Por supuesto que no se trata de hacer leña del árbol caído. Pero las cosas hay que decirlas como las vemos, como las percibimos. Patética. Tragicómica y por demás inverosímil resultó ser la escena en que él ahora exdirector de Materiales educativos, Marx Arriaga se aferró a su espacio. Amachado, obsesionado a su silla y a su oficina se negaba a abandonar el cargo del que ya lo habían desconocido. Así, resistió cuatro días con sus noches, hasta que una vez que le fue entregado el oficio de su desconocimiento que pedía para retirarse, abandonó su trinchera de lucha apoyado por los comités que el creó para la defensa de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), de la que se atribuye su paternidad.
Si el atento lector desea conocer sobre su personalidad, una aproximación a este polémico personaje puede ser lo que de él escribió Luis Hernández en su columna “Circo en la SEP. Ni a cuál irle”, del martes 17 de este febrero en La Jornada. Si hay alguien informado es este periodista como coordinador de información que es de este diario citado, quien sobre Arriaga menciona: “Marx Arriaga tiene graves trastornos de personalidad. Es un funcionario público que se cree líder magisterial; un empleado estatal con aspiraciones de predicador; un filólogo que sueña con refundar una ambigua y etérea pedagogía liberadora; un coronel sin tropas, pero con salario [y vaya que cobraba un buen salario, apenas por abajito del de la presidenta, agregaríamos nosotros], que fantasea con tomar el cielo por asalto; un peleador callejero al que los estilistas dejan fuera de combate; un apóstol del obradorismo elegido por nadie; un misionero que anuncia el nuevo mundo de manera estridente y vociferante”. Perdón por la larga cita. Para Luis Hernández Navarro, Marx Arriaga es un mesiánico lunático.
La forma como se le fue a comunicar su destitución, no fue la mejor. Personal del Departamento jurídico de la SEP acompañado de gendarmes se presentó a su oficina para notificarle su despido. Pudo haber sido una provocación deliberada en la que Marx cayó redondito y la vio como “un área de oportunidad” para armar, protagonista como es, su show visto en cadena nacional.
Nuestro personaje salto a la fama gracias al azar. Comenzó a construir su leyenda a partir de que fue sinodal de la tesis doctoral de la esposa de López Obrador. Esta relación lo llevó a la Dirección de Bibliotecas dependiente de la Secretaría de Cultura. Al transferirlo al puesto de director de Materiales Educativos siguió ganando protagonismo. En ese espacio más que el diseñador de los libros de texto gratuito como se le presenta, fue el responsable y coordinador de su elaboración para su publicación, pues los verdaderos diseñadores fueron los especialistas de los contenidos plasmados en los textos. Si bien se convocó a asambleas de profesores de todo el país para que aportaran ideas e hicieran propuestas. De esta forma surgieron los nuevos libros de la NEM que resultaron ser muy cuestionados por tener errores, fechas equivocadas y contenidos polémicos al aludir acontecimientos de la guerra sucia y del caso de los desaparecidos de Ayotzinapa. La derecha y grupos conservadores opuestos a la educación sexual como históricamente ha ocurrido, por medio de sus voceros los tachan de ideologizados y de usarse como instrumento para el adoctrinamiento de los niños. Otra critica de la que no se salvaron fue el que en lugar de las materias tradicionales los libros se organizaron para que sus contenidos sean abordados por proyectos. Esto hizo que los aprendizajes de las matemáticas terminaran diluyéndose al incorporar casi de manera marginal los contenidos esenciales (significativos) de esta materia. El resto de las materias como tales, también desaparecieron. La mejor defensa que asumió Marx Arriaga, fue la de responder a sus críticos que los errores que contenían no pasaban de veinte y que más que fallas representaban” áreas de oportunidad”.
Arriaga no solo fue desobediente y rebelde frente a su jefe el secretario de Educación. Ignoró a la misma presidenta al no incluir en los libros información sobre las mujeres heroínas de nuestra historia.
Con su actitud, Arriaga, sintiéndose quizá un fiel y digno heredero de su homónimo, “el viejo topo”, autor junto con Engels del Manifiesto Comunista y de El capital, asumió más que el comportamiento de un funcionario, el de un rebelde. Se sintió a lo mejor con ínfulas de guerrillero y revolucionario tomando por banderas la defensa del humanismo mexicano plasmado en la NEM y los principios del obradorismo. Denunció en su micro lucha de resistencia, que lo que hacía la SEP y su titular Mario Delgado era favorecer a la derecha y a los empresarios de las editoriales que hasta su llegada a la Dirección que encabezo habían hecho del CONALITEG y del diseño y venta de los libros de texto gratuitos su gran negocio.



