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domingo, 25 septiembre, 2022
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Pesadilla económica, ¿qué recortar?

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

En este enero las noticias dan cuentas de dos cosas: las largas filas en casas de empeño en estos días, y la segunda y causa de la primera: los crecientes problemas de las finanzas públicas del país.

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La segunda tiene varias razones, la más grave de ellas, la caída en el precio del petróleo, producto del que México obtiene casi 40% del presupuesto nacional, lo que significa que el gobierno tiene menos dinero.

Se calcula que por cada dólar que cae el precio del barril de petróleo, Gobierno Federal deja de recibir 300 millones de dólares. Se toman medidas para paliar esto, como la adquisición de un seguro, que sin embargo, según los analistas será obsoleto si, como todo apunta, la situación actual se prolonga.

Sumado a ello, resulta que después de vivir décadas como país exportador de petróleo, de venderle naranjas a Estados Unidos, aunque posteriormente le comprábamos jugo de naranja, es decir el petróleo ya refinado, ahora estamos peor, pues ya oficialmente nos convertimos en importadores de petróleo del país del norte.

Dicen que el precio del petróleo, independientemente si es alto o bajo, siempre es mala noticia. Así es para México la mayoría de las veces, no así para los consumidores de Estados Unidos, y para los de la frontera norte de nuestro país, que por ejemplo, hoy tienen precios de gasolina baratísimos, casi de la mitad de lo que pagamos los mexicanos por la misma cantidad, a pesar de que ellos, los norteamericanos, tienen un sueldo prácticamente diez veces mayor al nuestro.

Entre los damnificados de la caída del oro negro, probablemente estará Zacatecas, pues no contaremos con los excedentes petroleros que prácticamente doblaban el presupuesto estatal. En otros tiempos pudiera consolarnos la idea de que sólo se tratara de un mal año, pero así pinta el futuro a largo plazo para nuestra entidad, luego de la Reforma Energética, tal como lo advirtió hace aproximadamente un año el Dr. Rodolfo García Zamora, de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Para los que saben, de cualquier bando, el boquete en las finanzas públicas que hoy se calcula en casi 200 mil millones de pesos era previsible. Por ello fue necesaria una reforma fiscal que dejó descontento a todos, sabedores que en gran medida nuestros impuestos no significarán una mejora de los servicios públicos, o siquiera de los salarios de la burocracia, sino muy probablemente contribuyan al enriquecimiento de muchos de los grandes personajes de la política, y de los titiriteros que patrocinan sus campañas.

A toda esta tormenta, se suma la caída en el precio de los metales, que, por lo pronto ya obligó al cierre a la minera Aranzazu, lo que significa la pérdida de aproximadamente 400 empleos directos, más otros centenares de indirectos, y que se quedarán sin trabajo cuando menos ocho empresas contratistas de las mineras (La Jornada Zacatecas, 17 de enero de 2015).

Llegó la época de vacas flacas, y con ello, la amenaza de dar tijeretazos a los presupuestos institucionales, los programas, etcétera. Así, en Zacatecas ya nos avisaron que el Festival Cultural que se realiza cada Semana Santa tendrá 6 millones menos de presupuesto.

O bien apuestan a la desmemoria y la desinformación, o la situación es de tal gravedad, que a pesar de ser año electoral los distintos niveles de gobierno están tomando medidas por demás impopulares, por ejemplo: se retirará otro 30% del subsidio del Impuesto Sobre la Renta con el que hasta hace un tiempo protegían a la burocracia, se instalarían parquímetros en el centro de la ciudad, y finalmente, la fracción priísta del Congreso del estado se apresta a aprobar la reforma al Issstezac con la que aumentarán las aportaciones de los trabajadores y su edad de jubilación, sin importarles siquiera la percepción social generalizada de que dicha institución es una caja chica del gobierno.

Sin embargo en ese triste panorama hay dinero suficiente para la compra y  obsequio de cerca de 14 millones de televisiones digitales, por el apagón analógico (aunque bien se pudieron comprar sólo cajas convertidoras). También hay dinero suficiente para comprar el avión más caro del mundo, con un valor del doble de lo que cuesta el de Obama, que por cierto, no ha podido estrenar debido al rechazo social que despierta. Y hay también dinero suficiente para hacer un hangar presidencial que merezca a ese avión, (y donde quepa) que nos costará cerca de mil millones de pesos, y que hasta donde sabemos, hará el constructor favorito del sexenio, grupo HIGA.

El colmo es que hay también dinero suficiente para gastos de publicidad gubernamental, en 2014 fueron 5 mil 849 millones de pesos. Vamos a ver cuántos gastan ahora para convencernos que el cambio está en uno, que no estamos tan mal, y que hay que seguir por el mismo camino. ■

 

@luciamedinas

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