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Atarse bien al mástil

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Por: FILIBERTO FRAUSTO OROZCO •

Desde hace aproximadamente 2,800 años Homero, el poeta griego, advirtió en uno de sus cantos en su famoso texto de La Odisea y la Ilíada los riesgos de sucumbir ante las tentaciones. Con una bella pieza literaria que ha superado la prueba del tiempo señala que cuando Odiseo regresaba a través del Mar Mediterráneo de la Guerra de Troya escuchó el canto seductor de las sirenas, míticos seres que con su melodiosa voz trataban de arrastrar al héroe y a sus marineros hacia ellas y así atraparlos y desaparecerlos. Gracias a las advertencias de la maga Circe, Odiseo ordenó a sus colaboradores taparse los oídos con cera y que a él lo ataran al mástil de su embarcación. De esta manera se salvaron de ser devorados, de caer en el abismo de la nada.  

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Me apoyaré en esta metáfora para señalar cómo en la clase política, incluso entre quienes enarbolan proyectos populares o de reivindicaciones de la clase trabajadora, cuando tienen una representación, son seducidos por el poder, el dinero, la vanidad, la fama, etc. echando por la borda la confianza que en ellos se deposita y dando al traste con las causas que dijeron enarbolar. Es decir, se dejan marear por lo material, lo efímero y lo mundano, mientras que dejan a un lado lo sublime y lo trascendente. 

Si alguien honestamente se propone participar en un proyecto para cambiar la realidad injusta que afecta a un sector social, debe hacer lo que Odiseo, taparse los oídos ante las seducciones, preservarse en la humildad y atarse con mucha firmeza a principios éticos. Ningún interés personal debe estar por encima de las causas colectivas. Sin embargo, la cultura neoliberal que nos han imbuido nos ha hecho creer que las personas valen por lo que poseen, así que quien, bajo esa línea de pensamiento, tiene oportunidad, muy fácilmente cae en la corrupción. Desafortunadamente constituyen el grupo mayoritario de las personas que se desempeñan en cargos públicos. Es momento de instaurar un nuevo ideario. Sostengo que de la participación en la generación de transformaciones sociales se extraen muchas satisfacciones, no todo es acumulación de riqueza, tampoco nos debe deslumbrar la fama, ni caer en el falso protagonismo. 

Aunque representan una minoría, hay muchas mujeres y hombres que en en el pasado y en el presente han sabido mantenerse estoicos ante las tentaciones que les ofrecen las sirenas y la historia ha recogido la trayectoria de algunos de ellos. Para citar algunos ejemplos, tenemos a Mahatma Gandhi, quien con tácticas pacificas liberó a la India del yugo Inglés; A Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica que supo liberar a su pueblo del apartheid, que es un un sistema de segregación racial; a Martín Luther King que luchó en el mismo corazón del imperio estadounidense contra el racismo infligido a las y los afroamericanos; a Salvador Allende que desarrolló con relativo éxito, pese a tantas adversidades, un sistema socialista que benefició a la clase trabajadora en Chile, estando él como presidente. En México tenemos dos casos emblemáticos, dignos de mencionarse por su aporte a la justicia social, se trata de los dos presidentes más destacados: Benito Juárez García que vivió en la justa medianía aun con el poder que ostentaba, logró la separación entre la Iglesia-Estado y se mantuvo estoico ante los intentos colonizadores de Francia, conservando con ello la soberanía nacional; y Lázaro Cárdenas del Río que se empeñó en repartir las tierras entre los campesinos, tal como lo establecía el artículo 27 de nuestra Constitución de 1917, además de llevar a cabo la Expropiación Petrolera. 

Como sociedad hay que hacer que esos casos excepcionales se conviertan en regla. Pero, ¿Cómo hacerlo? Algunas recomendaciones básicas son: siendo cuidadosos al momento de las elecciones, tomarnos el tiempo necesario para revisar sus trayectorias. Respaldando decididamente a quienes se atrevan a abrazar las causas colectivas, acompañando sus luchas encaminadas al bien común, reconociendo su esfuerzo. De lo contrario, prevalecerá el statu quo con funcionarios públicos que son fácilmente corrompibles, que, a cambio de unas monedas, como autoridad, permiten que unos pocos opriman a las mayorías. Ellos tendrán su espacio en el basurero de la historia, pero no habrá ningún cambio y la justicia social quedará relegada para otros tiempos. 

Por nuestra parte, quienes tenemos una responsabilidad de representación en la Sección XXXIV SNTE-CNTE, refrendamos el compromiso de mantenernos bien atados al mástil de la embarcación en la que viajamos todas y todos los agremiados cada vez que escuchemos el canto de las sirenas, seguiremos con nuestro caminar recto, anteponiendo siempre el bien colectivo a cualquier interés personal y aportando modestamente a una evolución en el estado actual de cosas que se traduzca en el buen vivir de nuestros representados. 

*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE

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