Escuelas públicas y privadas: alto contraste

Escuelas públicas y privadas: alto contraste

El debate sobre la calidad educativa en las escuelas públicas y privadas se ha desatado desde hace varios sexenios, particularmente a partir de Salinas de Gortari, donde se dio un fuerte impulso a los establecimientos privados. A la fecha, recordamos los recursos públicos que Calderón desvió para propiciar el crecimiento de los colegios y universidades privadas. Pero esta predilección afecta desde permisos y presupuestos, hasta la promoción en la percepción ciudadana de la escuela privada como la mejor posicionada en la calidad. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que las simples intenciones de la alta burocracia del Estado, adicta y procedente de la educación privada.

En las últimas décadas, no sólo en México sino en toda América Latina, la cobertura en la educación básica ha crecido de tal forma que ha llegado a umbrales cercanos a la universalidad. Esto significa que las capas más pobres o vulnerables de la población se han incorporado a la educación formal de niveles básicos; pues bien, son justamente las escuelas públicas que concentran hasta 92 por ciento de la absorción de toda esta nueva matrícula. Y esto a su vez significa que los alumnos que viven en hogares donde los adultos tienen menos de seis años de escolarización, fueron absorbidos por la educación pública. Por tanto, por un lado, la relevancia social de la escuela pública es mucho mayor que la privada, pero también es la que tiene concentrados los mayores retos, porque todos sabemos que el origen social de los alumnos es una condición que influye en su aprovechamiento escolar, dado que la pobreza es madre de la desnutrición y de la descapitalización social, que a su vez, son elementos enemigos del buen aprovechamiento académico. También, la educación pública carga con los alumnos con mayores probabilidad de deserción y rezagos en edad. Es el caso de los alumnos de bachillerato que trabajan y no son de tiempo exclusivo para las escuelas, que también se concentran en las escuelas públicas.

En suma, en la educación pública se recargan los riesgos, las causas de vulnerabilidad y los obstáculos; y sin embargo, eso no hace en automático que sean establecimientos de menor calidad. En los resultados de las pruebas Enlace (pruebas estandarizadas), dado el escenario arriba pintado, uno esperaría encontrar resultados muy positivos en las escuelas privadas y superiores a las escuelas públicas; pero no es así: donde se encuentran los mejores resultados son establecimientos públicos. Y además, en los concursos llamados ‘olimpiadas del conocimiento’ (en el caso del bachillerato), 90 por ciento de los asistentes y premiados, son de preparatorias públicas. Y faltaría hacer una comparación de otros indicadores de calidad distintos a la reducción de las pruebas estandarizadas. En conclusión, lo que se muestra es que a pesar de tantos obstáculos, las escuelas públicas en nuestro país, salen adelante gracias al enorme esfuerzo de sus profesores. Lo que lleva a pensar que las autoridades deberían ver cómo apoyan a los docentes, y no cómo los culpan y amenazan laboralmente.

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