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sábado, 24 septiembre, 2022
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El pitazo

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Por: PILAR ALBA* •

La Gualdra 543 / Río de palabras

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Estaba a punto de dormir cuando el primer estruendo la hizo levantarse súbitamente de la cama. Pensó asomarse a la ventana para ver dónde se había generado el estruendo. Se arrepintió al recordar que no estaba sola, tenía que verificar que la niña estuviera a salvo. En su cama su hija no se dio cuenta de nada, dormía profundamente, cuando sonaron las otras detonaciones. Su instinto la hizo tomarla en brazos y refugiarse adentro del clóset. Esto era como en las películas, pensaba en su aturdidamente. No, no es como en las películas, se decía mientras lloraba y lloraba. La niña despertó desconcertada, mientras las ráfagas seguían afuera ni siquiera lloró; su inocencia solo le permitió el desconcierto y las ganas de volver a dormir para no enterarse de lo que pasaba. Sonaron tres detonaciones finales. Luego, empezó el profundo olor a quemado; si era dentro de la casa quedarían ahí muertas en lo más profundo del clóset. Al no oír disparos ni ruido afuera se asomó a la ventana con la niña en brazos, aventando con el pie los vidrios regados. El carro de su esposo ardía afuera de la casa. Qué le iba a decir cuando llegara cansado de la fábrica después de las horas extras. Tanto tiempo juntando para poder comprarlo y ahora se quemaba como en una hoguera. Bajó al primer piso ahí también se vivía un desastre, las cortinas, la televisión todo destrozado. ¿Por qué tanto odio, por qué tanta saña?, pensaba. Cuando salió de la casa para ver si podía resguardarse en la casa de alguno de los vecinos, nadie abrió la puerta, nadie contestó las llamadas. Con su niña en brazos esperó sentada en la banqueta a que su esposo llegara; el hombre sorprendido nada más movía de un lado a otro la cabeza, tragándose con saliva seca las palabras, un chingao se le escapó de la boca. Cuando dirigiéndose a ellas les dijo: Vámonos para adentro. Después de tres horas llegaron los militares, después de tres horas les hicieron las preguntas, después de tres horas llegaron cuerpos de rescate y paramédicos de crisis; después de tres horas salieron los vecinos ahora sí a preguntarles que qué había pasado. Después de tres horas cuando ya de la casa de enfrente unos hombres desconocidos habían huido sacando lo que tenían ahí guardado, santiguándose y dándole gracias a la Santa Muerte de que alguien por ahí hubiera dado mal el pitazo. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_543

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