y sobre todo, la adecuación de los medios a los fines. Si la finalidad es la atracción turística para ampliar las opciones de empleo de la región, ¿dónde están los cálculos de los efectos de esa acción? No se ha publicado nada al respecto. Un acuerdo para que el próximo candidato a la gubernatura y el obispo de la Diócesis hicieran el trato, parece a todas luces no un proyecto económico, sino un pacto político. ¿Ya la diócesis tiene candidato?

Los gobiernos van a salto de ocurrencias y con objetivos ocultos. Gobiernan sin una mínima racionalidad y con intenciones inmorales. Ya en Guadalupe se había planeado una virgen gigante, proyecto que al final del día abortó. Se construyó (sin apoyo explícito del gobierno) el niño gigante de Zóquite. Pero no hay evidencia que haya subido sensiblemente el turismo a favor de los zoquititas. Así que la fiebre de las mega-estatuas religiosas parece que no tiene el efecto económico que pretenden otorgarles. Y muy probablemente tampoco el efecto político. Pero sí muestran la irracionalidad de los gobernantes.

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