¿Por qué agoniza Morena en Zacatecas?

¿Por qué agoniza Morena en Zacatecas?

En anteriores análisis hemos observado algunos de los problemas que tiene el naciente partido Morena, como es el caso de la relación hiper-jerárquica en su estructura de mando, al grado que lo hemos calificado de “centralismo porfiriano”. Y eso señala un problema en las arenas de las élites partidarias. Sin embargo, ahora observamos otro problema, pero que atañe a la composición de las bases de esta institución política. El perfil de las bases es algo esencial en el análisis: su origen, ideología, expectativas y mecanismos de integración. Morena, en su origen, atrajo a universitarios y organizaciones civiles o sociales de antigua tradición en las izquierdas. Atraídos por el discurso anticorrupción de la dirigencia. Conforme pasó el tiempo, el partido requirió de un mayor número de afiliados para justificar el registro ante las autoridades electorales. Como algunos de los dirigentes tuvieron pasado en los partidos de gobierno (PRI y PRD) tenían el contacto con “punteros”, es decir, con líderes de comunidades y colonias populares que son parte de las clientelas electorales de los partidos-gobierno. Con algunas agrupaciones de ese tipo completaron los números para el registro. Pasó un tiempo y parecía que eso se había desactivado. Sin embargo, conforme se acerca el proceso electoral más competitivo (para este año que se renuevan gubernatura, municipios y legislatura local), algunos grupos de interés al interior de los partidos al verse desplazados, emigraron a los partidos más jóvenes para encontrar candidaturas libres, y quedar dentro de la distribución de los lugares en las próximas administraciones.

En el caso de Morena Zacatecas, los grupos que llegaron no fueron tanto de las izquierdas, sino del PRI. Es decir, punteros con controles clientelares se apresuraron a entrar para ocupar las candidaturas. Aun cuando el método interno de elección tiene bondades (es un mecanismo integrador, donde casi todos alcanzan lugares), la distribución parece efectuarse entre los diversos grupos que pueden movilizar clientes. Otro elemento muy importante, es el mecanismo de integración de estos grupos: lo hacen alrededor del candidato a gobernador. Esto es, su lógica de acción es el cálculo de colocación, por ello, se integran apoyando al que va a distribuir los espacios de mando. No tienen contenidos ideológicos o intereses sectoriales, sino el fin u objetivo es uno: colocarse. Con este fluido de militancias, la composición interna se hace de una mixtura explosiva: izquierdistas con cargas ideológicas versus clientelas con lógica pura de colocación y con tradición oficialista. El enfrentamiento ha sido intenso. Pero entre los punteros (líderes de clientelas) hay también conflicto, y este es por la competencia de los puestos. El domingo pasado observamos un pleito campal entre grupos de punteros, donde se golpearon acusándose de mutuas exclusiones. Un espectáculo troglodita, parecido a las mafias de los años treinta.

Pues bien, la pregunta interesante es la siguiente: ¿qué lugar adquiere el discurso contra la corrupción (centro de la propuesta política) ante la invasión de punteros? Más aún: ¿qué posibilidades existen de que este partido invadido por clientelas de tradición oficialista, combata la corrupción al llegar al poder? ¡Ninguna! Justo la corrupción nace y se desarrolla en estructuras de protección; es decir, formas sociales que basan su existencia en el intercambio de recursos por lealtad. Es imposible que una organización política conformada con esa estructura combata la corrupción cuando toma el poder. Porque justo buscan el poder para aprovechar la renta pública, no para protegerla. Con esa realidad, ocurre una paradoja: lo que es Morena (como proyecto político) agoniza ante el éxito de Morena (como agencia electoral). Es decir, su proyecto político se muere porque cae en manos de esas formas electorales. El monrealismo convenció a la dirigencia nacional de que dará la única gubernatura a Morena para el proceso del 2016, y por ello, la dirección nacional les concede todas sus peticiones, las cuales han caminado en dirección de eliminar la disidencia. El llamado monrealismo se ha convertido en un conglomerado de grupos de punteros, y que ven como una amenaza a los izquierdistas con carga ideológica. Las consecuencias están a la vista: mecanismos de exclusión de la disidencia izquierdista. Por ello agoniza en Zacatecas el proyecto político de Morena, aun cuando en las encuestas aparezca competitiva electoralmente. Por ello, era muy importante para este partido cuidar su política de ingreso, crear mecanismos creativos en el tema, sin embargo, nada de esto se hizo y por consecuencia ha sido infectada por una plaga de punteros que van a succionar sus posibilidades electorales mientras, con ello, muere el proyecto político. En suma, Morena-Zacatecas agoniza. ■

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