La visión de los vencidos

La visión de los vencidos

Gracias a Miguel León-Portilla se tuvo por primera vez en 1959 La visión de los vencidos, de los indígenas de la conquista de 1519-21, ya que por más de 4 siglos prevaleció solo la visión de los vencedores, los conquistadores españoles. Incluso con loas a su valentía y audacia de que con menos de 500 hombres dominaran a millones de indígenas, y loas al ingenio de Cortés de haber dividido y puesto a muchos indígenas de su lado, contra los aztecas y tlatelolcas.

Y casi todos en Latinoamérica desconocen la conquista árabe sobre España de 710 a 1492, en la que con 44 árabes al frente de bereberes y españoles enemigos del rey español, conquistaron toda España. Con dos diferencias básicas: los árabes fueron tolerantes con las religiones, usos, costumbres y culturas de España, y llevaron la cultura griega y árabe a España y a Europa. En cambio, en América arrasaron con todo a nombre de (su) Dios. Y tuvieron la pretensión imperialista de que la cuenta del tiempo iniciara a partir de ellos, los vencedores.

Sobre la conquista del Congo en África por los belgas en el siglo XIX, un gran novelista escribió, lo que es aplicable también en América:
“No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más, imagino. Eran conquistadores, y eso lo único que requiere es fuerza bruta, nada de lo que pueda vanagloriarse cuando se posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros. Se apoderaban de todo lo que podían. Aquello era verdadero robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres hacían aquello ciegamente, como es natural entre quienes se debaten en la oscuridad”. Joseph Conrad. El corazón en las tinieblas. 1902. Traducción Sergio Pitol.

Volviendo al tema de La visión de los vencidos, ocurre algo similar con las derrotas históricas de los trabajadores: no hay memoria ni registro de los hechos, vaya ni siquiera de sus triunfos, cuando los hubo. No quiero decir que no haya libros sobre el movimiento obrero, pero son muy escasos y pasó de moda escribir de ese tema en las universidades. Después del movimiento estudiantil de 1968 y 71, en los años 70 y 80 hubo un auge de libros, folletos, ensayos y volantes sobre las luchas obreras; círculos y grupos de estudio se formaron en las universidades. Pero 36 años de neoliberalismo acabó con todo, de 1982 a 2018.

En la historia nacional los especialistas suelen olvidarse del papel del pueblo y los trabajadores, es común que nadie mencione los tumultos o huelgas que realizaron los mineros en el siglo XVIII; que en 1810 Hidalgo y Allende al frente de los independentistas no pudieron tomar el cuartel de la corona española, la Alhóndiga de Granaditas, hasta que los mineros de la Valenciana, encabezados por el Pípila, con pólvora volaron las puertas del cuartel; que en la batalla de Zacatecas el pueblo armado por Villa derrotó al ejército de la dictadura, el 23 de junio de 1914, y de paso a Huerta, abriendo un profundo cambio en la historia de México, a la interpretación del pasado indígena y la cultura nacional, a la Constitución del17 y al cardenismo. Justo todo lo que traicionaron y destrozaron los neoliberales.

De la edad de oro del movimiento obrero mexicano, el cardenismo de 1934-1040 (que sigue con fuerza hasta 1944), cuando se triplica el número de trabajadores sindicalizados, cuando de 1935 a 1938 estallan más de 2 mil grandes huelgas y pactan el mayor número de contratos colectivos de trabajo, influyendo la lucha de clases obrera y campesina como nunca en la historia, pocos han estudiado el enorme papel de los trabajadores urbanos y del campo: la visión proletaria.

Las grandes obras del cardenismo fueron precedidas por luchas de todo género, no al revés: la reforma agraria vivió antes el cambio educativo y las huelgas de la Comarca Lagunera de 25 mil jornaleros, lo mismo que las luchas de Yucatán, Michoacán y otros; la organización sindical fue promovida más por los sindicatos nacionales de 1933 a 35, que por la CGOCM de Lombardo, que se sumó a éstos en junio de 1935 para formar el Comité Nacional de Defensa Proletaria, el antecedente de la CTM de febrero de 1936; de 1933 a 37 los petroleros realizan huelgas contra los más grandes monopolios del mundo, la inglesa Royal Dush y la gringa Standar Oil, forman un sindicato único en 1935, donde antes había 19 sindicatitos, igual firman un solo contrato colectivo y hacen la huelga general petrolera en 1937, a todo se opusieron las empresas extranjeras, incluso a la resolución del Suprema Corte, todo lo cual sentó las bases para la expropiación de la industria petrolera de 1938, que de modo consecuente coronó el presidente Cárdenas. La huelga general del SME en 1936, de 6 mil electricistas que dejaron sin luz el centro del país y a 200 mil trabajadores, celebró un contrato colectivo de trabajo (CCT) de vanguardia, estableciendo la obligación del patrón de aplicar el CCT por acuerdo mutuo con el sindicato, la bilateralidad, acabando así con la tradición de “mando y obediencia” que se vivía desde la época de la colonia. Entre otras luchas.

La mayoría de los estudiosos del cardenismo dedican más su atención a la pugna Calles-Cárdenas, que a lucha de clases del sexenio; la primera sin dejar de ser importante no explica el fondo del conflicto. Y es común que hablen de “las masas cardenistas”, como si fueran borregos de la política del gobierno, no protagonistas de primera del conflicto, como fue en realidad.

Hoy estamos peor, por el saldo que dejaron los neoliberales, pero con una gran oportunidad: de que el cambio no solo surja de arriba, del gobierno, sino sobre todo desde los trabajadores del país, que son el motor de la vida y la producción nacional, no solo porque con sus familias sean la mayoría como, sobre todo, porque cuando se hacen consientes, dijo José Revueltas: son capaces de destruir y construir un mundo. ■

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