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miércoles, 5 octubre, 2022
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Hacia una metamorfosis poética

■ [Sobre Soplo de vida. Antología de animales]

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Por: Conrado J. Arranz •

La Gualdra 543 / Libros

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Soplo de vida es, como indica literalmente el subtítulo, una antología poética de animales. ¿Supone un elemento central la taxonomía de estos?, ¿es una forma subrepticia, metafórica, de referirse a las y los escritores que tienen el don de la expresión poética? El título parece dibujar en sí mismo un enigma o un embrollo, que, sin embargo, alcanza después —gracias al prólogo de su editora y a la lectura—, cotas de una mayor profundidad simbólica. Y es que la idea del “soplo de vida” adquiere sentido al atender la etimología latina de “animal” —recordemos que es un préstamo— como un “ser dotado de soplo vital” y, por tanto, animado, porque la palabra “animal” es familia de “ánima”, de alma. Es una antología, entonces, de poetas construyendo palabras para capturar el alma, para dar vida.

Lo anterior nos pone en alerta ante los significados profundos que esconden el uso de las palabras y los vínculos que establecemos con otros seres animados. Podemos desplazar significados, y caer en la banalización, adoptando expresiones coloquiales como, por ejemplo, “¡qué animal eres!”, para referirnos a las personas que no hacen un uso adecuado de la razón; o, por el contrario, como ocurre en muchas comunidades originarias del actual territorio mexicano, estrechar nuestra vinculación anímica con los animales, hasta convertirlos en protectores de vida, en tona o chanul, o pensar cuánto de esta animalidad nos comprende a partir de la existencia de los naguales en la tradición oral. En fin, estamos animados por una fuerza interior que nos otorga vida a soplos, necesitamos de esta para sobrellevar la existencia, y las palabras parecen conformarse en ventana secreta para acceder a ella.

Ese subtítulo, que al final resulta tan metonímico, encierra también una nueva relación conflictiva de la autora con el propio género al que alude: la antología. Es este uno de los géneros más personales y, por tanto, más políticos, un género que implica una selección de unos poetas, unos poemas, unos temas y unas perspectivas y, por tanto, no de otros u otras. Seleccionar implica descartar. Requiere entonces de una enorme valentía, también de sensibilidad y, por supuesto, de saber. En este sentido, como vemos en el prólogo y en la edición, Weselina Gacinska, la responsable principal de la orquestación de este libro, tiene mucho de las tres. Ella es traductora, profesora e investigadora literaria; filóloga hispánica de origen polaco, formada en la Universidad Complutense y en la Autónoma de Madrid, en donde se tituló con una tesis doctoral en torno a la obra de Juan Rulfo, desde una perspectiva antropológica y literaria de la muerte, perspectiva de análisis que comparte con la ecocrítica, corriente teórica de estudios de la literatura a la que se adscribe con el prólogo de este trabajo. 

Pero volvamos a la difícil y arriesgada selección, porque quizá el hecho de que sea una antología de animales y no de poetas es una forma también de afrontar la presión consustancial al género. Como confiesa Gacinska, primero seleccionó a poetas radicados en México y en España, luego los invitó a escribir tres poemas de dicha temática —los animales—, sin darles muchas más explicaciones, para no condicionar el acto creativo. De entre los tres poemas, la antologadora haría una nueva selección: escoger dos que pasen a la antología. Por último, una nueva y arriesgada decisión: ordenar; porque ordenar, provoca que unos se lean antes que otros, y esto tiene repercusión en los lectores. Tal es la responsabilidad.

Para el orden, Gacinska elige una fórmula a priori algo ecléctica, diplomática: el alfabético por apellido de autora o autor. Parece que vuelve a escurrirse entre las difíciles lides de la selección y del orden, pero es algo lógico: por lo pronto, opta por que los dos poemas de cada poeta estén juntos y, de paso, porque no haya arbitrariedad en poner a unos delante de otros. Sin embargo, este orden no se corresponde para nada con el excelente análisis que la filóloga hace en el prólogo. Allí, toda la obra, todos los poemas juntos, todo el corpus, como una sola pieza, es objeto de análisis, de interpretación, de taxonomía, de caracterización, de las estrategias que cada poeta emplea para afrontar un “diálogo” con lo animal, un diálogo que podríamos llamar extrínseco (las relaciones entre ser humano y animal, como especies) e intrínseco (cuánto de ellos nos contiene). Así, muestra una pauta indirecta de lectura, cada uno de nosotros establecerá su propio orden, su propio sentido, sus caminos.

La larga nómina de autoras y autores entrevera a algunos más nóveles con otros ya laureados y reconocidos en el circuito. Óscar Pirot, Ana Pérez Cañamares, Pedro Martín Aguilar, Maricela Guerrero, Sesi García, Berta García Faet, César Cañedo, Lucía Cupertino, Alberto Guirao o Elisa Díaz Castelo, por citar algunos. De esta última, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020, es “Perspectiva”, por referirnos también a algún poema. En este, la joven poeta presenta una gradación a partir de la observación, a priori inocente, de las moscas; hacia la mitad hay un juego de espejos, de cristales —como los que forman las ventanas en que se golpean— que sirve para plantear un posible paralelismo con las ambigüedades de nuestro tiempo actual; concluye con un efecto de extrañamiento para el lector, en el que se abre la posibilidad de que alguien nos esté también observando a nosotros en ese mismo momento. ¿Somos la fuerza o el impulso animal de otros seres que nos observan? Hay tantos cuestionamientos y estrategias para acercarse al alma, como autoras y autores antologados, y son muchos, polifacéticos y con distinta forma de entender la poesía y de entregarse al acto poético.

Como un detalle más, el libro, que es un poema en sí mismo, como objeto, está editado en España, y recupera la maravillosa tradición del “colofón” —muy viva en México— para informarnos que no tiene ánimo de lucro, y que todas las y los poetas antologados han renunciado a sus derechos patrimoniales sobre la obra para que los beneficios sean destinados a dos protectoras de animales, una en España y otra en México. Al final, Soplo de vida no solo es una antología de animales, sino que también está hecha para animales, porque los lectores irremediablemente envueltos en la musicalidad y las imágenes generadas por las palabras, sentimos el hálito, experimentamos la metamorfosis animal, escuchamos el alma, leyendo.

* * *

Gacinska, Weselina (edición y prólogo), Soplo de vida. Antología de animales, España, Ojos de sol, 2021.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_543

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