La sociedad, en deuda con la niñez

La sociedad, en deuda con la niñez

Una de las tres principales festividades anuales en el calendario escolar es el Día del Niño, en la que con gran entusiasmo participan autoridades escolares, padres de familia y los gobiernos estatales, municipales y federal. Los otros dos grandes festejos son los dedicados a madres y a maestros.

Además de las autoridades escolares, otros dos sectores que se involucran en el homenaje a la infancia son los medios de comunicación, asociados publicitariamente con los comerciantes, porque se trata de una festividad comercializada al máximo. Solo en la Ciudad de México, donde habitan 2.5 millones de niños, la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), calculó que se gastaron más de 2,353 millones de pesos en restaurantes de comida rápida, aparatos electrónicos, ropa y calzado, juguetes, cine y centros de esparcimiento.

A pesar de ser una festividad predilecta, en el México actual es mucho lo que a la niñez le adeudan el Estado y la sociedad, porque es insuficiente dedicarle un día al año, cuando la dolorosa realidad nos dice que, en promedio, 3.1 menores de 0 a 17 años son asesinados diariamente. El Estado mexicano y la sociedad está en deuda con la niñez.

Si bien en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, y en la Convención Sobre los Derechos del Niño, está consagrado el Interés Superior de la Niñez, en la práctica este principio casi es inexistente.
El Interés Superior de la Niñez es un principio jurídico amplio que, entre otros, incluye estos dos principios: El derecho que tienen todas las niñas, niños y adolescentes a ser considerados prioridad en las acciones o decisiones que les afecten en lo individual o en grupo. El otro principio establece la obligación de todas las instancias públicas y privadas a garantizar su desarrollo integral y disfrute efectivo de sus derechos.

Cuando vemos niños “en situación de calle”, niños que trabajan, en la ciudad o el campo; niños obligados a desertar a la escuela por pobreza o por lejanía de los centros escolares; cuando existen niños violentados, abusados sexualmente o que en casos extremos son asesinados, debemos admitir que el Interés Superior de la Niñez es un derecho plasmado en instrumentos jurídicos, pero no práctica obligatoria de las instituciones públicas y privadas ni de la misma familia.

Los festejos por el Día del Niño y de la Niña inducen a revisar las dificultades que sufre ese sector, que con 38.8 millones de personas entre 0 y 17 años constituye 30.1% de la población mexicana, casi un tercio.

Datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) señalan que en el primer trimestre de 2019 ocurrieron 285 homicidios dolosos contra menores de hasta 17 años, o sea 3.1 asesinatos por día, de los cuales 29 fueron feminicidios de niñas o adolescentes.

En los últimos tres años, las agresiones sexuales contra menores aumentaron 39%, ya que de 2 mil 81 incidentes en 2015, los ataques subieron a 2 mil 919 en 2018. Debe puntualizarse que de cada 10 de estos casos, ocho son cometidos por algún familiar de la víctima, lo cual demuestra que la familia falla tanto como el Estado mexicano.

Es cierto que esta situación tiene un entorno social ensombrecido principalmente por los grupos de la delincuencia organizada, pero también por personas ajenas a las mafias.

El gobierno federal también es omiso por no adherirse cabalmente al espíritu del Interés Superior de la Niñez, como se vio al reducir 16% el presupuesto para el Sistema DIF nacional, recorte que afecta directamente a las procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes.

Similar omisión fue cesar las aportaciones federales a las guarderías infantiles que antes financiaba la Sedesol (ahora Secretaría de Bienestar), lo que obligó al cierre de centenares de guarderías infantiles en todo el país. Al cambiar las reglas de operación para las estancias infantiles, no solo afectó fuentes de trabajo, sino a millares de familias que, con el apoyo directo que ahora reciben, no pueden mantener en las estancias a los menores.

Constantemente presenciamos protestas de toda clase de grupos sociales que se unen en la defensa de sus derechos, lo mismo feministas que de las comunidades englobadas en las siglas LGBT, abortistas o antiabortos, protectores del ambiente, de los derechos de los animales, pero ¿quiénes marchan por los derechos de la niñez, y contra su acoso, violencia y asesinato? ■

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

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