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lunes, 15 julio, 2024
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Los premios en circuitos y festivales de cine son “muy subjetivos”, considera Javier Garza

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Por: ALMA RÍOS •

■ El director de Flores para el soldado cree que si hace películas debe contar algo que importe

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■ Su filme narra la búsqueda de la identidad de un joven militar norteamericano

Javier Garza Yáñez, ganador con su ópera prima Flores para el soldado del Ariel al mejor largometraje documental en 2010, estuvo de visita en Zacatecas para exhibir este filme en el contexto del noveno aniversario de la Universidad Interamericana para el Desarrollo (Unid) el pasado 9 de agosto.

“Me agarró muy chavo”, declara Javier, acerca de la experiencia que, vivida a sus 23 años, le trajó la obtención de una serie de premios que tuvieron como eslabón final el Ariel, máximo galardón que puede alcanzar en México una película.

Visto hacia atrás, lo vivido enseña entre otras cosas, que los premios otorgados a las películas en los circuitos y festivales de cine son algo “muy subjetivo” que expresa sólo la opinión de los jueces que las eligieron, pero también, que hay que aprovechar las oportunidades que ofrecen los triunfos.

Hoy con 30 años de edad, el publicista egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Universidad Autónoma de Nuevo León espera, por lo pronto, que termine el plazo contratado con el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) para que puedan liberarse los derechos de distribución de esta cinta, y se declara listo para darle continuidad a lo que califica como su pasión y razón de ser y estar en la vida: “hacer películas”.

“Este año se cumplen cinco de su estreno, la producción de la película se logró gracias a los impuestos de todos los mexicanos entonces yo creo que es justo sacarla libremente en Internet para que se pueda ver y es el plan que sigue”, comenta convencido.

Flores para el soldado no se exhibió en las salas comerciales del país aunque al momento de ganar el Ariel hubo ofrecimientos para ello. Se pensaba incluso en su distribución en DVD, asuntos de los que tendría que haberse encargado el Imcine y que un joven Garza Yáñez, radicado en Monterrey, no tuvo oportunidad de verificar que se hiciera. Son parte de las experiencias que hoy se evalúan.

La película narra la búsqueda de la identidad del también muy joven soldado norteamericano Edmond William Quear, combatiente en la Segunda Guerra Mundial, y las razones por las que su aventurada vida termina a la edad de 22 años en la ciudad de Monterrey en 1946.

También es la historia de cómo una familia del norte de México decide incluir los restos de un extranjero desconocido en sus rituales mortuorios como un miembro más de los suyos. Es pues la historia de la familia de Javier Garza Yáñez y de una curiosidad alimentada desde la infancia en éste último.

“En la década de los 50 mis abuelos maternos compraron un terreno, una lápida en el Panteón del Roble en Monterrey para enterrar a los bisabuelos”. Al lado se encontraba la tumba abandonada desde hacía casi 10 años de Quear con un epitafio: “Dio la vida por su patria”.

La abuela de Garza Yáñez comenzó a dejarle flores al joven soldado, hecho que se convirtió en una tradición familiar de la que desde pequeño fue partícipe Javier.

En el empeño de saciar su curiosidad un golpe de suerte le ofreció información sobre Quear mediante una búsqueda en Internet en 1998: un árbol genealógico y datos sobre los ascendentes y descendientes indirectos del militar, sus sobrinos. Otro golpe de suerte le haría dar con el teléfono de uno de ellos.

Tras cursar su primer taller formal de cine en 2004 con Leticia Vargas, fue perfilándose la idea y condiciones para filmar Flores para el soldado, que de ser un proyecto entre amigos previsto como un cortometraje de 10 minutos se transformó en una cinta de 82 minutos de duración a raíz de haber ganado el primer Concurso de Largometraje Documental Promocine 2006, cuyo premio consistió en un millón de pesos para el rodaje.

De suerte en suerte, sustentada en una buena historia y el talento de un grupo de jóvenes que se vio apoyado por la edición de sonido de Samuel Larson y otros profesionales que se involucraron seducidos por el proyecto, el mismo consiguió ganar el Cabrito de Plata en la cuarta emisión del Festival de Cine de Monterrey, y otro premio en Houston, para finalmente obtener el Ariel en 2010, a dos años de haberse estrenado.

En los circuitos de cine no hubo tanta fortuna e incluso la película fue rechazada para participar en algún momento de esta serie de intentos de promoverse en el Festival de Cine de Morelia.

“Me agarró muy chavo”, fue la expresión de Garza Yáñez al hablar de la suerte de Flores para el soldado, “tenía 23 años y cuando la terminé 25, hacer una película a esa edad ahora es mucho más común”, comenta, “entonces para mí fue una gran hazaña. Cuando terminamos de hacerla me pasó que me sentí el rey del mundo”, afirma y ríe de su propia expresión.

Entonces habría hecho este recuento: “ya gané el Cabrito de Plata, ya gané el Ariel…va a llover trabajo solo”. Pero no fue así agrega, “pues pasó mucho tiempo y yo no lo aproveché. Sí es correcto decir que no aproveché esa oportunidad, me regresé a Monterrey y por falta de experiencia no llego a más”.

Trae a colación entonces la expresión de “me quedé dormido en mis laureles”, para dar una explicación de lo que sucedió. “Pensé ¿cómo le voy a hacer para hacer una película mejor que esta y pasan los años y veo la película y dijo ¡ay, ¿cómo le hice para regarla tanto? porque uno siempre es muy crítico con su trabajo”.

Después de un periodo de inactividad hoy se siente listo para darle continuidad a su trabajo como cineasta mediante dos proyectos que no quiso revelar pero en los que espera volver a la ficción, pues su primera experiencia fílmica se registró en este género. El documental, apunta se le cruzó en el camino y espera volver a él.

La experiencia ya le dijo que “lo más importante es encontrar de qué hablar. Saber encontrar tu diálogo interno (…) hasta hace un año o dos me entró el click de que si quiero hacer películas tengo que contar algo que me importe, que le importe a mi país, algo que le importe a la gente que lo va a ver”.

Así, sólo adelanta que en el cortometraje que viene, recuperará “algo” de lo que hoy sucede en este mundo y México cambiantes, en el que estamos cada vez más conectados con los beneficios y problemas que esto conlleva.

El Ariel le ha abierto puertas laborales pero no oportunidades para realizar nuevas películas de autor. Y Flores para el soldado será siempre “un proyecto del que voy a estar enamorado”. Es una historia sobre la familia y la guerra. “Una historia que vale la pena contarse y vale la pena que la vea el mundo”, dice.

“Siempre que me invitan a un lugar así, como ustedes a Zacatecas a presentarla aquí, pues me da ánimo para seguir haciéndolo, y hacer otra película y todas las que pueda”, comenta con una sonrisa.

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