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martes, 7 diciembre, 2021

64 Legislatura: el secuestro de la representación popular

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Por: La Jornada Zacatecas •

Pese a que se tienen muchas excepciones, no es gratuito el desprestigio que tienen los diputados en la población. En los estudios de confianza y de imagen, los representantes populares que legislan están al final de la fila. Los diputados no sólo concentran desconfianza, es algo más: desprecio. Abusivos, altos ingresos, poco trabajo, aduladores con los caciques políticos y poco (muy poco) productivos. Todos los epítetos usados para referirse a los diputados, en la 64 Legislatura son descripciones realistas.

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La parálisis legislativa es una muestra de la calidad de la clase política: en plena crisis de descomposición de los partidos políticos. ¿Qué determina el comportamiento de los diputados? ¿El interés de sus representados? ¿La preocupación de los problemas públicos? Supongamos que así es, que a los diputados de la 64 Legislatura les preocupan los problemas públicos del estado de Zacatecas. Pues si esto fuera así, les urgiría que hubiera comisiones para gestionar los temas candentes del momento: la comisión de educación para revisar la nómina magisterial y estudiar soluciones desde el legislativo; la de gobernación que retome el problema del impago y la profunda crisis del Issstezac; la necesidad de revisar temas de los municipios y los llamados a resolver la integración del gabinete. ¿Por qué los diputados autoanulan su función?

En los grupos parlamentarios no hay ‘líbero arbitrio’, sino dependencia de instrucciones de los jefes políticos internos o externos al Congreso. Eso es notorio no sólo en las decisiones estratégicas, sino en las intervenciones de los representantes: una calidad del discurso que es para clamar al cielo y pedir perdón. La extrema mediocridad de esta Legislatura es para guardar en la memoria. Nunca habíamos tenido una Legislatura que hubiera trabajado para la inmovilidad.

Si los diputados hicieran una consulta en sus distritos o con la población que tiene problemas, quedaría claro que no tienen el menor interés en el pueblo de Zacatecas, su preocupación es seguir las instrucciones de sus élites para que los tengan en su consideración. Al pueblo le han secuestrado sus representantes que han pasado a ser agentes de las élites políticas.

Así las cosas, tenemos una oposición que quiere posiciones que no han ganado en las urnas y un grupo mayoritario sin liderazgo ni proyecto. Los zacatecanos estamos en la indefensión: los ‘tomadores de decisiones’ no están sentados en las curules. Los pocos legisladores que tienen experiencia y planteamientos serios están aislados y atomizados, sin grupo parlamentario o excluidos del mismo. Esta situación es un caso para estudiar: cómo el caos en la clase política elimina la calidad de los gobiernos y trastorna la administración pública. Los grupos dirigentes no tienen idea o proyecto: querían tener el poder del Estado, ¿y para qué lo querían? Como los canes cuando alcanzan las camionetas, al llegar a ellas no saben para qué las perseguían. Y esa fata de idea, provoca comportamientos despóticos en la integración y funcionamiento de la administración pública: las voces que piden claridad son acalladas con amenazas y miedo. Este sexenio apenas empieza y faltan 72 meses o 26,289 días (menos 30).

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