Cielo

Cielo

La Gualdra 409 / Río de palabras

 

Se ha despedazado el cielo con un trozo de zapato que se ha caído desde el sueño de una rebelión. Eso es lo que me dice Sarah en cuanto despierta. Afuera continúa lloviendo. Repite: se ha despedazado el cielo, y entonces comprendo que no me lo dice a mí porque yo no estoy ahí. Estoy en otro lugar donde todavía es de noche, a siete horas de distancia. Un lugar que habla en otra lengua. Recorro en mi cabeza su oración y creo que en realidad dijo: o céu se despedaçou. O puede ser que no, que yo haya imaginado el enunciado; que ella haya imaginado la frase y me haya imaginado a mí aun sin conocerme. O en realidad soy un robot de un planeta lejano que sueña con escribirle poemas. Con escribirle en sus piernas y su espalda soplando ligeramente desde una tinta invisible palabra por palabra hasta construir una ciudad con sus magnolias y sus plazas. Quizá de eso se trata escribir, no de contar historias sino de edificar lugares para que la gente viva. Es probable que nosotros estemos viviendo a través de un relato que han cifrado seres extraterrestres o máquinas autómatas tipo Terminator. Es probable que seamos una simulación dentro del ordenador de un niño marciano que nos ve como hormigas y que aburrido de nuestros fracasos nos ha dejado a nuestra suerte. Pero bien a bien no lo sé, especulo, porque eso puede lograrse por medio de la escritura. Uno puede inventar un método para alcanzar la velocidad de la luz o para sumergirse en el fondo marino y pescar un Kraken para participar en la Feria Internacional de Cazadores del Kraken y luego filmar un thriller sin diálogos; una película vanguardista que no sea entendida por el espectador hasta que este mismo se descubra como parte de la trama cuando ya sea demasiado tarde para saberse como el principal y único sospechoso de algún crimen que no estaba en el guion. Tal vez en esta parte del relato haga falta un héroe, uno sin superpoderes, un héroe más bien con pinta de despistado que solo esté dispuesto a apagar el interruptor de la máquina que nos deje a oscuras y sin saber el final de la película. Ese hecho puede entonces salvar al espectador de ser apresado equivocadamente. Si existe el cielo, no uno judeocristiano ni musulmán, sino uno lúdico y abierto a todas las posibilidades, debería parecerse harto a la Literatura. Podría ser un texto donde puedan coexistir una infinita cantidad de géneros. Donde el cielo despedazado que cae en este instante sobre la casa de Sarah y mi cualidad robótica de escribir poemas, puedan encontrarse en un abrazo, en un beso, en un estrechamiento de palabras.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_409

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