Bajo tu hechizo (UYS)

Bajo tu  hechizo (UYS)

A propósito del 14 de febrero, les comparto un cuento de amor que escribí hace algunos años inspirado en una canción que me dedicaron en una noche lluviosa, espero y sea de su agrado.

Una espesa y fría niebla cubría el bosque aquella noche, las siluetas de los árboles se veían  inertes como negros fantasmas, contemplaban la luz de la luna reflejada en la nieve que cubría la hojarasca, apenas se distinguían unas huellas acompañadas de gotas de sangre que dibujaban de rojo carmín el paisaje de por sí fúnebre, era la sangre de Sebastián el lobo, que caminaba solo y sigiloso como siempre lo hacía, a diferencia  de otras veces esta vez caminaba herido de cuerpo y corazón, la herida física fue provocada por las garras de un enorme oso, esa herida a pesar de ser mortal no dolía tanto como la que llevaba en el corazón; después de internarse en el bosque al fin encontró un lugar donde disponer su cuerpo agonizante para esperar la muerte,  mientras lamía sus heridas recordaba a la luna que tanto amó, flagelaba el corazón con ese recuerdo, las bestias salvajes no tienen un dios a quien acudir cuando tocan fondo y necesitan una respuesta, lo único que sabe es que tiene un puñal clavado en el corazón y no sabe cómo sacarlo para terminar de desangrarse o cómo clavarlo hasta el fondo y así tal vez tener un final más digno, por su mente sólo pasaba el recuerdo de esa noche que pasó con la luna, esa noche cuando miró su luz, una luz a la que adornaban las nubes, la adornaban como adornan los encajes los muslos de una mujer, fascinado le aulló con desesperación tanto así que logro captar su atención, la luna jamás veía a los lobos, pero esta vez algo sintió que tuvo que voltear a ver los ojos de aquella bestia que la miraba tan profundamente, sintió que podía perderse en esos ojos como en un abismo, sintió unas profundas ganas de probar aquella carne terrenal  y prohibida para ella, lo acercó a su luz para cubrir su mirada y llevarlo a bailar una melodía sincronizada con los latidos de su corazón, jugaron juegos que el lobo no sabía que se podían jugar, sucumbió ante aquella música y aquella luz que por primera vez lo hacía sentir calor en las entrañas, en un instante se convirtió en una criatura algo estúpida, ya no pensaba en otra cosa que no fuera en la luna y sus encantos, ese efímero instante en el que pudo sentir algo parecido al amor ablando ese tempano de hielo que tenía como corazón, hizo un espacio para guardar las caricias y las melodías, de alguna manera se avergonzó de su pasado, quería  un bello lugar para ese momento, quería merecer algo bello por una vez en su vida, no se daba cuenta que no era más que un lobo que camina solo por el bosque y no pretende nada más que respirar la niebla y buscar alguna presa para destrozar con sus colmillos, olvidó por completo que era una bestia con instintos asesinos. En ese momento sólo disfrutaba del aroma de los pinos y de un paisaje que antes no había visto de esa manera, pensaba en el momento de encontrarse con su amada y sentir su luz nuevamente, esperó la noche para encontrarse con ella, subió a la montaña más alta que encontró, parecía que su sombra se fusionaba con aquellas filosas rocas cuando llegó a la cima, sus aullidos se podían escuchar en todo el bosque, llamaba desesperadamente a la luna, su corazón latía tan fuerte como los tambores de los nativos de los alguna vez huyó para salvar su vida, pero no obtuvo respuesta, la luz que lo cubría era hermosa pero frígida, esa luz que sólo era un reflejo no podía producir calor esta vez, la luna indiferente hizo caso omiso al llamado de su lobo al que había seducido la noche anterior.

Sebastián no podía creer  que era la misma luz que lo cubrió antes, buscaba una respuesta, él no entendía que para la luna sólo fue un juego, que ella jamás perdería el brillo por un animal salvaje, no se atrevió a mirarlo, no pasó por su mente dejar de ser la luz que todos admiran, ella sabía que detrás de que aquella luz no había más que una roca horrible y fría, para no verlo más se ocultó en la sombra que la eclipsa cuando no tiene ganas de mirar a los mortales, Sebastián sintió como si un puñal atravesara su corazón, al fin se dio cuenta de lo que él era y de lo que pretendía,  corrió de ese lugar, pensó que podía huir del dolor, no sabía si huía de la luna o de él mismo, hubiera dado su vida por ella y pensó que era suficiente, pensó que algo valía su patética existencia, para la luna no valió nada y ahora para él tampoco valía algo una vida con el corazón vacío, corrió hasta que sus patas sangraron, estaba lejos de su territorio, cuando se dio cuenta de eso ya estaba frente a un enorme oso que se sintió invadido, en ese momento odiaba lo él que era y  vio en aquel oso una solución, se abalanzó contra el sabiendo que era una pelea perdida, pero cuando tienes el corazón roto nada importa, solo quieres autodestruirte, no veía una razón para seguir respirando, el oso no sabía nada solo era un instrumento del que se valió Sebastián, sin dudarlo le atravesó las costillas con sus garras, cuando rebotó en el piso ya con el cuerpo ensangrentado, el oso lo miró con algo de compasión, le dejó ese instante para despedirse de él mismo y del bosque que fue lo único que alguna vez le perteneció; así fue como finalmente terminó en ese lecho mortuorio que escogió como última morada, su cuerpo ya sentía ese frío que se siente cuando se deja este mundo, sus últimos respiros fueron para ella, la única noche que sintió amor fue efímera, como su vida, como las estrellas fugaces que veía en el verano sentado en las montañas, pero el amor es eterno, no se pude desprender del alma, los nativos de ese bosque siguen contando la leyenda del lobo, la cuentan en las noches y dicen que se pueden escuchar sus aullidos, algunos aseguran haber visto su silueta mirando al cielo cuando hay luna llena, tienen la creencia que cuando cualquier criatura ama de esa manera se vuelve eterno, cuando es correspondido viaja por el bosque eternamente con su amada y cuando se rompe en mil pedazos como Sebastián, vaga solitario hasta encontrar  los trozos que quedaron de su corazón, casi siempre es una búsqueda inútil y eterna, por eso las almas que aman siempre son diferentes a las demás.

“Muchas veces te dedique mis letras sé que nunca  leerás, pero es como de alguna forma mantengo vivo algo que fue hermoso, el amor por más trágico que sea siempre es hermoso y guarda historias increíbles como la nuestra”. ■

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