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lunes, 16 mayo, 2022
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■ Se conmemoran 200 años del militar y político, originario de Valparaíso, Zacatecas

González Ortega, un referente para leer la construcción del Estado: Flores Zavala

■ No es la antítesis de Juárez, es un hombre que tiene su propia ruta; es mirar a los hombres como son y su condición humana, señala el académico

■ Es un hombre, apunta el historiador, que de la nada llegó a Ministro de Guerra y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo que lo hacía vicepresidente de México

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

José Canuto de Jesús González Ortega nació el 19 de enero de 1822, en la hacienda de San Mateo, en Valparaíso, Zacatecas. Un personaje importante para la historia de México. Pieza clave en la Guerra de Reforma al lado de Benito Juárez, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, defensor de la patria durante la invasión francesa y con aspiraciones a la presidencia de la República, sin embargo, en la ciudad de Zacatecas, sigue siendo el jinete que monta “el caballito” que corona una avenida que creció con ínfulas de modernidad. Hoy ese jinete conmemora 200 años de haber nacido.

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“Yo no lo pongo a la altura del héroe. Lo considero como un referente para mirar en términos de construcción del Estado. Es un hombre que participó en batallas. Que no destruyó el culto, que se mantuvo creyente. Es un referente para mirar, como un individuo que permite leer la construcción del Estado, no necesariamente autoritario, centralista acaparador. No es la antítesis de Juárez. Es un hombre que tiene su propia ruta […] Es mirar a los hombres como son y su condición humana”, dice el historiador y docente universitario, Marco Antonio Flores Zavala, en entrevista para La Jornada Zacatecas a propósito de la conmemoración de este personaje a quien le dedicó ya el libro Jesús González Ortega. Notas autobiográficas.

Para el investigador, el llamado héroe de Calpulalpan, es alguien que nació fuera de los grupos de poder, de las élites, no obstante, el reconocimiento que hace de él pueblo, al ser nombrado secretario de ayuntamiento del hoy pueblo de Teúl, comienza a desvelar a un hombre cuyo mérito es que era “muy hablador” para opinar sobre la política y la literatura. Se convirtió en un hombre que escribió para la ciudad de Zacatecas y Guadalajara, y lo hacía con lucidez, lo que le convino en ir forjando redes y, a decir de Flores Zavala, sin perder piso, y por el contrario, deslumbrándose de lo que va aprendiendo. Un hombre “muy socrático”.

Otro detalle, cuenta el historiador, es que escribía para la posteridad. Primero para sí mismo y luego para dejar testimonio. “Es muy preocupón de lo que hace y quiere dejar el testimonio de porque lo hace y cómo lo hizo […] Es un hombre que se ampara a la ley, pero en política siempre se le resbalaba el asunto. Hoy día es el hombre del caballito. Es el jinete del caballito. Un jinete regordete ahí, pero en su vida fue flaco”.

En Zacatecas, agrega Flores Zavala, se hace de una gubernatura porque nadie la quería. González Ortega era legislador de la diputación permanente. Pero al quedarse como gobernador, movió la capital del estado a donde iba y eso permitió que fuera ampliado el territorio que coordinaba y comenzar así la comunicación con los que apoyaban el proyecto de la Constitución de 1857, entrando de esta forma en la política nacional, estableciendo además nexos con personajes como Melchor Ocampo y Santos Degollado.

A pesar de no ser un militar de formación, su alianza con los jefes militares regionales, quienes le reconocieron habilidades, fue que González Ortega se convirtió en uno de ellos y formó, con varios recursos, un ejército más fuerte que el de los conservadores Miguel Miramón, Tomás Mejía y Félix María Zuluaga. Los ejércitos, recuerda el historiador, eran el brazo armado de los proyectos de Nación de ese periodo, pero militarmente, González Ortega ganó dos batallas y perdió muchas, tanto con los ejércitos mexicanos como franceses. “Le van colaborando un conjunto de personas que se aliaron a la defensa de la Constitución y eso le permite hacer enfrentamientos formales; distinguir lo que es la artillería, la caballería, la vanguardia, la retaguardia, la estrategia en la batalla, pero no es un hombre que está pensando en mandar”.

En diciembre de 1860, luego de ganar la batalla de Calpulalpan, entró triunfante a la Ciudad de México donde esperó 10 días a que llegara Benito Juárez, quien prometió elecciones y convirtió a González Ortega en un hombre clave de la política y la guerra. El zacatecano, cuenta Flores Zavala, señalaba que la política en la Ciudad de México era “de grandes alturas”, pues, lejos de la de su pueblo, ahora se enfrentaba a masones, conservadores, mercenarios.

“Le llueven todos los que lo quieren asesorar, todos los que lo postulan. Los periódicos lo llaman ‘el hombre del momento’, el hombre de la política nacional”. Es un hombre, apunta el historiador, que de la nada llegó a Ministro de Guerra y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo que lo hacía vicepresidente de México.

“Cuando conoció los libreros, de los que fue agente de ventas, se embelesó. Compró libros. Quería publicar en todos los periódicos, se sentía a sus anchas. Lo tronaron, luego llegó la intervención francesa, llegó a Zacatecas y se sintió cómodo en Zacatecas hasta que lo llamaron como retaguardia para la Batalla del 5 de mayo. Está en la retaguardia en San Luis Potosí. A días de distancia, con miles de hombres. En la política se la jugaron, lo hicieron llegar tarde, con días de lluvia […] En su informe dice, ‘esta guerra se perdió porque no había recursos, porque ya no me dieron”.

El monumento en su honor que existe en Zacatecas, recuerda el historiador, fue colocado primeramente en la calle de Tacuba donde se develó el 15 de mayo de 1898, donde ahora se encuentra la Fuente de los Faroles. Su cambio a la actual ubicación, el Parque Enrique Estrada, hay quienes se lo atribuyen a un grupo llamado “la sociedad de amigos”, conformado por comerciantes y dueños de casonas del Centro Histórico, a quienes les pareció un proyecto nocivo que representaba un liberalismo radical.

Por tanto, con la llegada del gobernador Leobardo Reynoso, en 1957 el monumento se trasladó a donde descansa hoy, pues, de acuerdo a la idea del mandatario estatal de aquel período, ese era el lugar que simbolizaría la modernidad que llegaba al estado, aunado a las construcciones aledañas de ese lugar. Desde ese momento, la estatua del General Jesús González Ortega y la avenida que lleva su nombre también, se convirtieron en un referente del desarrollo del pueblo. Era la entrada a la modernidad, concluye Flores Zavala.

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