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martes, 5 diciembre, 2023
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La criminalidad neoliberal en la lucha por la transformación mexicana

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

He manifestado, en varias ocasiones, mi discrepancia con el presidente Andrés Manuel López Obrador de que la corrupción no es el problema principal de México, sino el patrón de crecimiento económico neoliberal del que la corrupción es; junto con otras expresiones socioeconómicas, sociopolíticas y socioideológicas, una herramienta y método para la concentración y acumulación capitalista.

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Igual, he sostenido (en casi 50 artículos publicados aquí mismo) que el patrón de crecimiento económico neoliberal (pensado en el exterior para resolver sus problemas) se trasplanta en los países subdesarrollados estructurando nuevas relaciones sociales de las que brota un “gen” que es; al mismo tiempo, económico, político e ideológico que da motricidad a las actividades ilícitas, respondiendo a la insaciable sed de concentrar riqueza, sin importar leyes, principios, valores, religión, ética o compasión humana. A ese proceso lo he denominado “el genoma criminal del neoliberalismo”.

A partir de este concepto, he podido encontrar, y explicar, la “hermandad genética” entre lo que conocemos como crimen organizado (evidenciado con el derramamiento de sangre, principalmente entre la juventud proletaria) y el crimen de cuello blanco (detectable en la oleada de corrupción, principalmente entre la clase política y la oligarquía burguesa).

Una revisión retrospectiva de mis artículos permite fundamentar (incluso con cifras y datos) que el grosor del crimen organizado, como el de cuello blanco, responde a la presencia, en las naciones desarrolladas, de una economía basada en diversas actividades ilícitas que se expresa con la existencia de una gran industria de armas, vehículos y  drogas de todo tipo (incluyendo las farmacéuticas que se usan para curar enfermos); a su vez, crea un mercado negro para la venta ilegal de esa producción, a la que se añade la trata de blancas, el contrabando de órganos, la migración y de mercancías tecnológicas. 

Queda claro: al patrón de crecimiento económico neoliberal no le es suficiente aplicar medidas neocolonialistas, saqueadoras de las riquezas de las naciones subdesarrolladas, también promueve la modificación de leyes e instituciones encargadas de aplicarlas. Y para eso financia, soborna y corrompe a la parte de la clase política que le es proclive y afín. La lógica de ese modelo económico conlleva a promover la criminalidad de cuello blanco para garantizar que no se detenga y; al contrario, se acreciente el proceso de transferencia de riqueza del subdesarrollo al desarrollo, al tiempo que promueve la protección del crimen organizado, usando una amplia red criminal que infiltra a los 3 niveles de gobierno, a los 3 poderes, a los poderes fácticos y sin dejar de moverse en el seno de toda la sociedad.

Bajo esas premisas, se comprenderá la magnitud de lo que se juega en el proceso de la sucesión presidencial en México. También se podrá pronosticar la tormenta virulenta con la que, durante el proceso electoral, responderá la criminalidad organizada transnacional y de cuello blanco en su esfuerzo por retomar el volante del rumbo nacional. Esos son los llamados retrogradas, los conservas, la derecha entreguista y corrupta

Y usará, como botargas, títeres o marionetas a la clase política más conservadora, enajenada, antinacionalista o avorazada de recibir migajas, como sucede con los traficantes de influencias y los llamados “gestores”. Que se digan de derecha o izquierda en nada cambia las cosas. Los mexicanos que tenemos conciencia de eso deberemos responder al llamado de nuestro Himno Nacional en el sentido de que “… Mas si osare un extraño enemigo, Profanar con su planta tu suelo, Piensa ¡oh Patria querida! que el cielo Un soldado en cada hijo te dio, Un soldado en cada hijo te dio…” 

Es importante advertir que el proceso de transformación humanística nacional sigue siendo un proceso en curso. Con la dirigencia de Andrés Manuel López Obrador se han obtenido logros relevantes, pero la profundización de ese proceso, identificado como la 4T, debe cerrarle el paso al crimen organizado transnacional y de cuello blanco, desde luego, también a sus réplicas nacionales.

El renacimiento mexicano no puede conquistarse cuando se permite el proceso de transferencia de riqueza nacional al extranjero, eso es neocolonialismo. Diferente si se intercambia riqueza por riqueza. Pero México también debe negarse a ser objeto de colonialismo criminal. La construcción de un México diferente es tarea de todos los días y de todos los mexicanos con conciencia social.

Para que esa conciencia crezca, es importante combatir la desinformación, el ocultamiento, la manipulación, la tergiversación, el descontexto, la mentira, la difamación. Todo eso, y mucho más, forman parte de las herramientas neocolonizadoras, injusticia y pérdida de la identidad nacional, son males que forman parte de lo que podríamos llamar “criminalidad ideológica”. Condiciones subjetivas necesaria para el florecimiento del crimen organizado y de cuello blanco. No todo son armas, patrullas y soldados, es también economía, sociedad, familia, política, gobierno, etc.

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