Saúl Ordóñez Es ante el horror, la maldad, el vacío, cuando la poesía es necesaria

Saúl Ordóñez  Es ante el horror, la maldad, el vacío, cuando la poesía es necesaria

En esta ocasión volvemos al averno y nos encontramos con otro escritor mexiquense, Saúl Ordóñez quien nació en Toluca en 1981. Como cualquier otro, sobrevive a la embestida del tiempo actual por lo que antes de ser poeta es una persona que vive poéticamente el desgaste de ser persona. Fiel a su época, la angustia en sus poemas es inevitable y el descenso a su infierno personal a través de su obra es una promesa que sacude cualquier zona de confort.

Armando Salgado: Saúl, todos los que escriben poemas tienen una definición poética, la cual puede ser propia o reconstruida hasta consolidarse. ¿Cuás son las costuras que han hecho al poeta que hoy está frente a nosotros?
Saúl Ordóñez: He reflexionado mucho acerca de qué es la poesía, tanto desde la filosofía como desde la poesía misma. Hago mía la concepción de Octavio Paz, quien define al poema como la conjunción de la música y de la imagen –no las figuras retóricas, sino imagen de mundo. Creo que los términos propuestos por Paz son, en esencia, los mismos que Aristóteles, en su Poética, exige a la poesía trágica y, podemos extender, a toda la poesía y todo el arte: poiesis, creación, artificio, y mimesis, imitación de una verdad vital universal. En el discurso poético predomina la función estética del lenguaje, se trata de crear belleza mediante el uso de la palabra, pero también hay que decir algo sustancial, aunque sólo se trate de la importancia de una carretilla roja, barnizada por el rocío, junto a los pollos blancos. La poesía es, sobre todo, música, canto, artificio, y juicio moral sobre el mundo, entendido como juicio de valor, como valorización. No creo en la poesía que no sea canto y que no responda a la gravedad de la vida. En este momento, en que la sociedad sufre una general crisis de sentido, toca a la poesía, al arte, a la filosofía, crear sentidos, si bien frágiles y provisionales, pues los absolutos desembocan en el totalitarismo.

AS: Alejandra Pizarnik te pregunta en su poema Cold in hand blues: qué es lo vas a decir y qué es lo que vas a hacer si sólo dices algo y si te ocultas en el lenguaje porque tienes miedo, ¿realmente, Saúl, el poeta escribe para comprender sus miedos?, ¿importa el lenguaje poético ante la vida volátil?
SO: Ya lo decía al final de la pregunta anterior, ante la crisis de Occidente, que es una crisis de sentido, toca a la poesía, el arte, la filosofía, a las humanidades en general, crear sentidos. Ahora bien, hay que preguntarnos qué poesía y qué arte son capaces de ello, y entonces vuelven los dos términos: poiesis y mimesis. El arte debe, ante todo, regalarnos una experiencia estética, conmovernos, movernos. Desde las vanguardias, la experiencia estética no quiere decir únicamente experiencia de lo bello, pero yo creo, como propone Gadamer, en la actualidad de lo bello, aunque se trate de una belleza convulsa. El problema es que hay falso arte donde no hay poiesis, creación, artificio, que es dominio del lenguaje, y no hay mimesis, no hay mensaje o éste es pobrísimo. Podría dar muchísimos ejemplos, mucho falso arte contemporáneo trata de repetir el gesto que hace un siglo agotaron las vanguardias, y no comparte su intención de cambiar la vida, sino que sólo obedece a las veleidades del mercado, lo cual es un gran problema. Lo mismo ocurre en la poesía: hay textos que carecen de musicalidad, que están mal escritos, cuyo contenido es fútil o que pretenden, de plano, prescindir de la palabra, cuando la riqueza del signo lingüístico no la posee ningún otro lenguaje. No son poemas; Gamoneda niega que exista la mala poesía, porque “eso” simplemente no es poesía.

AS: ¿Para qué diablos escribir cuando aparentemente todo está perdido?, ¿por qué un lector tendría que leer tu obra?, ¿es porque eres distinto a las personas que lloran, maldicen, sonríen, cargan celular, pasean perro, pelean por un asiento en el transporte, se jactan de alcohol, se cansan del gobierno y hasta de sí mismos?
SO: Contestaré esta pregunta en dos partes. Adorno afirmó que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. No estoy de acuerdo, es precisamente después de Auschwitz, es decir, ante el horror, la maldad, el vacío, cuando la poesía es necesaria. Ahora bien, escribir o leer poesía no necesariamente nos hace mejores seres humanos –de hecho, el mejor arte se hace con los peores sentimientos, porque muestra la fragilidad, es decir, la esencia humana¬–, uno bien puede escribir y leer poesía y ser un hombre miserable, ejemplos abundan. Sin embargo, el acercamiento real al arte de cierto nos hace más humanos, no porque nos enseñe algo, la tarea del arte no es didáctica, sino porque primero nos conmueve, nos mueve y nos regala mundo. No es tarea del arte dar respuestas, sino plantear preguntas, especialmente las preguntas incómodas.
Aquí va la segunda parte de mi respuesta. No escribo porque soy distinto. No soy distinto: yo también lloro, maldigo, sonrío, cargo celular, paseo al perro, peleo por un asiento en el transporte, me jacto del alcohol, me canso del gobierno y de mí mismo… Lo único que podría hacerme distinto es que escribo poesía. ¿Por qué?, no me lo pregunto. Para mí, consumir y crear arte son necesidades vitales, al igual que la filosofía, que también nace del asombro. Ahora bien, mis vivencias, pasiones e ideas no le interesan a nadie; lo que está en mis poemas es de interés porque no es mío, es decir, porque, a través de una estrategia de ficcionalización, de la poiesis, el artificio, cobra una existencia autónoma que bien puede tocar a cualquiera, ser universal. El individuo no importa, importa la obra.

AS: En esta modernidad donde todo parece desplomarse, tanto las creencias como las explicaciones de nuestro mundo se reducen a un instante de satisfacción, ¿crees que el arte puede cambiar al mundo, que la poesía cambia a las personas?, ¿escribir te hace mejor?
SO: No, ni escribir ni leer nos hace mejores. No per se. Puede movernos y conmovernos, puede ayudar a hacernos más humanos, al regalarnos mundo, puede cuestionarnos, puede contribuir a nuestra formación, cierto. Pero también es cierto que hay grandes lectores y escritores que son detestables.

AS: El poeta, ¿escribe libros de poemas o libros de poesía?
SO: Sobre lo que discutíamos esa noche, ambos modos son válidos: uno puede construir un libro reuniendo poemas que nacen de manera aislada o diseñarlo como una unidad temática o estilística. A mí me ha funcionado mejor lo segundo. También es cierto que cada libro, y cada poema, propone e impone sus propias reglas y la labor del poeta es obedecerlas.

AS: La poesía, Saúl, esa bestia arcaica bien podría tener infinidad de cabezas. ¿Podrías describir las cabezas que hasta el momento has escrito en cada uno de tus libros, y así brindarnos una cartografía personal en torno a tus publicaciones?
SO: Antes de describir las cabezas de la hidra, me gustaría decir el corazón mortal de la bestia, para mejor apresarla. Puedo afirmar que mi obra ha sido una búsqueda del otro, sin el cual no podemos, no tenemos un rostro. Pero, viéndolo mejor, ha sido una salida, un alejamiento gradual de mí mismo que sigue una trayectoria en espiral, por eso se alternan libros “autobiográficos” y otros que miran hacia afuera. Mas todos obedecen a estrategias de ficcionalización –la poiesis, el artificio, la literatura– sin las cuales no tendrían interés alguno. La literatura no se escribe con sentimientos ni ideas, sino con palabras; lo cual no quiere decir que los sentimientos y las ideas tengan que estar ausentes, sino que son secundarios. Mi vida sólo me importa a mí y a quienes me rodean estrechamente; la obra es autónoma para ser universal. Paradójicamente, en el arte, a diferencia de la filosofía, lo universal se logra a través de lo particular. El autor, como individuo real, carece de importancia.
En Museo vivo todos los poemas están relacionados con obras de arte. El libro está concebido como una exposición donde el poeta es el curador y ofrece una visita guiada al lector. Algunos poemas hablan de las obras, de sus personajes, de sus autores, son más o menos écfrasis; otros hablan de los sentimientos despertados en ese sujeto ficcional que se llama “yo” por la visión de las obras.
Jeffrey es una novela en poemas sobre Jeffrey Dahmer, “El carnicero de Milwaukee”. Siempre me han interesado los asesinos en serie como síntomas de una sociedad enferma. Pero, en este caso, Jeffrey me sirvió para explorar el no reconocimiento al otro y del otro. Es un personaje que me es, no sé cómo decirlo, como una herida, algo en carne propia y doloroso.
Variaciones sobre un tema con algo de Lope para Coral Herrera y petite maman nacieron a partir de retos planteados por esa mujer a quien amo tanto, maestra, segunda madre y amiga. Toda mi obra ha sido también un diálogo con Coral, un intento de seducción. El primer poemario es un mero juego retórico, un ejercicio de escritura. El segundo me sirvió para explorar, a través de la vida y obra de Louise Bourgeois, el complejo de Edipo y su relación con la escritura; pero está más relacionado con Coral que con mi madre verdadera.
Entre heces y orina explora las relaciones entre el lenguaje –lo simbólico– y el cuerpo –lo real–. Usualmente olvidamos que, como dice la cita de San Agustín que da título al libro: inter faeces et urinam nascimur, nacemos entre heces y orina, y vivimos entre ellas. Es decir que, pese a la sublimación y la represión y demás estrategias encantadoras que evitan que nos destruyamos, seguimos siendo animales. Antes que un ser de razón, el hombre es un ser de apetencias.
Finalmente, Libro de memoria, como su nombre lo indica, es un intento por recuperar el pasado, el cual, como tal, está muerto, irremediablemente perdido. El pasado es un invento del presente para lanzarnos al futuro, una ficción necesaria y necesariamente frágil. Si somos nuestra historia, somos una bonita ficción. He ahí por qué es necesario escribir poesía, para continuar la ficción que nos mantiene vivos. Pero el juguetito se sale de madre y resulta mucho más interesante e importante que su creador.

AS: Por último, Saúl, dinos si prefieres salir a caminar a los parques o qué otra cosa prefieres —además de escribir— para estar solo y sentirte bien contigo:
SO: Cuando estoy solo, me gusta leer y escuchar música, y veo mucha tele-basura. Pero prefiero no estar solo; prefiero una buena plática alrededor de un café o una cerveza, con no más de un par de amigos.

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