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miércoles, 8 febrero, 2023
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‘Viejos comiendo sopa’. Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 2022 [Fragmento]

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Por: JAVIER ACOSTA •

La Gualdra 556 / Premios / Libros / Poesía

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La mayoría de los poemas son malos,
pero son poemas.
Antoine Compagnon

 

DE LA ESTACIÓN Y EL KIGO —UN BORRADOR—

Un poema es una fuente de rigores.
La belleza lo es.
Las estaciones del año, también las de la vida, tienen sus rigores.

::

El primer gorrión del año es un kigo.
También la flor del cerezo (sakura),
el uguisu (ruiseñor japonés)
y el primer avistamiento de la ballena:
frutos de la estación, que no le sobreviven.
Irse, volver, volver a irse:
gorrión, flor de cerezo, arpón, uguisu,

::

El kigo no sobrevive a la estación; el haiku sí.
La estación no sobrevive a sus rigores;
y nada de lo vivo a los rigores de la vida;
el rigor sobrevive, no la estación,

::

la belleza es el raro destello que desprende
lo que tiene el oficio de apagarse;
de ahí el asunto de lo impermanente,
de ahí el mono no aware, tan
traído y llevado en los manuales.

::

La vida se abre paso en mí, a través de mí. También la muerte.
Mi cuerpo es la semilla de un cadáver, así como fue fruto
del esperma y el óvulo. ¿Podría decirse que el embrión
se abrió paso a través del esperma y el óvulo?

::

La primavera se despide:
los pájaros lloran –incluso a los peces
les saltan las lágrimas…

Escribió Basho.

::

Vuelve la primavera.
Vuelve el haikú.
Vuelve la flor y vuelve el ruiseñor;
vuelve el arpón, no la ballena.

::

No vuelve la manzana a la rama del árbol que vuelve a dar manzanas.

 

MADAME RIMBAUD SIRVE UN POQUITO MÁS DE SOPA
DE CEBOLLA A SU HIJO POETA

Observemos el caso de Rimbaud, orillado a dar una respuesta a su
madre —aquejada, concluyo, de un hermenéutico desasosiego
por el sentido del poema.

Así habrá sido, ya en persona, en la merienda:

—¿Qué has querido decir, hijo mío?
—Lo que te dije por escrito. Todo,
en todos los sentidos posibles.

—¿Qué no has querido decir, entonces?
—Nada, en todos los sentidos posibles.

—Di la verdad, sé bueno.
—Mamá, ya está, te lo repito,
es una apuesta a todos los jodidos
sentidos
del querer decir.

—Cuida esa boca. ¿Quieres un poco más de sopa de cebolla?
—Poquito, sí.
—A ver, a ver. ¿Un poema no escrito está también
no escrito en todos
los sentidos posibles?
—Pero mamá, haces que se me quiten
las ganas de escribir.
—¿Así o más de sopa?
—Así, ya sabes que detesto
los platos hasta el borde.

::

La apuesta fue callar en todos los sentidos; la apuesta fue el callar de
todas las especies,
aún de la pasada por escrito; no, no,
la apuesta fue trabar un mal arreglo si se quiere
entre el querer y el no querer decirlo todo.

 

«NO LES PERDONO, BAJO NINGÚN PRETEXTO,
QUE NO SEPAN VOLAR», DETERMINÓ GIRONDO

Pero a estas alturas,
quisiera amablemente disentir y declinar
su en eso sí irreductible parecer: opto
por uno, una, que no anduviera al pendiente
del perdón de uno, una, poeta —o no poeta.
Opto por uno, una,
que en su caída libre, sin haberlo aprendido,
la desplumara la absolución impersonal
de la caída libre —o que se desplomara
sin meter las manos y se cayera como uno,
de hocico en las palabras o en un tiro de mina,
en el tropiezo de existir —o
a mitad de un poema, también, en su caída
libre de poesía, sin alcanzar siquiera
a meter bien las manos como una,
de hocico, que no sabe volar.

 

ENTRE LAS VOCES QUE LO HABITAN HAY MÁS
DE UNA QUE NO CABE EN SU CABEZA

Pero ya le había preguntado en mi cabeza:
¿Tú sabes cuándo voy
a como tú
volar?
le dije en esta forma de caerme de hocico
¿Cómo
tú sabes cuándo? Él era él y yo
oficiaba de pájaro que el viento de cabeza
puso; sin excepción, el viento ama casi cualquier cosa
que empolla, se marea y cae.
De dientes para afuera dijo: No sé
ni me interesa, ¿sabes?,
no sé si así viniste a dar aquí, en mala hora
o tú, o yo: no cabemos los dos
en mi cabeza: dijo en mi cabeza.

 

INCLINACIÓN AL ESCRIBIR

Inclinación de quien no pide la palabra.
Al contrario de hablar, como quien cede la palabra.
Agachar la cabeza para oír esta voz que no sabe
sino hablar por lo bajo.

Mírala, pobre,
de tanto oír
se queda afónica.

::

Opinó William Carlos que escribir es una posición, principalmente.
Inclinarse a emborronar unos renglones,
a pasarlos en limpio algunas veces.
No la inclinación para amarrarse las cintas del zapato.
La inclinación de quién levanta la caca de su perro.
La inclinación para intentar de nuevo, ahora sí
insertar un hilo ensalivado en una aguja,
a la hora en que comienza a bostezar
la rota pila de los calcetines.
La inclinación de quien clava una bandera,
como Neil Armstrong en la luna,
no; inclinarse
como para beber el agua turbia en el último charco.
Inclinarse y ya está, para quizá escribir, es la escritura.

 

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL), y el Gobierno del estado de Tabasco, mediante su Secretaría de Cultura, informaron el pasado 17 de diciembre que el ganador del Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 2022 es el poeta y académico zacatecano Javier Acosta, por su obra Viejos comiendo sopa (Universidad Autónoma de Sinaloa, 2021).

Este libro obtuvo previamente también el Premio Nacional de Poesía Juan Eulogio Guerra Aguiluz 2020, convocado por la Universidad Autónoma de Sinaloa; el jurado en esa ocasión estuvo conformado por Elisa Díaz Castelo, Claudia Berrueto y Luis Jorge Boone.

 

 

Sinopsis

“Si la vida se despoja de lo que vive para realizar su palimpsesto estacional, escribir es entonces el desvanecimiento de la escritura y la inmensidad es el vuelo trazado por la mente que finge serlo en el tiempo disfrazado de río para nuestro corazón, ese lugar vacío de coordenadas, «donde solo se ve lo que es oscuro» y en el que miramos a un dios «caer como ceniza en la ceniza de la noche». Ante la dislocada comunicación entre lo terrenal y lo divino, Viejos comiendo sopa es la poesía que camina sobre el fuego en medio de un acto de fe o un gesto de sobrevivencia. Desde su andar, Javier Acosta nos entrega su voz encendida como un paisaje que habita el ojo de la aguja; un desfiladero iluminado por la pasión de pensar en el alma y sus imposibles soportes”. Editorial de la Universidad Autónoma de Sinaloa[i]

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra556

 

[i] Sinopsis tomada de https://editorial.uas.edu.mx/VerLibro.php?id=350

El libro Viejos comiendo sopa, de Javier Acosta, se encuentra a la venta directamente en la editorial de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Los interesados en adquirirlo deben mandar correo electrónico a la siguiente dirección: [email protected]

 

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