Ante la crisis: responsabilidad, seriedad, y solidaridad

Ante la crisis: responsabilidad, seriedad, y solidaridad

Se da por descontado que este mundo desigual,
con sus bosques y mares depredados, con su consumismo
delirante, va a poder enfrentar a un agente biológico
que nos está poniendo de rodillas. ¿Seguro? *
Ramiro Escobar Lacruz.
El patógeno humano, El País.

El episodio de crisis que estamos enfrentando como especie frente al coronavirus, nos trae como telón de fondo asuntos que dejamos de atender, y entender y que hoy nos dificultan enfrentar esta catastrófica situación. En los últimos años, profundizamos un modelo económico que menospreció el bien común por priorizar las ganancias de una minoría, cada vez más voraz y menos solidaria, ni con su propia especie, y menos aún con el resto y el planeta. Nuestro primer foco debiera ser el ambiente, el acoso permanente en el que lo mantenemos y el daño insostenible que le propinamos.

Y ahora, frente a un cataclismo de esta envergadura volvemos a encontrarnos con nuestros sistemas de salud, unos sistemas deteriorados, abandonados y en franca desventaja, hasta el punto de la ineficacia absoluta, frente a la pandemia. Es cierto que, ante tal dimensión de crisis, probablemente ningún sistema, por más público, fortalecido y eficiente que se tratase, podría salvarnos del mar de bajas al que parece nos enfrentaremos en próximas semanas, sin embargo, es evidente también que sí en la cotidianeidad éste debilitado sistema público, nos causa incertidumbre, hoy es la causa de la ansiedad colectiva.

Pero no es sólo el modelo económico, nuestra debilidad para enfrentar la pandemia se encuentra también en la política más allá de la economía, en su propia cancha, con la, también virulenta irresponsabilidad con la que hemos ahogado nuestra vida pública de desinformación, noticias falsas, desvalorización de la técnica y la falta total de seriedad de nuestros políticos. Ése ya “arte” de hacerse del poder a través de estrategias comunicativas que han degenerado nuestra conversación pública hasta volverla un mercado de vociferaciones cibernéticas en el que la más creativa y popular de las idioteces se vuelve tendencia hasta silenciar las más responsables y serias voces, nos a pasar factura. Este mismo defecto de nuestra comunidad, nos podría aproximar a un descontrol medible en pérdidas humanas, al volverse cada vez más difícil que las comunicaciones serias y fidedignas, lleguen a las personas y familias, llevándolos a tomar decisiones equivocadas, en momentos en que la información seria, cierta y veraz, es vital. Lo es también la ineptitud de nuestra clase política para hacerse cargo de las crisis: en México (como en todo nuestro subcontinente) las crisis no han encontrado espacios institucionales para su gestión. El propio concepto de gestión de crisis sigue siendo ajeno y desconocido, los expertos, limitados al ámbito de la comunicación, cuando bien nos vaya.

Ante tales escenarios (un modelo económico individualista que debilita nuestras posibilidades comunes y amplia las particulares, y un sistema político como el que sufrimos hoy) corresponde, como muchas otras ocasiones, a la sociedad en su conjunto, enfrentar la crisis con lo mejor de sí: la solidaridad, misma que no puede entenderse esta vez como un sinónimo de cercanía, sino de prudencia, distanciamiento social y mucha corresponsabilidad. No hay mucho esfuerzo qué hacer, sino prestar atención al sentido común: el desabasto solo profundizará la incertidumbre; la imprudencia de no quedarse en casa y atender las recomendaciones de distanciamiento social, podría costarnos la salud y en caso de los más vulnerables de nuestras familias, su vida misma; la irresponsabilidad de compartir información sin una fuente fidedigna, no hará sino debilitar las medidas efectivas frente a la enfermedad.

Sin alarmismos contraproducentes, pero con la responsabilidad, seriedad y solidaridad necesarias, llegó el momento de voltear a ver nuestro sistema de salud, su debilitamiento por un modelo económico como el neoliberalismo voraz y nuestra clase política irresponsable, enfocada en el momento, en las elecciones y no en las generaciones; también en lo que hemos hecho de nuestra conversación pública y nuestra dinámica de comunicación; y finalmente, en la gran oportunidad que tenemos para salvarnos de nosotros mismos y nuestros errores, siendo prudentes, serios y corresponsables.

Finalmente, en el momento de crisis al que nos enfrentamos, decisiones disruptivas, creativas e inteligentes no deben temerse, más vale tener el valor de explicar la preocupación, que evitarla. Los gobiernos deben ser receptivos frente al momento que enfrentan y actuar en consecuencia.

@CarlosETorres_

Disponible en: https://elpais.com/elpais/2020/03/13/planeta_futuro/1584096555_110211.html

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