Los recortes a programas importantes: ¿veraces y justos?

Los recortes a programas importantes: ¿veraces y justos?

Hemos presenciado recortes (absolutos y relativos) en programas e instituciones clave para el desarrollo humano del país: educación superior, sobre todo en las áreas de investigación que se financia por vía del Conacyt; las estancias infantiles que ahora mismo comentaremos; los centros de especialidades médicas, como el de nutrición, cardiología y oncología; a cultura, con énfasis a la eliminación de estímulos fiscales a creadores; y una retahíla de reclamos que han visto en las redes y diarios nacionales. En todos los casos se argumentan malos manejos y corrupción.

Ahora que ya se es gobierno se debe cumplir con una serie de procedimientos que dotan de legitimidad las medidas de este tipo. Igual que en la arena de la administración de justicia, antes debe demostrarse que se es culpable, y después se dicta la sentencia. Es anómalo que se emita sentencia antes de investigar, demostrar la culpabilidad y permitir que el inculpado se defienda. La analogía es válida, porque en todos los casos de recortes, se cierra el presupuesto a ciertos programas sin que se haya publicado un diagnóstico con reglas claras antes de realizarse, y sin haber dado oportunidad de que los señalados de malos manejos justifiquen o se defiendan de la acusación recibida, para que la medida de recorte sea justificada y a la medida del problema. Esa es una obligación básica de cualquier gobierno. No podemos caer en la política de “primero fusílese y luego averígüese”.

Si una supervisora va a una Estancia Infantil y no encuentra a un número determinado de niños, no puede deducirse de ahí que son ‘niños fantasmas’. Se debe solicitar la justificación de su ausencia. Al final del día, se debe hacer pública una relación de irregularidades respaldadas en procedimientos validados. Pues bien, nada de esto hemos visto que ocurra. El Estado de Derecho, en una palabra, es eso: debido procedimiento. Lo cual no es para nada gratuito, cada paso tiene su objetivo tanto para garantizar justicia como veracidad. En suma, sin esto, las acciones no estarán validadas como veraces ni justas. Y acciones de este tipo terminan deslavando al más popular de los gobiernos.

Todos los ciudadanos estamos de acuerdo en atacar y combatir la corrupción, claro está. Y celebramos que el nuevo gobierno tome esa bandera en sus manos; sin embargo, queremos que se haga con veracidad y justicia. El recorte al prestigiado Instituto de Ciencias Médicas Salvador Zubirán, por más de 147 millones de pesos, el instituto que forma especialistas para todo el país, y una de las fuentes investigación biomédicas más importantes de América Latina, ¿también es por malos manejos? Igual con el Instituto Nacional de Cardiología y el de medicina genómica, y el Nacional de Neurología, y el de Pediatría. ¿Se probaron malos manejos? ¡Nada se ha demostrado! El panorama de los recortes indica una política donde ya se decidió el destino de los recursos y ‘después’ se balbucean razones en pretendidos actos de corrupción. Se recurre a esa razón porque está socialmente muy legitimada. Pero es riesgoso recurrir a esa razón sin asegurarse y demostrarlo: la propia bandera de la corrupción será trivializada. Queremos un gobierno íntegro: que actúe con limpieza y con prudencia y con veracidad y con justicia.

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