Neoporfirismo y las expectativas de la (nueva) Revolución Mexicana

Neoporfirismo y las expectativas de la (nueva) Revolución Mexicana

En el discurso del presidente de México se compara al neoliberalismo con el porfirismo. Por tanto, el gobierno contra-neoliberal, se ofrece como un regreso a los principios de la Revolución Mexicana. El paralelismo está en el mensaje político del grupo político que conquistó el gobierno de la república: se ensalza a Madero porque fue la opción de conquista del poder por la vía electoral o democrática. Continuamente se deja ver la idea de renovar los ideales de justicia social del movimiento social y armado que inició en 1910. Si continuamos con el paralelismo encontramos que así como Madero decidió gobernar apoyándose en porfiristas, en este gobierno hay algunos elementos que deben observarse con detenimiento: en la cálculo que hizo el primer secretario de Hacienda del nuevo gobierno, afirma que de los rasgos neoliberales que siguen vivos en la actual administración asciende a un 80 por ciento de medidas del recetario neoliberal, fundado en el empuje de un grupo de empresarios ‘porfiristas’ encabezados por Francisco Romo.

Ciertamente se ha rescatado el discurso de la justicia social a favor de los pobres y marginados. Eso está bien: que se vea como un mal la desigualdad y pobreza producido por estructuras sociales injustas. Y que el Estado tiene la obligación de eliminar. En México ahora mismo tenemos uno de los países más desiguales del mundo y con un problema de movilidad social bastante serio: el 74 por ciento de los pobres así permanecerán las siguientes generaciones. Además, con una economía global financiarizada que deja en problemas las decisiones soberanas en tema de economía. En los tiempos de la Revolución se exigía el reparto de tierras porque teníamos una población mayoritariamente rural y la fuente de la vida económica era la tierra, por ello, eliminar el gran latifundio (que venía desde la colonia) se veía como el mecanismo para lograr la justicia social en el país. Ahora las cosas son muy distintas, pero la pregunta es la misma: ¿cuál es el mecanismo contemporáneo para lograr la justicia social en México? Esa pregunta se traduce en otra: ¿Cómo redistribuir la riqueza de forma sostenida con el efecto de mejores niveles de desarrollo humano?

Actualmente no es un asunto de reparto agrario, sino de construir una estructura económica equilibrada. Ahora tenemos una donde un 15 por ciento de personas tiene altos ingresos en empresas fuertemente productivas, contra una masa de trabajadores que tienen percepciones bajas y bajísimos niveles de valor. El acto revolucionario ahora mismo es, ¿cómo lograr que la masa de trabajadores mexicanos labore en emprendimientos con altos rendimientos e ingresos? Al mismo tiempo que se garantizan los derechos sociales más importantes, como salud y educación para todos los mexicanos. Queremos un gobierno que logre estos objetivos revolucionarios de justicia social amplia. Así las cosas, la cuestión es, ¿qué se hace para lograr esta nueva estructura económica? Aun no lo tenemos muy claro, pero lo que sabemos es que el ‘porfirismo’ pervive en los nuevos carrancistas que están dentro del gobierno federal. En 1915 fue derrotada la fracción popular de la revolución (Villa y Zapata), ¿qué debemos hacer para que ahora triunfe?

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