■ Perdimos la capacidad de indignación contra modelos políticos, económicos y académicos, dice
Cuando tienes la intención de abrir los ojos nuevamente, aparecen los desnarcotizadores. Sales a cazar, a buscarlos. Ahí está la luna y de pronto ésta, si la ves con nuevos ojos, se convierte en un hecho maravilloso que te recuerda que estar vivo es una situación inusitada, insólita. Recuperas el pasmo, esa pausa ante la existencia que no puedes obtener si no estás al pendiente, advierte el poeta Javier Acosta.
El docente de la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas, ubica a la poesía como un desnarcotizador de entre muy pocos que existen, los otros, puede encontrarse “en el juego y bajo las sábanas”.
“¿Dónde se encuentra el desnarcotizador social?”, se pregunta. Uno que es más difícil de encontrar. “Quizás en la conciencia crítica y en la reflexión libre”, arriesga como en una apuesta.
El triunfo del narco en México lo es también de la narcosis, ubica. Una que aturde para no ver “el escándalo de la vida que llevamos”.
Narcotizados por la mariguana, la cocaína, la heroína y socialmente, hemos perdido la capacidad de indignación contra los modelos políticos, económicos, académicos y educativos.
Javier Acosta Escareño, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2010, está por publicar su Manual del extravío, un volumen temático que mediante 80 poemas dedica “a la luna en general y a la locura que produce en nosotros”.
El poemario se presentará, si todo marcha en consonancia entre el Instituto Zacatecano de Cultura y la editorial Mantis, sus coeditores, durante la celebración del Festival Cultural Zacatecas 2014.
El reto asumido para escribir sobre este tema recurrente en el género, al que sin embargo, aportará su “pequeña, humilde contribución”, implica justo, “desglosarlo pasionalmente sin caer en lugares comunes pero respetando la tradición que hay en la poesía” acerca de este motivo que ha provocado “grandes poemas”.
Cualquier poeta “tarde que temprano” escribirá sobre la luna. Para los japoneses éste es uno de los tres elementos más importante: la luna, la nieve, los ciruelos. “Aparecen en todos los poemas como símbolos de la belleza. Entonces yo tomo de todas las tradiciones orientales y occidentales inspiración para este libro”.
Manual del extravío fue escrito en seis meses y revisado durante cuatro años. Hay en la poesía el relámpago de la inspiración, un impulso, una pasión que es un poco irracional pero “el trabajo del escritor, se lo digo a mis alumnos, es de corregir”.
Este también es un trabajo de pasión y no sólo intelectual, en el que se eliminan unos poemas y se incorporan otros, hasta construir la “arquitectura de un libro”.
También pronto, sus Poemas al oído del perro tendrán una reedición. Aparecidos por primera vez en cartonera La Cecilia, Javier Acosta ingresará en esta segunda versión otros materiales dedicados “a su perro” y a quienes como él aman a los cánidos.
Los perros como la luna son temas propicios para ser tratados por la poesía, refiere el autor, pues se mantiene con ellos una serie de intercambios simbólicos que no sólo se dan al nivel del lenguaje.
La obra de Javier Acosta busca deshacerse de una tradición seguida por los poetas mexicanos que en los últimos 50 años, quienes como una “enfermedad” han escrito para otros poetas o cuyas obras sólo entienden los críticos, comenta.
La suya es una poesía que utiliza lo cotidiano para penetrar en lo trascendente. Su grupo de pertenencia en este sentido lo encuentra en el rescate de los valores de la sensibilidad que hace Jaime Sabines; la escritura oriental, fundamentalmente la japonesa, y en la poesía norteamericana que ejemplifica con el trabajo de Charles Simic, al que sitúa como el Pablo Neruda “gringo”; así como a los poetas españoles llamados “de la experiencia”.
Trae a colación su coincidencia concreta con el Senryu, estilo contemporáneo del Haikú japonés. Se puede escribir un poema con estas características sobre la luna, las ranas, los ciruelos.
También “puedes escribir ahora sobre el BlackBerry, sobre la computadora, el Internet y los preservativos, cosas así. Y aprendes a ver en los objetos más cotidianos la poesía, ese es el reto para el poeta contemporáneo, desde mi punto de vista”.
En Manual del extravío y Poemas al oído del perro “yo puse todo lo que pude de mi existencia pasional e intelectual y espero que sean buenas noticias para mis lectores”.



