Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía

Marco Antonio Campos y los territorios de la poesía
Marco Antonio Campos. Foto de Pascual Borzelli Iglesias.

La Gualdra 372 / Literatura

 

 

 

 

 

I

Marco Antonio Francisco Campos Álvarez Tostado (Ciudad de México, 23 de febrero de 1949) es el nombre completo de Marco Antonio Campos, quien es poeta, cronista, narrador, ensayista y traductor. Lo primero es que hay que conocerlo por su poesía; y, segundo, recordar que es el principal organizador del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, el más importante en su género de México, que se realiza anualmente desde 1999 y, en Morelia, ha tenido dos estancias fructíferas y se puede resaltar esa condición extraordinaria para rendir homenaje a Alí Chumacero, Eduardo Lizalde, José Emilio Pacheco, Hugo Gutiérrez Vega y Tomás Segovia; desde luego, en estas lecturas promueve la presencia de autores novísimos y contemporáneos; homenajea autores de otras latitudes: Juan Gelman, Luis García Montero, Nuno Júdice, Stefaan van den Bremt; igual, rinde homenaje a Elsa Cross, promueve un reconocimiento a Gaspar Aguilera Díaz y en el 2018 se lleva a cabo el merecidísimo homenaje a Sergio Mondragón.

Al poeta Marco Antonio Campos –nombre con el que firma su literatura– hay que reconocerle directrices de la poesía propia, la suya, y la que corresponde a las traducciones y llegar al encuentro de su condición de escritor excepcional. Como recordar que su nombre en el terreno de las traducciones se asocia a esa larga tradición mexicana de poetas traductores: Alfonso Reyes, Octavio Paz, Jaime García Terrés, José Emilio Pacheco y Guillermo Fernández.

La poesía es la primera condición que permite anotar esa directriz a partir de poemas fechados del año 1970. En éstos se encuentra una respiración densa y profunda. Por lo mismo en sus poemas conserva intacta su novedad lírica. La primera vez que publica Poesía reunida es en 1997, en una bella edición que en aquel momento, si no se le ha había leído, se puede afirmar que la sola edición resulta ser definitiva, la carta de su presentación; la segunda compilación corresponde a la que impulsará como definición suya: El forastero en la tierra, que, igualmente, abre con poemas de 1970, y ese corte corresponde al siglo XXI, al cerrar con poemas del 2004, cuando ha llegado a los 55 años. Estos momentos definen su biografía literaria y la presencia generacional. Es parte de una misma presentación para reconocer sus viajes, la evolución de su voz, visitas a ciudades mexicanas y extranjeras, o situar homenajes dedicados por él tanto a ciudades que son entrevistas o visitadas, así como por dedicatorias a amigos y reconocer que su voz es una poética del ir y venir, constante y en movimiento.

Los títulos individuales publicados de su poesía hasta la fecha son los siguientes: Muertos y disfraces, Una señal en la sepultura, La ceniza en la frente, Los adioses del forastero, Viernes en Jerusalén, asimismo, Monólogos, Dime dónde, en qué país y De lo poco de vida. Por eso, hay que confirmar que la novedad de 1997, al publicar Poesía Reunida, incluye ese corte y registra la primera etapa; la siguiente –como ya anotábamos– El forastero en la tierra consagra la búsqueda, el ejercicio de la poesía como esencia de su biografía secreta, decantada. Por esto y otras razones es reconocido como uno de los mejores poetas de México y difusor cultural. Recientemente –en 2017– la editorial Visor Libros México lanzó como primer número de su colección de poesía su libro Dime dónde, en qué país, junto a los poemarios de los premios Nobel de Literatura Wislawa Szymborska y Tomas Tranströmer. El siguiente hecho notable y ya visible por poemas traídos por él a nuestro idioma, con rigor poético ha traducido a Baudelaire, Arthur Rimbaud, André Gide, Antonin Artaud, Roger Munier, Emili Nelligan, Gaston Miron, Umberto Saba, Ungaretti, Quasimodo, Georg Trakl, Stefaan van den Bremt.

Hay que recordar que estudió leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y ha sido lector de poesía en las universidades de Salzburgo y Viena, profesor invitado de las universidades de Buenos Aires y de la Plata, e impartió la cátedra Rosario Castellanos en la Universidad Hebrea de Jerusalén; ha recibido premios y distinciones tanto en México como en el extranjero. En 2004 se le otorgó la Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda. Es miembro de la Academia Mallarmé, de Francia, desde 2005, y miembro del Seminario de Cultura Mexicana, desde 1999. En el orden de los géneros literarios practicados por Campos, la poesía es la mayor de sus expresiones literarias, y el resumen de su exploración directa con el idioma, donde descubre mejor sus ritmos, o registra su plenitud y determina la búsqueda de su huella poética.

 

II

Una vez ubicado generacionalmente, lo que sigue es la lectura de sus poemas y partir de la Poesía reunida que determinar su presencia y el primer paso, sería revisar la reunión de sus poemas que dice se terminó de imprimir el 2 de mayo de 1997. En esa primera compilación figuran cuatro títulos publicados, asimismo, incluye el inédito: Los adioses del forastero –una década más tarde– será seguido por el prominente poemario: Viernes en Jerusalén.

Sin dejar de lado al ensayista que tiene otras presencias, respetado en el medio literario de México, es además celebrado por su condición de cronista y narrador, e igualmente registra un legado importante para la tradición de las letras mexicanas. Por esto nos interesa su condición de poeta y presenciar a través de sus versos la revelación del idioma. La nota a la poesía de su autoría, lo lleva a escribir en unos de los párrafos que, “el caso de este libro es curioso –se refiere a la primera reunión poética–: es un conjunto de poemas que se ha estado haciendo por más de veinte años desde que publiqué el primero en Muertes y disfraces”. Esta nota remite al primer título que data de 1974. Obviamente, resulta interesante ya que han pasado 23 años; si vamos a aquel Muertes y disfraces descubrimos que esa pasión lírica está dedicada a Alí Chumacero y lleva un epígrafe que dice mucho de su condición inaugural y que mantiene para los siguientes años; el primer poema tiene una referencia directa de Pablo Neruda: “Cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo” para recordar que esta línea es extraída del discurso de Estocolmo de 1971.

Sigue Campos escribiendo en su propuesta poética: “igual al joven que fui sigo intentando escribir una poesía hecha con el corazón y la sangre, libre lo más posible de decoración o galas y anhelando con humildad que el lector pueda sentirse conmovido con algún poema o verso”. En este poema afirma: “La poesía no hace nada./ Y yo escribo estas páginas sabiéndolo”. Es, posiblemente, por el título, una declaración de inicio, un desafío –posiblemente– y marcar su propia presencia literaria.

“Un ideal mío –anota– sería escribir una poesía que se correspondiera mínimamente con las lápidas verticales que brillan bajo el sol de Grecia, donde con una concesión de dibujo se resume la historia de una persona”. Esa historia: ¿tiene que ver con el sol de Grecia? ¿Nos lleva a un encuentro lejano? Creo que si pensamos en lo que heredó para las letras mexicanas don Alfonso Reyes o decir que resulta fulgurante ese ejercicio, implica reconocer una presencia de una tierra tan remota como actuales, pensar en aquel Homero, o recordar otros poetas que aportan en esta etapa de la modernidad un sol más bien mediterráneo y sucede por poemas de Elytis y surge la identidad de que Campos más bien es un poeta viajero.

“Yo he querido –sigue la poética a sus poemas– equilibrar, sobre todo en los últimos tiempos, las luces y sombras de la casa del mundo con las luces y las sombras de la casa del alma. Acaso, sin yo quererlo mucho, se desplacen más las sombras”. Estas palabras privadas o públicas, designan su poesía, permanecen ante la lectura, toman presencia atribuidas a ese mundo y a esa sombra y en parte sus versos dicen con mejor precisión una imagen en concordancia con lo que expone: “Para transmigrar/ hurtó infiernos a la imaginación/ vedados a los otros…”; el poema “Creación del Poeta o Malinterpretación de Blake” está dedicado a José Emilio Pacheco.

Hay que matizar que la poética de Marco Antonio Campos parece extensísima, pero es breve en realidad, dice: “he querido que haya más nombres propios para que el lector imagine o reconozca esos sitios que quizá le digan algo”.

 

 

 

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