Cuatro meses y cuatro babys

Cuatro meses y cuatro babys

El tema <<reggaeton>> ha estado muy latente en los últimos tiempos en la agenda feminista, tachando el género de misógino y discriminador, pero el tópico se ha vuelto a posicionar en la mesa de debate debido al boom de los nuevos éxitos reggaetoneros, que a decir de muchas, la letra de dichas canciones se reviste de una actitud machista que encumbra a la mujer como un objeto sexual desechable.

Pero pensémoslo con la cabeza bien fría: la música como cualquier otra expresión cultural es el reflejo de un proceso antropológico de identidad. Digámoslo de otra manera: la música, como el teatro, el cine, la pintura, la danza y las demás bellas artes, reflejan  -a través de un proceso técnico-  una visión y un sentir personal o colectivo sobre situaciones particulares que se viven a diario en la sociedad.

Acusar a una canción de ser misógina por sí es ilógico; la música es sólo el resultado de una conducta reiterada en nuestro diario vivir. Y las acusaciones que recaen sobre este género musical latino, debería llevarnos a hacer un recuento sobre la historia musical que se ha encargado de abonar al acervo de canciones que promueven conductas machistas, o ya se nos olvidó que el máximo ídolo zacatecano de musical regional cantaba “cuatro meses me voy a estar contigo, cuatro meses me voy a estar con otra y los otro cuatro, contigo, con otra y otra.”, o qué decir del exordio de su éxito La del morral, que versa “vieja huarachuda, pata rajada, talón agrietado, presumida, te pintas el cachete con pedazos de papel de china colorado y vienes a presumir de que usas bilé”. Antonio Aguilar entonó tantas veces estas canciones y entonces, preguntémonos si por el simple hecho de cantarlas,  no sólo era machista, sino que creía en la inferioridad de las mujeres que viven en las zonas rurales de México, aunando a ello su poca fe en la monogamia que rige la institucional matrimonial en nuestro país.

Condenar al ídolo de Villanueva o absolverlo no está en nadie en particular, simplemente es un referente local y nacional para demostrar que la perspectiva de la mujer como un ente temporal, sexual e indigno, siempre ha estado latente en nuestra sociedad, pero no culpemos ni al género, ni a los intérpretes; mejor sería voltear a nuestras propias familias, donde las tareas domésticas las sigue desempeñando la figura femenina del hogar y la provisión económica familiar recae aún sobre el varón. Mejor sería voltear a nuestras relaciones de pareja donde la mujer tiene que pedir permiso a su novio/esposo para salir a tomar un café con sus amigas. Mejor sería voltear a vernos introspectivamente cada vez que vemos a una mujer caminar por la calle con un bonito vestido primaveral y la tachamos de exhibicionista y moral endeble. ■

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