La licuadora del diablo: la mezcla de policías y delincuentes

La licuadora del diablo: la mezcla de policías y delincuentes

¿Por qué la policía se corrompe al grado que operan para los grupos criminales? Nos enfrentamos con estudios que señalan que las policías municipales son ampliamente manejadas por ciertos grupos delictivos y entran en las guerras por el control territorial de los mismos. Los narcos más famosos, desde Miguel Félix Gallardo, fueron inicialmente policías. Así, este fenómeno de intercambio y penetración de las estructuras policiales por los cárteles ha sido muy documentado.

Conforme los traficantes de drogas fueron haciéndose económicamente poderosos, después de los 80’s, su poder corruptor fue imbatible. La prohibición de la circulación de las drogas se combinó con la permisión de venta de armas en EEUU, y dicha mezcla resultó más explosiva que la dinamita. Se crearon organizaciones delictivas con poder económico enorme, al mismo tiempo que poder de fuego. El dinero y la posibilidad de quitarle la vida a las personas que se les oponían los convirtió en agentes de la corrupción, ya sea por la atracción del dinero o por el temor a la muerte. Por otro lado, las policías se constituyen de personas con poca vocación y bajos salarios, que están ahí porque no han encontrado algo mejor para trabajar. Si una organización quiere controlar un territorio, y ‘necesita’ cooptar a la policía del lugar, tiene pocas posibilidades de fracasar: policías con poca vocación en un trabajo que le da bajo salario y sin capacidades para resistir al dinero o a la amenaza.

Revertir esta realidad es extremadamente difícil. Se han hecho intentos con pocos frutos prácticos, como el caso de los exámenes de control y confianza, que encarece mucho a los municipios y a los estados los procesos de ingreso de su personal policial, pero en los casos de involucramiento de policías han resultados atrapados quienes habían aprobado dichos exámenes. Ta vez habría que pensar en cambiar completamente el esquema de operación y contratación. Hay quien ha propuesto ciudadanizar la contratación: que las colonias se organicen para contratar a sus vigilantes y los ayuntamientos les paguen; esto es, los colonos contratarán a quien le tienen confianza, conocen y pueden establecer una relación de mutuo cuidado. Además, el personal contratado conocería a los vecinos y eso les daría enorme efectividad en su acción de protección.

En el caso de las policías estatales y federales los mecanismos para conseguir agentes confiables van más por la vía de la profesionalización. Sin ser infalible, la profesionalización llama más a la vocación que una contratación de entrada directa. Decidir ingresar a todo un proceso de formación profesional, que puede llevar alrededor de 5 años implica, en la mayoría de los casos, contar con vocación. Ser policía deja de ser una ocupación de ocasión. A la fecha hay ‘capacitación’, pero no ‘formación profesional’. Este tipo de medidas puede disminuir sensiblemente los casos de cooptación de policías por las organizaciones criminales. Por ello fue tan criticado el método de conformación de la Guardia Nacional, porque integró de forma automática al personal de la Policía Federal y otras corporaciones sin previos filtros confiables, entre otros, la formación y trayectoria de los integrantes. En suma, el tema de la poca confianza de las policías es un problema muy difícil de resolver, pero sin cambio de esquemas de contratación no se podrá lograr.

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