Sobre la crítica y sus estafas

Sobre la crítica y sus estafas

Inercia

La semana pasada, este periódico publicó una columna de opinión que lleva por nombre “Nuestros jóvenes escritores y otras estafas culturales”, de Óscar Garduño Nájera, en donde expresa un cuestionamiento por la literatura joven contemporánea de México. En su primera observación, el autor señala que: “estamos frente a una generación de escritores que habla más de lo que escribe y que por lo tanto podemos calificar de bocona (…), nos presumen sus lecturas, sus autores europeos, esos frente a los que terminan por arrodillarse para convertir la sana admiración literaria en un fanatismo (…).”

Ante tales aseveraciones resulta interesante detenerse un poco, y analizar si es que dichos argumentos son ciertos o responden, irónicamente, a una simple actividad de desahogo. Esto con el objetivo de propiciar el tan invocado pero poco ejercido diálogo…

 

Que hagan de su vida un papalote

Sobre los escritores mexicanos contemporáneos se puede decir mucho, sobre todo en la parte de las relaciones públicas; y no sólo de los escritores, sino de todo el círculo artístico de nuestro país, que se caracteriza por varias condiciones que Garduño Nájera indica, como que “lo suyo son los reflectores, las tantas conferencias que puedan impartir sin saber gran cosa de lo que hablan, las presentaciones de libros, los halagos y los compadrazgos, los cócteles de borracheras que se presumen, el ligue intelectual…”

Sin embargo, cada quien es libre de hacer de su vida cuánto le plazca, en las áreas que mejor le acomoden. El problema radica no en la otredad sino en lo propio, es decir ¿por qué nos incomodan semejantes actitudes? ¿es que no son cualidades que todos podemos exhibir en determinadas circunstancias?

Un artista difícilmente podrá serlo si no tiene un interés particular por ser el centro de atención de los demás. La egolatría es una de los elementos que mueven la creación, por ejemplo, pensemos en Vincent Van Gogh, aun con su excentricidad y la falta de reconocimiento público que tuvo en vida, la autoadmiración lo llevó a pintar unos de los más bellos autorretratos en la historia del arte.

Muchas de las actitudes del círculo artístico, no sólo de México sino del mundo, son una mera representación de esa autocontemplación que el creador tiene de sí mismo, y que se esfuerza en materializar de uno u otro modo.  No obstante, no es algo exclusivo de los artistas; todos tenemos algo de eso y lo evidenciamos, por ejemplo, al expresar nuestra opinión sobre algún tema o persona.

 

¿La crítica? ¿Qué es eso?

Garduño Nájera dedica mucho espacio a describir las actividades de los supuestos escritores, tales como: “la fanfarronería de la lectura como un gran mecanismo cultural que no sólo les otorga un status social sino que además les sirve para humillar a quien se deje porque, pobrecitos, no saben de lo que hablan (…), autores sin lecturas, escritura con falsos horarios y disciplina impuestos sin escritura, sin más horarios que los de las citas para hablar de sus producciones literarias mediocres, sin más disciplina que la de cargar la bolsa del mandado con tres caguamas, tomarse fotografías a lo idiota, subirlas al Facebook y opinar de cuanto les sea posible, desde ese altarcito donde los colocan cientos de ingenuos lectores, de los excesos y las adicciones como primer defecto no moral sino existencial de quien ahí justifica las tantas y tantas propuestas literarias flojas, de escritores que niegan la “mexicanidad” en sus libros…” entre muchas otras.

Por muy cercano a la realidad que nos parezca, lo que el autor del artículo comenta es precisamente lo que él mismo juzga: una necesidad de opinar de lo que le es posible. Y como dije líneas antes, tenemos libertad para hacerlo, hay que aprovecharla, pero a la par se tiene que hacer uso de la crítica, actividad que se ha malentendido.

Actualmente, hay una tendencia a justificar la crítica como un método para adjetivar algo como “bueno” o “malo” a conveniencia. Los parámetros para dar estos dictámenes suelen ser arbitrarios y parecen obedecer sólo al impulso de descalificar. Da la impresión de que importa más la opinión propia que lo que realmente hay en la lectura de aquello que se desea criticar; esto es demostrable en quienes no indican obras y autores, ni exponen abiertamente cómo hicieron para llegar a semejantes conclusiones, o peor aún, no hay un interés de abrir el debate para discutir los argumentos, no con la pretensión de ganar sino de aprender.

Se nos ha hecho creer que hacer crítica es simplemente decir lo que uno piensa… Pero eso sólo equivale a un porcentaje muy pequeño de la crítica. En realidad se trata de un ejercicio en el que, lo primero por hacer es preguntarse si realmente estamos haciendo crítica y después de responder afirmativamente, desglosar con amplitud el sujeto de dicha práctica a la par de nuestras observaciones.

Garduño Nájera afirma que la literatura está en una de sus peores crisis, y de ser así, se debe a que la crítica en esta materia siempre ha estado en crisis, pues no se efectúa con objetividad. ■

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