Los jóvenes mexicanos y el Covid-19

Los jóvenes mexicanos y el Covid-19

Ser joven en México, en el año del Covid-19, se ha convertido en un reto mayor al que enfrenta la mayor parte de la población. Si anteriormente ya les era difícil encontrar empleo, ahora les corresponde a ellos, hombres y mujeres de entre 15 y 29 años, el 25% de los empleos que se han perdido por la pandemia.

Hoy, cuando se celebra el Día Internacional de la Juventud, aparte de vivir y comenzar a abrirse camino en el mundo de esperanzas que se les ha querido ofrecer, ese sector de la población no tiene mucho que festejar. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cada seis nuevos desempleados es menor de 29 años.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018, en México hay 30.7 millones de personas de 15 a 29 años y representan el 24.6% del total de la población.

Para el cuarto trimestre de 2019 la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) informó que 67.3% (10.4 millones) de los hombres jóvenes y 40.5% (6.4 millones) de mujeres forman parte de la población económicamente activa.

Si se considera que en México se perdieron durante los primeros meses del confinamiento obligado, no menos de un millón de empleos, la situación para nuestros jóvenes es poco prometedora. Debe considerarse que en los últimos meses la situación laboral se agravó en todo el país, incluso tomando en cuenta que el Instituto Mexicano del Seguro Social habla de cierta recuperación de plazas.

En el aspecto educativo, y bajo las nuevas modalidades de enseñanza, las dificultades aumentarán, ya que buena parte de los jóvenes harán lo posible por sumarse a la fuerza laboral, para compensar la pérdida de empleo de sus progenitores.

Además, en estos días se ha hecho evidente el cierre de miles de escuelas particulares por incapacidad de los padres de familia para pagar las colegiaturas, lo que induce a suponer que algunos truncarán sus estudios, aun cuando la Secretaría de Educación Pública asegura que abrirá la enseñanza a todos aquellos que hayan tenido que abandonar escuelas privadas.

Así el panorama, los gobiernos tendrán que replantear las políticas públicas de apoyo a la juventud y no tenerlas, como comúnmente ocurre en el país, en niveles secundarios.

Son frecuentes las declaraciones de funcionarios y políticos que ven en la juventud al México del mañana, pero esa visión está equivocada, porque los jóvenes pertenecen al México de hoy y es ahora cuando, actuantes o pasivos, estudiantes o trabajadores, están urgidos de respuestas a problemas cuyas soluciones se han postergado continuamente.

Para saber que las dificultades económicas y sociales crecerán, en el peor de los casos exponencialmente, no hace falta adivinar, sino ver la realidad que vive el país, con grandes fugas de capitales nacionales y extranjeros, escasa inversión, interna y externa, y lo peor, creciente desconfianza entre los inversionistas.

Si en seis meses de confinamiento en el país se han resquebrajado la economía y las finanzas, es muy probable que en los próximos meses los problemas se agiganten, las soluciones se compliquen y la capacidad de maniobra de los gobiernos, el federal y los estatales, resulte severamente menguada.

La “nueva normalidad” practicada por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, hasta hoy con escasa aceptación social, debe armonizarse con todas las fuerzas productivas del país, porque si no se avanza conjuntamente, la discordia entre los sectores aumentará y será una brecha insalvable.

Por nuestros jóvenes y niños bien valdría la pena que el gobierno federal flexibilizara sus posturas y reconociera la necesidad de hacer reformas fiscales para estimular la inversión interna y atraer la externa. En el contexto actual, por supuesto que no bastaría con reformas atractivas para el capital.

La situación también impone otras visiones, como en el terreno laboral, donde habrá que buscar cambios en las relaciones entre patrones y trabajadores, como en los hechos ya se está dando en empresas donde los trabajadores han debido renunciar a algunas prestaciones y hasta a reducciones salariales, todo con el fin de no perder el empleo y las empresas puedan continuar sus operaciones.

En definitivo, ser joven en el México del Covid-19 no es fácil. Todos, gobierno, sociedad e iniciativa privada deberemos asumir con responsabilidad la tarea de construir un país diferente, más progresista y justo.

Las crisis, todos lo sabemos, plantean oportunidades de cambios para mejorar. Ojalá no desperdiciemos la oportunidad, por nuestros jóvenes y niños, nuestro gran presente.

*Director General del ISSSTEZAC

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